Publicada el 3 de febrero de 2017

En diciembre de 2015 se firmó el Acuerdo de París, cuyo principal objetivo es limitar el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados (aunque el reto más ambicioso está en situarlo en los 1,5 grados). Para ello se hace necesario que las emisiones mundiales toquen techo lo más pronto posible para empezar a bajar y lograr neutralidad climática en la segunda mitad del siglo XXI.

Así, a partir de 2050 todos los países deberían lograr un equilibrio para que las emisiones globales fueran equiparables a la capacidad natural de absorción de la Tierra a través de ecosistemas saludables o mediante otros medios gestionados por el ser humano.

Por qué es tan importante eliminar el carbón

Los usos energéticos del carbón, tanto en generación eléctrica como en la industria, pueden sustituirse hoy día de forma eficiente por energías renovables y gas natural. En palabras de la Agencia Internacional de la Energía en su informe Energy Technology Perspectives, 2016: “Con las políticas apropiadas, esta transformación a gran escala es realista y podría reducir de forma drástica tanto la intensidad energética como la intensidad en carbono de la economía global”. No se precisa ninguna ruptura tecnológica para llevar a cabo ese cambio. Con voluntad política y coordinación internacional el phase out del carbón podría llevarse a cabo de forma generalizada en el horizonte 2030.

Emisiones de carbon

Nadie dijo que fuera fácil

Sin embargo, la dependencia de los combustibles para generar energía está muy arraigada en muchas industrias, lo que hace que su erradicación no sea todo lo sencilla que sería deseable.

Por ejemplo, se calcula que estos fósiles siguen por encima del 40% en lo que a suministro de energía primaria se refiere, especialmente en la industria, el transporte y la generación de electricidad.

Cada vez se apuesta más por la energía renovable, pero el poder utilizarla en todas estas industrias dependen mucho de los procesos y del producto final del que hablemos.

Uno de los terrenos donde hay puestas más esperanzas es en el terreno de los vehículos autónomos. No hay una fecha en la que todos coincidan en que estos coches sean la norma general: algunos creen que todos los coches serán autónomos en 2030 mientras que para otros esta transición llevará más de treinta años.

En cualquier caso, parece inevitable que el despliegue generalizado de vehículos autónomos sea en el siglo XXI. Algunos temen que los automóviles autónomos produzcan un mundo más intensivo en carbono debido a que las personas (o, más exactamente, sus automóviles) conducirán más y utilizarán menos el transporte público.

Emisiones de carbón de un coche

Pero sus ventajas también son evidentes. La constante aceleración y frenado en la que incurren muchos conductores hace que se reduzca enormemente la eficiencia del combustible. Incluso los conductores más eficientes no son tan buenos como un ordenador, ya que los coches autónomos pueden conducir de forma consistente mucho más eficiente que lo que la gente puede. Estos beneficios se intensifican si los vehículos son capaces de comunicarse entre sí (V2V) y la infraestructura circundante (V2I).

No solo en las carreteras veremos vehículos autónomos

Pero los automóviles no son los únicos vehículos que están preparados para aplicarse en ellos la automatización. Los autobuses, trenes y camiones también están listos para que puedan ser manejados sin conductor, al igual que las flotas de construcción, cuya automatización podría proporcionar los mismos beneficios para la industria que los automóviles de conducción automática prometen ofrecer a los consumidores.

Es sólo cuestión de tiempo que los tractores, las excavadoras, las grúas, los camiones de carga y otros vehículos estén automatizados de manera similar.

Los equipos autónomos completos -es decir, sin un operador detrás- han trabajado duro en grandes minas en todo el mundo, especialmente en forma de camiones y cargadores de carga. Por ejemplo, los camiones pueden ser preprogramados para moverse entre distancias específicas a velocidades específicas. Los cargadores y excavadoras pueden realizar tareas de trabajo precisas tales como clasificación o movimiento del material con menos ciclos y menos tiempo.

Debido también a que las minas y la construcción son intrínsecamente peligrosas, los vehículos autónomos eliminan la necesidad de que el operador esté en la cabina, lo que mejora enormemente la seguridad en el lugar de trabajo.

Emisiones de carbón

Ya hay varias empresas que están apostando por ello. Por ejemplo, Rio Tinto está a la vanguardia a la hora de utilizar la tecnología para mejorar la eficiencia en sus trabajos mineros. Fue la primera compañía en equipar a su flota con sensores de diagnóstico, que permiten controlar el desempeño de sus activos. Además, la compañía sacó provecho de los datos que recopilaban estos sensores, buscando oportunidades para hacer las cosas mejor, más rápido, más inteligente y más seguro, empleando para ello equipos automatizados.

Así, Rio Tinto cuenta actualmente con 69 camiones de basura autónomos fabricados por Komatsu, que operan en las minas de Pilbara (Australia). Cada uno de estos camiones utiliza el GPS para mover el mineral sin que sea necesario un conductor. También está desarrollando y probando un sistema autónomo de ferrocarriles de larga distancia y ha desplegado un sistema automatizado de perforación de pozos que permite a un solo operador controlar remotamente varias plataformas de perforación.

Pueden parecer pequeños pasos, pero cada uno de ellos tiene una importancia vital para reducir la dependencia actual del carbón y sustituir esta fuente de energía por otras más limpias que nos permitan cumplir con el Acuerdo de París y lograr un mundo más sostenible.

Escrito por Laura Saralegui Gómez el 3 de febrero de 2017 con las etiquetas: emisiones de carbón energía futuro Industria responsabilidad Robot Robótica sostenibilidad

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