Publicada el 22 de Septiembre de 2015

A muchos les resulta sorprendente esta afirmación: la eficiencia energética es innovación tecnológica. Sin embargo, estar en el mercado exige las mejores condiciones para competir y eso depende de la combinación de tres políticas: el conocimiento de la tecnología, la eficiencia en el uso de los recursos y la innovación en todos los procesos de producción. La eficiencia energética es factor de competitividad porque reúne todas estas características que han de asociarse a una estrategia de reindustrialización basada en productos más competitivos, por sus menores costes energéticos, con una demanda creciente en el mercado.

La innovación tecnológica es el valor añadido que convierte la eficiencia energética en factor de competitividad. Así se incluye entre los indicadores de Eurostat y hace del uso de la energía un elemento clave en el cambio de modelo productivo y de modelo energético a través de las tecnologías de ahorro energético.

La eficiencia energética como factor de competitividad tiene como fin realizar la transición de un modelo basado en el mayor consumo y dependencia de recursos, que hay que comprar en el exterior, a otro cuya prioridad sea reducir a la vez la energía necesaria para producir bienes y servicios y las emisiones contaminantes a la atmósfera.

Así las cosas, existen numerosas razones para invertir en eficiencia energética y microgeneración que constituyen otras tantas oportunidades y conforman un mercado de servicios energéticos. La principal es la aceptación social y empresarial de las renovables y la eficiencia energética, según la cual un 80% de los consumidores es favorable a las energías renovables y un 83% de los empresarios españoles identifica la reducción de costes a través de la eficiencia energética y la gestión de residuos como las dos principales iniciativas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que desarrollan sus empresas ( Informe de Grant Thornton sobre RSC). Un nuevo perfil de consumidor está emergiendo más exigente con los costes energéticos y la necesidad de gestionar su propia demanda energética.

Por otra parte, de los datos de las certificaciones energéticas registradas se comprueba que el 95% del parque de edificios existentes no cumple con las exigencias básicas de ahorro de energía y que 9,3 millones de edificios necesitan actuaciones de rehabilitación energética. El potencial de ahorro de energía entre la máxima calificación energética “A” y la mínima “G” es del 80%, suponiendo cerca de 9.000 M€ de ahorro cada año.

Tampoco podemos olvidar que España mantiene una alta dependencia energética, 20 puntos superior a la media europea, y el consumo primario de petróleo supera en 10 puntos al de la UE. La dependencia del gas de Argelia ha alcanzado en 2014 el 56%. España tiene su mayor reto energético en la reducción de su dependencia de los hidrocarburos.

Las buenas noticias parten de los Fondos Estructurales de la Unión Europea, pues para el periodo 2014-2020 el acuerdo de España con la UE compromete fondos por 36.450 M€. Una de sus prioridades es la reducción del consumo de energía en edificios y empresas y reducir un 20% el consumo de energía primaria. El 22% de la dotación total ha de dedicarse a los objetivos de lucha contra el cambio climático. El 5% de los 19.408 millones del FEDER se invertirá en acciones de desarrollo urbano sostenible integrado. Los programas destinados a economía baja en carbono, adaptación al cambio climático y eficiencia de los recursos ascienden a 10.400 millones aplicables a inversiones en eficiencia energética en edificios y transporte. Los fondos europeos se destinarán a apoyar la financiación de proyectos más que a subvenciones directas y se van a priorizar los proyectos integrales de eficiencia energética, que son aquellos que abordan varios objetivos incluidos en una misma estrategia urbana sostenible.

Hay mercado de eficiencia energética. Ahora es preciso crear demanda de proyectos de eficiencia energética y productos financieros específicos a través de la colaboración público-privada para la utilización de los fondos europeos y desarrollar la gestión energética en el urbanismo y en la industria.

 

Escrito por Javier García Breva el 22 de Septiembre de 2015 con las etiquetas: ecoeficiencia eficiencia energética innovación Innovación tecnológica responsabilidad social corporativa RSC

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