Publicada el 16 de Junio de 2016

La primera edición de los premios REsilience fue sin duda todo un gran éxito. Y lo fue no sólo porque el nivel de las ideas aportadas resultara rompedor, no sólo porque el Departamento de Innovación de Ferrovial nos acompañara generosa y sabiamente a lo largo del proceso, ejemplificándolo desde su conciencia Zuritanken, ni porque los participantes se motivaran por los premios, no fue solo por eso, ocurrió más bien porque se dibujó un mapa abierto desconocido hasta la fecha que nos trajo la voluntad de crecer como ser múltiple, dejando atrás la inercia acostumbrada. Efectivamente, se dejó atrás aquella «intencionalidad cero» de la que hablaba Jean Duvignaud para así estrenar «fulgurantes revelaciones» que se adentraran por ósmosis en posiciones divergentes de uno u otro signo de la periferia. El concurso REsilience resultó ser una gran oportunidad, una experiencia fuerte de alteridad hacia la innovación en la que participaron todos los usuarios de un espacio físico común, todos los que conviven diariamente desde lo docente a lo discente, desde lo cotidiano a lo excepcional, desde lo racional a lo emocional, compartiendo el lugar que les ofrece la Escuela Politécnica Superior de la Universidad CEU San Pablo, comprometidos por mejorar, estableciendo para ello conexiones a menudo contradictorias y casi siempre inesperadas. Más de 1000 personas de distintas formaciones, edades e inquietudes, maneras diversas de gestionar su tiempo, exigencias dispares de acomodarse a las dificultades, todas ellas convocadas a un encuentro compartido crowdsourcing en el territorio fronterizo de la innovación.

Y es que algo nuevo ocurre cuando el hábito de las cosas, esas pequeñas odiseas cotidianas que dan forma a lo ordinario, se enfrentan con la miseria de lo previsible, lo frecuente y lo acostumbrado a la necesidad de formular lo inesperado, lo insólito y lo irrepetible. Desde la innovación emprendemos este rápido viaje para preguntarnos sobre la necesidad del azar y el azar de lo necesario con el fin de dignificar tantas cosas insatisfechas que existen sin nombre en tres formas posibles de vida, seleccionadas entre otras muchas maneras posibles de estar vivo y de pasar desapercibido. En un orden eventual se describen a continuación tres formas de incidir ante los entornos preexistentes con la intención de dirigir una mirada activa, tres formas insertas en ciclos inconclusos que cuestionan la permanencia temporal de lo tangible y justifican un concurso como REsilience. 

Las tres formas de vida

La vida previsible…

En la obra de Robert Penn Warren, Todos los hombres del rey (1946),  Willie Stark, Gobernador del Estado de Lousiana, justificando su comportamiento se dirige a su colaborador Jack Burden para expresarle:

“ … Y eso es un arreglo que se da en el orden natural de las cosas”.

Lo ordinario es la sucesión prevista de ideas y hechos en el acontecer normal de las cosas. Su posesión es un bien práctico, es un medio para satisfacer otras necesidades vitales y recibir lo extraordinario como premio a distinguir la banalidad, las realidades duplicadas, las coincidencias paralelas, las circunstancias simultaneas, los estados de existencia múltiples. La normalidad estadística de las cosas arropa sin saberlo a la persona en su afán de identidad con el devenir de la historia.

Ante ello hay que reaccionar y así “la vida previsible” ha de reconocerse para la innovación impulsando el Pensamiento Crítico.

La vida frecuente…

El reverendo naturalista y divulgador J.G.Wood, escribió en 1875 el libro: Hogares sin manos. Una descripción de las habitaciones de los animales según sus principios constructivos, la clasificación no se realiza según el modo de vida de sus habitantes sino de sus técnicas constructivas. Defenderse de la hostilidad a partir de las leyes de la adaptación. La domesticación de los símbolos alcanzando la sabiduría elemental, el retorno al estado preconsciente de la edificación. La geometría es el lenguaje de la mente. Un difícil equilibrio entre la morada y el instinto nómada, entre el museo del que habla A. Malraux, de todo lo que vi y amé en la vida. Sugerir un acercamiento a la relación temporal que se establece entre las personas y el terreno o lugar que ocupan no es otra cosa que definir las variables frecuentes, del paso cotidiano del ser humano, por el estado actual de las cosas. Compitiendo en la actualidad con ordenadores trabajando a ocho bits por el control imposible de multiuniversos, el innovador, en un esfuerzo continuo en el que nuestros errores nos convierten en lo que realmente somos, no es sino, coleccionista de calles que no existen.

Ante ello hay que reaccionar y así “la vida frecuente” ha de ser reconsiderada para la innovación ejercitando el Conocimiento Aplicado.

La vida acostumbrada…

El inefable Julio Cortázar escribía en Historias de cronopios y de famas (1962):

“…Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas…Castigarse los ojos mirando eso que  anda por el cielo y acepta taimadamente  su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria…La calle, donde las caras van a nacer cuando las mire,…y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario de la esquina…”

Lo que nos es habitual adquiere la dimensión de extraordinario si se cambia el punto de vista del que mira sin saberlo, si se cambia el gesto aprendido mil veces practicado. Los espacios reconstruidos de la lógica habitual de las cosas, despojados de objetividad emprenden formas inesperadas, asociaciones dispares de la memoria, escenarios de apariencia normal cobran valores irrepetibles en una especie de juego sin fin donde la excepción quiere prescindir de la regla y el ser deja a un lado lo convencional y se interesa por  la sorpresa.

Ante ello hay que reaccionar y así “la vida acostumbrada” ha de reconvertirse para la Innovación manejando Información Compleja.

Empleando una terminología prestada del ingeniero Richard Stein, nuestro celebrado concurso REsilience concentró en su desarrollo y procesos una altísima carga en energía embebida de producción, en la que fue posible reconocer altas dosis de Pensamiento Crítico, de Conocimiento Aplicado y de Información Compleja que permitieron contrarrestar las tres formas de vida descritas, previsible, frecuente y acostumbrada.

La celebración de los premios de innovación REsilience Innovation Awards

Presentado bajo el topic “EPSmart” desde el Taller de Innovación Arquitectónica (TIA) de la USPCEU y el patrocinio de Ferrovial, fue anunciado con el siguiente reto:

“EPS (Escuela Politécnica Superior), dícese de: edificio disponible pensado para satisfacer las necesidades de sus usuarios.

EPSmart, dícese de: espacio innovador construido con la puesta en valor de las experiencias de sus usuarios.

Entre ambas definiciones sólo se esconde una cuestión de actitud, la voluntad colectiva de responder con esfuerzo ante la dificultad  reconociendo oportunidades. REsilience reclama tu participación interactuando con el edificio común de todos.

Nuevas formas creativas de entender el tiempo que compartimos para el trabajo y el aprendizaje.

Nuevas formas inteligentes de aprovechar las rutinas sin conformarse con lo de siempre.

Nuevas formas inclusivas de manejar la información que genera nuestros hábitos de comportamiento.

Nuevas formas emocionantes de ejercitar la motivación por el detalle.

Y ante todo, nuevas formas laterales de implicarse en la mejora continua de una identidad plural.

Por ello  RESilience, es algo que debemos hacer que suceda.”

Al igual que este texto y el concurso REsilience, la realidad se reconstruye con fragmentos a pesar de las historias cotidianas. Citas de referencia enredadas en la inercia del pensamiento, buscan ofrecernos nuevos significados en los que el proyecto de innovación tiene que visualizar un lugar de encuentro, no con meros objetos sino con series continuas en procesos abiertos, instrucciones apoyadas en sistemas de trabajo que invitan a la participación de lo extraordinario en cada momento, a mantener la atención en los actos habituales. Crear posibilidades extraordinarias en condiciones cotidianas, así la innovación responde con observaciones insospechadas a cuestiones de siempre, arrancando de un estereotipo de subsistencia una inteligente ironía. El concurso REsilience irrumpió con ilusión para quedarse una vez que, como el escritor Luis Landero afirmó, secados los caminos y agotados los pretextos, aparece con claridad el objeto de nuestra verdadera atención.

 

Escrito por Juan Manuel Ros García el 16 de Junio de 2016 con las etiquetas: innovación talento Zuritanken

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