Inteligencia Artificial
Drones

¿Hacia dónde podemos dirigir el mejor valor socioeconómico de la inteligencia artificial?

23 de mayo de 2018

La Inteligencia Artificial (IA) no es nada nuevo. Tiene, por lo menos, 60 años. Lo novedoso es que ahora está disponible para multitud de individuos y de organizaciones y, lo que una vez fue dominio de la NASA, ahora es utilizado de manera cotidiana por empresas y ciudadanos. Hoy, gracias a la a una miniaturización y a la integración de sistemas informáticos, contamos con la suficiente capacidad informática “en nuestros bolsillos” como para guiar, simultáneamente, 120 millones de cohetes Apollo.

A pesar de ello, los vehículos autónomos aún no están por todas partes y los drones no operan a distancias que van más allá de la línea visual. Todavía hay millones de personas que trabajan a diario en entornos peligrosos y, por ello, que cabe preguntarse, ¿qué está fallando?

un dron sobrevolando una ciudad al atardecer

Fuente: Unsplash | Autor: Goh Rhy Yan

No es raro que, debido a una innovación desestabilizadora, ahora tengamos un impulso tecnológico (“push”) que puede ser más fuerte que el tirón del consumidor (“pull”). Somos capaces de hacer cosas inteligentes, pero ¿quién quiere llevarlas a cabo?

Y aquí es donde el asunto se vuelve complejo, por las siguientes razones:

La gente tiene miedo a los robots

Todos hemos visto a Robocop, ¿verdad? ¿Qué hacemos cuando un robot falla? ¿Cuál es la reacción social cuando un automóvil sin conductor se involucra en un accidente? Más de 1.000 personas mueren cada día en las carreteras del mundo, pero ¿cuántas de estas muertes se reflejan en los principales medios de comunicación? Sin embargo, cuando en EE.UU. un automóvil autónomo hiere a un peatón, la noticia sale en los informativos de televisión de todo el planeta; o cuando un conductor se duerme en el asiento del copiloto de un Tesla en una autopista del Reino Unido, éste es difamado en la prensa. Tenemos que aceptar que la población mundial está intranquila con respecto a la IA y debemos asegurarnos que su implementación no ponga en riesgo a la población, adoptando una regulación adecuada para su seguridad.

Robot humanoide y una niña

Fuente: Unsplash | Autor: Andy Kelly

Los proveedores de servicios y de tecnología necesitan trabajar de manera conjunta con legisladores y reguladores para crear y adaptar unos marcos normativos que proporcionen la administración y el control adecuados, al tiempo que permitan seguir avanzando. Actualmente, se está centrando la atención en la utilización de vehículos autónomos en autopistas y en el uso de drones en zonas urbanas y espacios aéreos controlados, como los alrededores de aeropuertos.

En el área del desarrollo de IA es preferible no seguir la expresión «dos pasos hacia delante y uno hacia atrás». La gente recordará mucho más los fallos que los éxitos, por lo que es esencial una implementación cuidadosa y una gestión medida, con el fin de minimizar el riesgo de fracasos y de daños.

La gente valora su privacidad

La actualidad está plagada de violaciones de datos personales que aparecen a diario (¿cómo podemos olvidarnos de la última de Facebook?). La única razón por la que no hay más reacciones adversas es que, en general, la gente reconoce que hay un valor neto positivo en el uso de una IA que gestione y aprenda de sus datos. Es una solución de mutuo acuerdo: la gente seguirá compartiendo sus datos siempre que los beneficios percibidos superen los riesgos de una pérdida o infracción en el uso de sus datos.

escribiendo en un ordenador portátil

Fuente: Unsplash | Autor: Thomas Lefebvre

Si bien los legisladores y reguladores deben seguir protegiéndonos, también debemos asegurarnos de que el uso de nuestros datos sea correcto y que aporte valor. Para un proveedor de servicios es una ecuación más fácil de resolver. Podemos utilizar datos e inteligencia artificial para mejorar la vida de los ciudadanos (directa e indirectamente) allá donde vivan, trabajen y a donde viajen. Mejorar la eficiencia energética, la seguridad de los viajes, la experiencia de los pasajeros, así como diseñar y desarrollar servicios centrados en el ciudadano son todos ejemplos reales y prácticos de cómo mejorar las cosas a través de la IA, con un riesgo insignificante en cuanto a los datos.

Si la IA es un acelerador de comportamientos humanos, claramente queremos acelerar lo bueno, en lugar de promover lo malo.

La gente quiere proteger sus empleos

Hay muchas cosas que sí podemos hacer con la inteligencia artificial. La clave está en priorizar aquellas cosas que deberíamos hacer. Si el uso no focalizado de la IA tiene como resultado una reducción del empleo en una comunidad donde la adaptación de roles es difícil, ¿se trata de un avance social?

Hay algunos usos claros de la IA que redundan en beneficios tanto económicos como sociales. En primer lugar, debemos utilizar la IA para apartar a individuos de entornos peligrosos. Esto tiene un valor incalculable para todos. Si podemos hacerlo, entonces ¿por qué todavía hay gente trabajando en tareas de alto riesgo en actividades relacionadas, por ejemplo, con el petróleo y el gas, con el mantenimiento de carreteras y de ferrocarriles, o con en el procesamiento de residuos? Nuestro foco está centrado en apartar a individuos de estos entornos mediante el uso de la IA para gestionar aquellas tareas repetitivas que realmente se pueden automatizar.

muchos trabajadores en unas oficinas

Fuente: Unsplash | Autor: Alex Kotliarskyi

El otro ámbito donde no caben dudas sobre el valor de la IA es en los procesos de inspecciones y pruebas. En un mundo de baja cualificación, ¿por qué vamos a utilizar a nuestros individuos con mayor experiencia para inspeccionar productos y activos que están en buenas condiciones? Entonces es cuando la IA se hace más fiable: inspeccionando y supervisando continuamente las condiciones para garantizar que se encuentren dentro de unos límites predeterminados, pero alertando al personal cuando las condiciones se salgan de estos estándares; que es cuando se deben desplegar los recursos humanos más valiosos, porque llegados a ese punto, suele ser más eficiente hacer uso de un ‘procesador humano’, ya sea en el mantenimiento de infraestructuras o en el diagnóstico de la salud de pacientes.

Por esta razón, nuestro interés en reclutar a los más brillantes y mejores en matemáticas e informática debe mantener un equilibrio con un desarrollo de talento en consultoría. Cuando consideramos el alcance demográfico de las habilidades relevantes (nuestra fuerza de trabajo técnica en IA comprende principalmente a Millennials y a la “Generación Z”, mientras que nuestros consultores están más próximos al baby boom de los años 60), la clave está en diseñar procesos de gestión de conocimiento efectivos para que los genios de la inteligencia artificial del futuro sepan cómo utilizar sus habilidades para generar el máximo impacto económico con el mayor valor social.

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