Publicada el 16 de Diciembre de 2020

La historia de los mapas comienza con la inquietud de conocer nuestro planeta. A lo largo de los siglos, viajeros y exploradores dejaron constancia de la forma de la tierra, sus océanos y sus accidentes para orientarse y viajar a lugares remotos.

Sin embargo, los mapas no han sido siempre tan exactos como lo son hoy. En un inicio, se tomaban referencias estudiando el cielo y atendiendo a la posición del sol y las estrellas. Más adelante fue posible introducir criterios matemáticos, instrumentos de medición y técnicas cartográficas que mejoraron su precisión.

En la historia de los mapas, y junto a los babilonios, los griegos y los árabes, es inevitable mencionar un nombre propio: el de Gerardus Mercator. La persona que optimizó la representación de la tierra con una solución que sigue usándose hoy.

Viajes trasatlánticos y un taller de cartografía

Gerard de Kremer nació en Rupelmundo, Flandes (la actual Bélgica), el 5 de marzo de 1512. Tiempo después latinizó su nombre y su apellido — Kremer significa “comerciante” en holandés — y pasó a ser conocido como Gerardus Mercator.

Dedicó gran parte de su juventud al estudio de disciplinas como las matemáticas, la geografía y la astronomía, y con el tiempo empezó a interesarse también por la cartografía y la música. Durante una época se dedicó al grabado y la elaboración de mapas, lo que le dio una estupenda oportunidad para reflexionar sobre los retos y las carencias de estas herramientas.

A principios del siglo XVI se utilizaban ya mapas con latitudes y meridianos definidos, similares a los que tenemos en la actualidad. Sin embargo, al no tener en cuenta la curvatura de la tierra, estas líneas marcadas sobre el papel confundían a los navegantes a medida que se alejaban del ecuador.

Esto era especialmente problemático en aquella época, en la que el comercio se expandía por todo el mundo y los viajes de Magallanes y Elcano trataban de descubrir las fronteras de la tierra. Los mapas valían para situar las ciudades, las rutas comerciales y los principales mercados. Era necesario, por lo tanto, inventar un método que permitiese representar la curvatura de la tierra en una superficie plana.

Detalle de un mapa que representa la nave Victoria en la expedición de Magallanes Detalle de un mapa que representa la nave Victoria en la expedición de Magallanes a través del océano Pacífico. Wikimedia.

La proyección de Mercator

La solución ideada por el cartógrafo holandés pasa por aumentar la distancia entre los paralelos de forma proporcional a medida que estos se acercan a los polos. De esta manera, los meridianos aparecen como líneas rectas verticales que cortan a los paralelos en ángulo recto. Esto favoreció que se pudiesen trazar rutas de forma más sencilla, ya que para navegar de un sitio a otro bastaba con conectar los puntos de salida y destino con una línea recta y mantener un rumbo constante con la ayuda de una brújula.

El método, que se conoce como la proyección de Mercator, fue cobrando fama entre los navegantes y acabó siendo promovido por diferentes monarcas para trazar las cartas náuticas.

Mapa del mundo de Mercator de 1569 Mapa del mundo de Mercator de 1569. Wikimedia Commons

Sin embargo, esta solución también presenta sus limitaciones. A diferencia de la proyección cilíndrica equidistante o geográfica, no respeta las distancias entre los paralelos. Como resultado, los mapas trazados con este principio respetan la forma de los continentes, pero no sus tamaños. Los países más cercanos a los polos se representan con un tamaño proporcionalmente más grande que los que están a la altura de la línea del ecuador. Así, estos mapas dan la falsa impresión de que Groenlandia y Rusia son tan extensos como África o Sudamérica.

A menudo se ha señalado que esto fomentó una visión del mundo eurocentrista. Sin embargo, es poco probable que este fuese el objetivo de Mercator: su principal motivación era solventar un problema de navegación y orientación.

Además de la proyección que lleva su nombre, el holandés realizó otras aportaciones a la cartografía. Diseñó mapas de Palestina, Flandes y Europa, introdujo la letra cursiva en el grabado de los mapas (más adecuada que los caracteres góticos que se usaban en la época) y usó por primera vez el término atlas para designar a las colecciones de mapas.

Pintura de Frans Hogenberg que muestra a Mercator apuntando al polo norte magnético
Pintura de Frans Hogenberg que muestra a Mercator apuntando al polo norte magnético. Wikimedia Commons

Mercator murió en 1594 en Duisburgo, la actual Alemania. Había abandonado Flandes muchos años atrás, después de haber sido acusado de hereje y pasar siete largos meses en prisión.

De internet a las smart cities

La forma de proyectar la tierra ideada por Mercator cambió para siempre la forma de hacer mapas. Y, aunque durante los siglos siguientes surgieron otros métodos y más proyecciones cartográficas, la del holandés sigue usándose hoy. Aplicaciones como Google Maps o Bing Maps se basan en sus principios, aunque cuentan con ligeras variantes.

Actualmente, los mapas son mucho más que la representación de la tierra. Ofrecen información complementaria, se actualizan de forma casi constante y sirven para algo más que para orientarse. En un futuro próximo, resultarán también fundamentales para el desarrollo de las Smart Cities, al ofrecer gran cantidad datos que pueden servir para redefinir las ciudades. Utilidades que difícilmente podría haber imaginado un cartógrafo en el siglo XVI, pero que siguen dependiendo de las proyecciones de su época.

Escrito por Tania Alonso Cascallana el 16 de Diciembre de 2020 con las etiquetas: Corporativo Smart city

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