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Publicada el 10 de Febrero de 2021

Todos hemos visto la peli “Regreso al Futuro” donde Marty McFly viaja a través del tiempo en un coche-máquina del tiempo, un DeLorean DMC-12 fabricado por su amigo el científico Dr. Emmett L. Brown, “Doc. Brown”.

Esa peli y tantas otras, aunque sean de Ciencia Ficción, nos permite alcanzar una visión sobre lo importante que es ver por dónde vienen los tiros y el impacto futuro de nuestras acciones. ¿Qué CEO no querría tener un DeLorean igual para tomar las mejores decisiones?

Según Einstein los viajes en el tiempo hacia el futuro sí son posibles (Ay, mire. Pregúntele a él si no me cree, yo sólo trabajo aquí). Y en Ferrovial, que somos muy fans de la ciencia, tenemos nuestro método para ver el futuro a través de ella, tal y como hacía Doc. Brown.

Vale que nosotros no tenemos un coche así. Pero tenemos un acuerdo de investigación con la mejor universidad tecnológica del mundo – el MIT – desde hace más de 10 años; hacemos ejercicios de Foresight y tenemos más de un ojo siguiendo a las startups más disruptivas muy de cerca. Y esto es muy buena aproximación “para ver el futuro” o por lo menos entender potenciales tendencias y tecnologías.

No trabajamos con Doc. Brown, pero trabajamos con muchas eminencias del MIT como el Prof. Sanjay Sarma, el Prof. Moshe Ben-Akiva, el Prof. John Hansman o con el Prof. Markus Buehler entre otras muchas mentes brillantes. Conjuntamente, desarrollamos “condensadores de fluzo” que nos permiten ver por dónde puede ir el futuro. Y esto para una empresa de infraestructuras es muy, muy relevante.

Ya no sólo por el beneficio económico asociado a los nuevos modelos de negocio, a las pruebas de concepto o a las eficiencias operativas que se consiguen gracias a colaborar con científicos. Sino que ese nuevo conocimiento generado vía riguroso método científico, permite tomar las mejores decisiones a empresas como Ferrovial. ¡Y así sí que se hace dinero!

¡Y no sólo dinero! Tomar las mejores decisiones, implica no sólo el beneficio económico sino mejorar nuestro planeta. Todo es y debe ser compatible.

Tener este asesoramiento externo de lujo colaborando con científicos hace que no sólo las decisiones se tomen mirando una hoja de cálculo, que analiza impactos y retornos económicos. Sino que además hace que se tomen decisiones considerando los factores más importantes: el impacto en nuestro planeta, el beneficio a nuestra sociedad y teniendo en cuenta nuestro propósito como marca.

Por otro lado, la transferencia a la sociedad es inmediata al compartir los resultados mediante publicaciones, que es uno de los objetivos de las Universidades. Por lo que, además, es un buen ejemplo del compromiso de nuestras empresas con los territorios donde operan y, por ende, con todo el planeta.

La cocina con cariño y el plato Harvard

Entonces ¿por qué no hay tantas empresas que colaboran con la Academia? ¡Si son todo beneficios! Económicos, medioambientales y sociales. Ay, amigo. Ahí entra el factor de la inmediatez de los resultados. ¡La colaboración con la academia necesita tiempo para investigar! El mínimo es un año de investigación y lo estándar ronda los dos años. Hay CEOs que no esperan tanto tiempo.

Un buen símil enfocado a los resultados y tiempo sería el de la cocina. ¿Qué prefieres, un nuevo cocido al “chup-chup” o unas salchichas al microondas? Se puede vivir comiendo salchichas al microondas, pero ¿Durante cuánto tiempo y a qué precio?

Siguiendo con el símil culinario, trabajar con la Academia te ofrece no sólo la receta de un nuevo tipo de cocido. Sino que te dice con qué alimentos de proximidad y en qué proporción adecuada de ingredientes a lo “Plato Harvard” se debe preparar para que sea saludable para los clientes de tu restaurante. Te asegura, también, si en el futuro próximo tendrás capacidad y demanda de clientes suficiente a quienes les apetece cocido y te propone, además, que pruebes a hacer croquetas o ropa vieja en el turno de noche.

Los tres pasos para hacer que su empresa se beneficie de la ciencia

Hasta aquí es posible que el lector se esté preguntando cómo de madura es su Compañía respecto a la Ciencia. Las buenas noticias son que, si su empresa no tiene esas inquietudes, todavía está a tiempo de cambiar. Aquí proponemos tres pasos:

  1. Consciencia: El primer paso es ser consciente de las capacidades científicas de cada uno. ¡Ser consciente de que su empresa no las tiene, ya es un gran paso! Si las tiene siempre es buen momento para valorar el tipo de colaboración, o bien ampliando campos o bien afianzando acuerdos de colaboración existentes.
  2. Comunicación y compromiso: El segundo paso es más divertido y el más crítico. Se trata de transmitir y facilitar las necesarias inquietudes a los empleados para que disfruten con el conocimiento y aprendizaje continuo. Con el doble objetivo de abrir mentes y contemplar nuevas posibilidades. ¿Cómo? Los planes de formación continua son buena idea. Pero no sólo para adquirir capacidades laborales estándar como idiomas, dominio de office, técnicas de negociación o Agile. Se trata de adquirir conocimientos disfrutando. Sitios como YouTube son muy potentes en este aspecto, pero hay muchas herramientas corporativas que también ayudan como Capaball, Linkedin Learning y muchas más. Una manera divertida, potente y eficaz de adquirir esas inquietudes científicas es seguir a divulgadores de ciencia en Youtube como “El Robot de Platón”, “Quautumfracture” o “Date un Vlog” en español y en inglés canales como “Physics Girl” o “Up and Atom”. Cuando tienes trabajadores dispuestos al aprendizaje continuo, se convierten automáticamente en profesionales más abiertos, empleables, valientes y seguros de sí mismos. Lo ideal es toda la plantilla. Empezar con algunos puestos clave y por supuesto directivos, es un muy buen comienzo.
  3. Conexión y cooperación: buscar en su buscador web de confianza una Universidad o Centro de Investigación y programar una videollamada de 1h para conocerse y charlar un rato. Algunos científicos como Doc. Brown, son gente rara y con peinados extravagantes, pero la mayoría son muy simpáticos y comprometidos con la sociedad. Por lo general, estarán encantados de investigar conjuntamente algún reto útil para las empresas, y por ende a la sociedad. Sólo hay que buscar un “win-win” para todos y tener mutua empatía (base de cualquier colaboración de éxito).

¡Y a probar! El miedo al fracaso es el mayor enemigo de cualquier empresa que se crea innovadora. Eliminen los miedos, abran sus mentes y piensen qué les apetece para comer. ¿Alta cocina o comida rápida?

Escrito por Juan Manuel Freire Iglesias el 10 de Febrero de 2021 con las etiquetas: Innovación Investigacion MIT

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