el proyecto ITER
Corporativo

Construyendo ITER: una obra maestra única – Parte 2

19 de mayo de 2021

No es exagerado decir que el arte, al igual que el avance de la ciencia, supone un esfuerzo interminable para la humanidad. En la primera parte de esta serie de artículos examinamos las conexiones entre el arte abstracto y la construcción, y cómo se veían reflejadas en ITER. En la segunda parte, continuamos explorando la galería de la obra más singular del mundo.

Partiendo de la temporalidad del arte…

En la Europa 1960 y 1970, un grupo interdisciplinario de artistas internacionales experimentó con actuaciones artísticas que ponían el énfasis en el proceso de creación más que en la obra de arte en sí misma. Lo artístico no era solo el producto final, sino el camino que conducía hasta él. Esta forma de arte atrajo no solo a pintores y escultores, sino también a compositores, poetas, diseñadores, cantantes y artistas que trabajaban en muchas otras disciplinas. Era el arte de movimientos como el Fluxus, el happening y el situacionismo. Estas nuevas tendencias desdramatizaron el proceso artístico y abrieron la puerta a la impulsividad y la creatividad.

La concepción de las áreas de prefabricación y las zonas de almacenamiento son una mina de oro de referencias a los movimientos Fluxus y happening. Sin las rígidas exigencias de los trabajos definitivos, todo se desarrolla con mayor fluidez. Los objetos se disponen en formas irregulares y naturales, cambiando de composición todos los días, mientras los elementos van y vienen. Tendemos a subestimar la importancia de estos lugares, pero gracias a ellos conseguimos cumplir nuestros objetivos; es gracias a nuestros capataces y los equipos de maquinaria y logística que sabemos dónde está todo y que no falta ninguna pieza.

En una evolución natural de estos movimientos, el tiempo se incorporó al arte como una forma de expresión al iniciarse la era de la cuarta dimensión a finales de la década de 1960. Uno de los primeros artistas más controvertidos de este movimiento fue Richard Long. La cubierta temporal del pozo central se hace eco de esta temporalidad, insinuando las formas de los grandes círculos y las espirales de Long. Las enormes formas redondas de las obras de Long en el paisaje desaparecerán algún día para siempre, como lo hizo la cubierta temporal del pozo central en 2020. Esta se erigió como una protección provisional para separar los trabajos dentro y fuera del pozo, y se izó con una operación de heavy lifting. La cubierta de acero se desmanteló después de haberse completado la construcción del Crane Hall para permitir el ensamblaje de los componentes que conforman el rompecabezas del reactor Tokamak, prueba de su temporalidad.

Izado de la cubierta temporal del pozo central
El Izado de la cubierta temporal del pozo central recuerda a la obra Ireland (1967) de Richard Long.

Otro artista británico, Andy Goldsworthy, crea arte en un paisaje cambiante utilizando materiales perecederos que encuentra en el entorno natural, como hojas, palos, flores, piedras y hielo. A través de su trabajo, pretende transmitir la necesidad de comprender que nada en la vida dura eternamente. Goldsworthy ha dedicado una parte importante de su proceso creativo a los agujeros, que construye utilizando diferentes materiales naturales. Estos agujeros simbolizan el resplandor de la energía presente en un fuego negro. Podemos encontrar una obra de Goldsworthy no muy lejos de las obras, en el impresionante Château La Coste, en Le-Puy-Sainte-Réparade. Cuando llegamos a la plataforma de la obra, cuatro agujeros negros llaman nuestra atención.

Armadura de aberturas en el pozo central. Armadura de aberturas en el pozo central recuerda a la obra Screen (1998) de Andy Goldsworthy.

Estas inmensas aberturas en el muro frontal del nivel L3 saludan a los visitantes que entran a la obra, rodeadas por sus correspondientes placas circulares de color naranja. Es a través de estos agujeros que se replicará la energía del sol ardiente, ocupando el espacio con conductos y tuberías a través de los imponentes muros de hormigón.

Detalle del hormigón en el área L3M.
Detalle del hormigón en el área L3M recuerda a la obra Sin título (1986) de Ulrich Rückriem.

…hasta la eternidad de las esculturas gigantes

La expresión artística empezó a aumentar de tamaño durante el último cuarto de siglo. Dadas las limitaciones de los espacios de exposición, estos artistas se suelen ver obligados a exponer sus obras al aire libre en instalaciones específicas para su obra. Es imposible no establecer una analogía con el carácter masivo de las construcciones civiles. El proyecto ITER es único por el uso generalizado de estructuras altamente armadas y de hormigones de altas prestaciones, con densidades y propiedades que no se pueden apreciar a simple vista.

Se pueden encontrar esculturas monumentales abstractas de los años 80 por todo el mundo. Las esculturas de hormigón y acero de Eduardo Chillida son un ejemplo de arte monumental. En su trabajo, el espacio es más que un contenedor vacío. Las formas creadas por las estructuras de hormigón de la Neutral Beam Cell o el nivel L3 son superpuestas e irregulares, estableciendo un diálogo interesante entre la masa y el vacío similar al que se da en la obra de Chillida.

Estructuras de hormigón en la celda de haz neutro.
Estructuras de hormigón en la celda de haz neutro recuerdan a la obra Elogio del horizonte (1990) de Eduardo Chillida.

Los edificios de ITER están cubiertos por una fachada de acero inoxidable que da sensación de espejo o camuflaje. A principios del siglo XXI, el artista británico-indio Anish Kapoor buscó un efecto similar con sus esculturas públicas abstractas a gran escala. El trabajo de Kapoor deforma e invierte el paisaje, creando un dialogo entre el espectador y el espacio que le rodea. Su obra Puerta de la nube, en Chicago, pretende capturar la ajetreada vida de la ciudad, reflejando el entorno; y son estos reflejos los que recuerdan al artista cuando miramos las fachadas de los edificios de la plataforma. Los paneles de acero inoxidable reflejan las nubes y los bosques que rodean el ITER, unos paisajes que cambian con las estaciones y evolucionan con el tiempo.

Reflejos en la fachada del Edificio 13.
Reflejos en la fachada del Edificio 13 recuerdan a la obra Curva C (2007) de Anish Kapoor.

La obra de Kapoor nos transporta a otra escultura masiva del artista japonés Kan Yasuda, Tensei Tenmoku. El nombre de la instalación significa “la puerta sin puerta” y enmarca, en mármol blanco de Carrara, la extensión infinita del océano Atlántico desde la costa de las islas Canarias. Las puertas son otro componente que juega un papel crucial en ITER. Las 46 grandes aberturas cuadradas de las Port Cell Doors separan el reactor magnético toroidal del resto del edificio y conforman el único acceso desde los bioshield walls al plasma. Posteriormente, las puertas se cerrarán, encerrando los dos espacios una vez conectados.

Cerrar el círculo con acero

Las estructuras de hormigón y el equipo del complejo Tokamak están coronados por otro tipo de estructura de acero que recuerda el arte de Léger. La estructura de cubierta de acero es un homenaje a otro artista estadounidense, Richard Serra, quién trató de desafiar la percepción del público con sus enormes instalaciones metálicas. El espectador puede pasear alrededor de sus placas de acero curvadas, sintiendo el movimiento desde el interior y alrededor de sus esculturas.

Las instalaciones de Serra revelan varios paralelismos con las vigas de perfil laminado del Crane Hall. Estas enormes estructuras de acero aguantan una de las grúas pórtico más impresionantes del mundo. Las piezas de acero se izaron mediante enormes grúas de oruga con contrapesos de superlift, que se balanceaban con la misma precisión que los columpios de Serra. En 2020, estas delicadas operaciones pusieron fin al trabajo de miles de trabajadores que contribuyeron a levantar la obra civil del Tokamak.

Estructura de acero en el Crane Hall del Tokamak.
Estructura de acero en el Crane Hall del Tokamak recuerda a la obra Trip Hammer (1988) de Richard Serra.

Las huellas que dejamos atrás

Desde el radicalismo que rompió las cadenas de la realidad en las primeras décadas del siglo pasado hasta las monumentales esculturas abstractas de la actualidad, la humanidad ha seguido evolucionando a ritmo constante. ITER representa un gran paso adelante en el mundo de la tecnología y la ingeniería, y tenemos el privilegio de haber sentado las bases de esta nueva revolución industrial.

Nuestro proyecto pronto llegará a su fin y, al igual que en el mundo del arte, parte del conocimiento que hemos adquirido podrá ser aplicado a otros proyectos, replanteando la forma en que nuestras empresas trabajan en otros mercados Lo que permanecerá para siempre es la experiencia humana excepcional de haber formado parte de este proyecto, así como mi agradecimiento personal a todos los miembros de la comunidad de VFR. Este ensayo debe interpretarse como un reconocimiento muy merecido a todas aquellas personas que contribuyeron con su compromiso, su perseverancia, su resiliencia y su arduo trabajo, a unir todas las piezas que conforman los edificios del proyecto ITER.

Mostrarles el arte oculto de la obra a quienes contribuyeron al proyecto y hacerlos sentir orgullosos de lo que han construido me parece una bonita forma de agradecerles su esfuerzo.

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