Publicada el 30 de Agosto de 2016

Reflexionar sobre cualquier asunto relacionado con el hecho urbano supone siempre un ejercicio complejo al tratar de condensar en un único término o concepto el significado y funcionamiento de una enorme multiplicidad de sistemas dinámicos, complejos e interconectados que además han ido creciendo y evolucionando a lo largo de los siglos, y que para su riguroso análisis debe enfocarse desde un punto de vista que abarca un espectro amplio y multidisciplinar.

En ese sentido, el primer paso consiste siempre en ganar perspectiva y recordar que todos esos sistemas tienen como razón fundamental de ser dotar a las personas que se agrupan en torno a un mismo territorio de las condiciones necesarias para desarrollar de forma satisfactoria sus funciones y aspiraciones vitales.

La evolución de las ciudades

Las principales diferencias entre las primeras ciudades y las actuales tienen mucho que ver con procesos culturales y de innovación en los que la tecnología no siempre ha protagonizado el papel fundamental. Sin embargo, eso no ha de llevarnos a no reconocer que la tecnología ha sido un factor diferencial a la hora de moldear la vida y forma de las ciudades hasta el punto de que en ellas podemos encontrar un fidedigno reflejo en las ciudades de hoy, de los cambios provocados por la evolución tecnológica.

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De hecho, si nos fijamos en su evolución histórica, desde el inmenso período temporal que va desde la fundación de las primeras ciudades hasta finales del siglo XVIII, éstas no sufrieron cambios sustanciales en la forma de vida en las mismas, sino más bien un ligero retroceso durante la Edad Media.

En ese preciso momento, el siglo XVIII, la revolución industrial supuso el verdadero despertar de la evolución y transformación de las ciudades, iniciando la primera gran migración campo-ciudad, y dando lugar a una nueva ciencia, el urbanismo, entre cuyos primeros y máximos exponentes encontramos a los reconocidos, Georges Eugene Hausmann e Ildefonso Cerdá, padres de planes urbanísticos totalmente revolucionarios en su momento transformaron ciudades icónicas como Paris y Barcelona respectivamente, y otros muchos como Sir Ebenezer Howard (Ciudad Jardín) o Arturo Soria (Ciudad Lineal) cuyas propuestas no llegaron a tangibilizarse pero que fueron el germen de modelos

Desarrollos tecnológicos posteriores, como la mejora de las técnicas constructivas y la popularización de uno de los medios de transporte más eficientes, el ascensor, nos permitieron incrementar considerablemente la densidad favoreciendo lo que hoy entendemos por grandes ciudades (verticales).

Las ciudades en el Siglo XXI

El florecimiento de las ciudades ha contribuido además, en forma de espiral virtuosa, a incrementar exponencialmente los procesos de innovación, ya que poniendo en contacto a personas con talento e inquietudes similares en un espacio físico cercano se contribuye a generar un efecto claramente catalizador de la innovación.

De hecho, en nuestros días, el éxito o fracaso de una ciudad guarda una estrecha relación con su capacidad para atraer talento, siendo éste uno de los principales caballos de batalla en el tablero global.

Las ciudades se han convertido en los principales actores de la escala mundial, superando en algunos casos su PIB al de determinados Estados, llevándolas incluso a eclipsar o superponer el papel de éstos últimos.

El concepto Smart City

Como muy bien explica el profesor Boyd Cohen en su artículo “Las 3 generaciones de las Smart Cities” desde el nacimiento de este concepto, a mitad de los años noventa, hemos transitado por una serie de interpretaciones que van desde una visión pura y meramente tecnológica auspiciada por las grandes empresas telcos (la Smart City conectada) y apalancada sobre el internet de las cosas y el big data, pasando por una segunda generación marcada por el liderazgo de las administraciones públicas “top-down” (la Smart City planificada) y llegando al momento actual donde como en cualquier movimiento pendular, se sitúa al ciudadano en el centro de toda iniciativa “Smart” y donde el uso de tecnología se convierte en ocasiones en un factor secundario del que poco menos que debemos desconfiar (la Smart City humana).

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Sin embargo, el componente tecnológico está muy ligado a la respuesta que las ciudades están dando y pueden dar a cada uno de los desafíos que amenazan la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo y que pueden agruparse en los siguientes cinco grandes bloques, de nuevo interrelacionados entre sí:

  • Energía
  • Movilidad
  • Medio Ambiente
  • Gobierno y Economía
  • Innovación Social

El vehículo autónomo, la próxima gran revolución

La próxima gran revolución urbana, en torno a la que ya se están agrupando grandes consorcios formados por empresas tecnológicas y de automoción y que cambiará por completo la forma de las ciudades, será el vehículo autónomo. Me resisto y me resistiré mientras pueda a llamar coche a un elemento de movilidad que por el hecho radical de no necesitar conducción humana va a cambiar por completo su aspecto tradicional en pos de nuevos tamaños, formas y funcionalidades, está llamado a suponer el germen de la transformación para la forma de las ciudades y nuestra vida en ellas.

Esta incipiente revolución tecnológica supone, al mismo tiempo, un arma de doble filo.

Amenazas

  • El luctuoso accidente sufrido recientemente por el fabricante de vehículos eléctricos Tesla durante un período de pruebas en escenario real, pone de manifiesto la necesidad de seguir trabajando en los sistemas y protocolos que aseguren la seguridad de usuarios y peatones.
  • El hecho de disponer de un nuevo medio de transporte con nuevas funcionalidades y capacidades (es importante recordar que nuestras viarias no están diseñadas exclusivamente en función de las prestaciones de nuestros vehículos, sino mayoritariamente en función de nuestras capacidades sensoriales como conductores, visibilidad, tiempo de reacción, etc.) puede llevar a favorecer aún más el uso  que profundice en la dinámica proliferada hacía mitad del S.XX, con la popularización del transporte privado motorizado, con el coche como máximo exponente, la necesidad de vivir cerca de los núcleos de actividad se vio disminuida, y las ciudades han sufrido en muchos casos de flujos deslocalizadores de población en favor de los suburbios, dando lugar al fenómeno conocido como urban sprawl, tan característico del medio oeste de EEUU y cada vez más extendido en áreas urbanas europeas.
  • Mayor dispersión urbana implica, frente a la densidad, mayores consumos energéticos, (mayores tamaños de viviendas que calefactar/refrigerar), mayores distancias de conmuting, mayores consumos de agua, etc.

Oportunidades

Por otro lado, el vehículo autónomo, este anteriormente conocido como “coche”, con nuevas características y nuevos modos de uso que pasarán sin lugar a dudas por la optimización del activo, yendo por tanto a modelos de pooling o sharing, antagónicos a la propiedad individual masivamente extendida en nuestros días, y que entre otras cosas puede llevar a:

  • Reducir el coste efectivo de la movilidad de personas y la logística de mercancías. A través de tres puntos: el coste de los conductores, y la optimización tanto de los costes de los activos móviles (vehículos que podrán ser utilizados durante más tiempo) como de los activos fijos (infraestructuras en las que podrán optimizarse los niveles de servicio) implicados en el transporte.
  • Mejorar los graves problemas de contaminación atmosférica (véase los últimos episodios en Madrid), la transición desde una propulsión basada en el motor de combustión a una propulsión eléctrica, al mitigar los inconvenientes de los procesos de carga gracias a los anteriormente mencionados modelos de pooling o sharing.
  • Disminuir a la mínima expresión la enorme cantidad de espacio público (viales, aparcamientos, etc.) que hoy en día se dedica al coche, recuperándolo, adaptándolo y haciendo de las ciudades lugares más verdes, caminables y atractivos para vivir.

Conclusión

En el momento actual, donde la sostenibilidad es una de las principales trendings en cuanto a escala global, la tecnología y las ciudades son nuestras principales herramientas a utilizar.

Sin embargo, disponer de una determinada tecnología no asegura el éxito en el camino hacía el desarrollo y el bienestar, como bien decía el arquitecto urbanista inglés Cedric Price “la tecnología es la respuesta pero, ¿cuál es la pregunta?”

En nuestras manos está, como sociedad, iniciar un proceso de reflexión en el que a través de realizarnos las preguntas adecuadas generemos las condiciones y el marco legislativo propicio para que balanceando las innegables ventajas, y los posibles inconvenientes, que nos ofrece la tecnología, sea el vehículo autónomo o cualquier otra todavía por llegar, obtener de ella la máxima utilidad.

Escrito por Guillermo Mas el 30 de Agosto de 2016

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hace 2 años

fantástico comentario

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