Publicada el 4 de Noviembre de 2016

Las catedrales, ya seas una persona de fe o un convencido ateo, tienen ese je ne sais quoi que hace que nos encojamos ante su presencia cuando estamos dentro, admiremos sus columnas y nos preguntemos cómo es posible que todas esas toneladas de piedras apiladas unas sobre otras no se nos vengan abajo y nos conviertan en papilla de humano.

Al entrar en una catedral, casi lo primero que uno hace es mirar hacia arriba y mantener abierta la boca, embobado no solo ante la belleza del lugar, sino ante la técnica que la hizo posible. Y muchos no caen en la cuenta de que esa belleza hubiese sido imposible sin algunos elementos que consideramos ornamentales, como los pináculos y las gárgolas, que sostienen el edificio.

¿Y eso del pináculo qué es?

Porque lo de las gárgolas lo entendemos todos, aunque no sepamos por qué están ahí. Figuras burlonas con aspecto de diablillos que parecen no encajar con un lugar de culto pero que, sin embargo, adornan fachadas, arcos, bóvedas y balcones, entre otros. Para ser justos hay que decir que las gárgolas no tienen por qué ser seres desfigurados y grotescos, aunque empezaran siéndolo.

Las gárgolas comenzaron siendo meros elementos decorativos sobre los caños o desagües que evacuaban el agua de lluvia de los tejados. Para que el caño no quedase feo, los arquitectos de la edad media los adornaron con estas figuras, que además de realizar una función estética ayudaban a comprimir el muro en cuestión (enseguida volvemos sobre esto).

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Catedral de Segovia, en la que se observan pináculos verticales y gárgolas horizontales. Fuente: Marcos Martínez

Diferente a las gárgolas originales, que podemos ver en la imagen superior escapando en perpendicular de la fachada, los pináculos nacieron como elementos arquitectónicos cuya función era cargar de peso las columnas que delimitaban las fachadas del edificio. El que parezcan elementos decorativos nace de la necesidad por ocultar la media tonelada de roca que, hay que reconocer, no quedaría tan bonita de ser un bloque macizo.

¿Por qué cargar con más peso a un edificio? La construcción de fábrica

Por tanto, las gárgolas eran un elemento decorativo que incluía un sobrepeso para cargar los muros, y los pináculos un elemento arquitectónico para cargar peso los muros que acabó por convertirse en un elemento decorativo. Ante el sorprendente hecho de que los arquitectos decidieran sobrecargar una pared, uno podría preguntarse: ¿Es esto realmente necesario? ¿Para qué?

Para responder esta pregunta debemos analizar primero qué es la construcción de fábrica y cómo tirarla abajo. En esencia, la fábrica es la apilación de bloques o ladrillos unos sobre otros, de modo que el bloque de arriba comprime al de abajo. Y esto, hasta cierta altura y apilando de forma adecuada, es muy seguro.

El problema radicaba en los techos, ese elemento arquitectónico particularmente útil para evitar ser mojado por la lluvia. La tradición constructiva gótica mantenía que la nave principal de la catedral (el espacio central) debía disponer de un techo en forma de cúpula. Y aunque los griegos habían solucionado el problema con techos rectos, se ve que ya no estaban de moda.

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Sección de una catedral y la misma sección con las tensiones principales. Fuente: IES Eladio Cabañero

Los techos curvos tenían el inconveniente de empujar los muros hacia los lados con bastante fuerza, tal y como puede observarse en la sección de la catedral superior. Las tensiones internas creadas hacían que los muros cayesen al suelo, o que las cúpulas y nervio central de la catedral colapsasen sobre sí mismos, llevándose todo hacia abajo a su paso.

Para comprender lo que pasa dentro de un muro, cojamos la figura 1, en la que se ve cómo un bloque comprime otro con su peso, representado como una flecha hacia abajo. Si desplazamos un poco el bloque de arriba, el peso sigue actuando hacia abajo (figura 2) y conseguiremos hacer volcar el bloque superior si el peso queda fuera de la superficie del de abajo (figura 3).

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Bloques y fuerzas. Fuente: Marcos Martínez

Colocando un bloque sobre otro, y aplicando una fuerza alejada del centro de los bloques, vemos cómo se separan entre sí en el extremo contrario a la fuerza (figura 4), causando que el muro se agriete y acabe por caer. Trayéndonos aquellas tensiones de la sección de la catedral a nuestro muro, vemos (figura 5) que las fuerzas quedan peligrosamente alejadas de los centros de los bloques.

De modo que necesitamos una de dos: o bien sustituir las bóvedas, cúpulas y techos curvos por algo menos vistoso (como una losa horizontal), o bien encontrar un modo de hacer que esas tensiones se repartan de otra manera dentro de la columna de bloques. Y a los arquitectos góticos no les gustaban nadas las losas horizontales en sus catedrales.

Gárgolas, pináculos y plomo

Las catedrales, incluso antes la introducción de la arquitectura gótica, tenían vistosas cúpulas y naves centrales de techos curvos. Sin embargo, los arquitectos góticos decidieron hacer sus catedrales demasiado grandes, acrecentando las tensiones internas de la estructura. Ya no valía con muros gruesos, muros secundarios, arbotantes y naves laterales. La construcción, simplemente, no aguantaba.

Fue en aquél momento de la historia cuando (aunque no se comprendía del todo el principio) los constructores se dieron cuenta de que añadiendo más peso en las columnas, la cúpula y techos curvos no se hundían bajo su propio peso. Desconcertaba a muchos arquitectos, pero el no saber por qué no se hundía la nave central no impidió aplicar el método por toda Europa.

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Bloques y fuerzas. Fuente: Marcos Martínez

La construcción de las catedrales pasó entonces por un ajuste por el método del tanteo que consistía en la adhesión de cada vez más carga a las columnas hasta que estas parecían seguras. Bajo el principio, por supuesto, que más carga era mejor que menos carga, se han encontrado como pináculos bloques macizos de plomo, el metal más pesado que existe, coronando por docenas los laterales de las catedrales, y añadiendo cientos de toneladas al conjunto.

 

Escrito por Marcos Martínez el 4 de Noviembre de 2016 con las etiquetas: architecture Arquitectura Arquitectura Gótica building Catedral construcción Edificio Gárgola Historia Pináculo

Ya hay 4 comentarios

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hace 3 años

El método del tanteo no es otro que le método de prueba y error que es la fuente de todo el conocimiento humano solamente con la prueba y el error se puede obtener conocimiento, algunas veces se obtienen resultados sistemáticos identicos pero no necesariamente se conoce el porque se dan dichos resultados

hace 3 años

Interesante y explicado de manera sencilla y curiosa. Alimento para las neuronas. Gracias por el artículo

hace 3 años

Muy bien. Ya se sabe que es un artículo de cultura general, pero no debería ser tan superficial como para no dejar al menos apuntado que a la fecha no se sabe todo acerca de la arquitectura gótica como para afirmar que llegaron a la magistral solución constructiva expuesta simplemente a través de tanteos y que por ejemplo el aparente absurdo del uso del plomo también pudo estar relacionada con otras razones, pues se ha relacionado al menos en parte al arte gótico con la alquimia.

hace 3 años

Buenas tardes Alfredo,

gracias por leer con atención y participar en el área de comentarios.

Mi más sincera disculpa si el artículo no ha estado al nivel esperado, y nada más lejos que menospreciar el método del tanteo que más tarde evolucionó en el método científico. Fue gracias a esto que se consiguió pasar de una edificación en iglesia a una en catedral.

J.E.Gordon lo explica con mucha más elegancia:

«Parece obvio que los canteros medievales sabían mucho sobre cómo construir iglesias y catedrales, y por supuesto muchas veces lo hicieron de forma excelente y altamente satisfactoria. Sin embargo, si se tuviera la oportunidad de preguntar a un maestro cantero cómo lo hizo realmente y por qué se sostiene, la respuesta sería algo así como: «El edificio se sostiene gracias a las manos de Dios. Siempre que, cuando lo construyamos, sigamos fielmente las reglas y secretos tradicionales de nuestro oficio»».

El autor hacía referencia a que aunque los constructores de la época sabían lo que tenían que hacer para que las catedrales no se cayesen, en realidad no sabían los principios básicos que les obligaban a ello. Desconocedores del método científico, tan solo podían experimentar con formas similares a las que les precedieron. Y de ahí, tantear.

Con respecto al plomo, como metal más pesado capaz de trabajarse en aquél momento, es lógico que fuese lo usado para desplazar el punto de aplicación de la resultante de fuerzas sobre el nervio central de cada uno de los bloques, como se veía en la figura 8. Sobre sus propiedades alquímicas, me confieso un completo desconocedor.

Un abrazo, y gracias por pasarte.

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