Publicada el 8 de Marzo de 2017

Me aventuraría a decir que casi desde que éramos niños hemos estado viendo en los dibujos animados referencias a automóviles que circulan de manera autónoma, e incluso no tan animados como puede ser el archiconocido coche “Kitt” de David Hasselhof en El coche fantástico (Knight rider) capaz de  hacer todo tipo de hazañas sin que este estuviera a sus mandos.

Pero la historia de la conducción automatizada se remonta a 1912 cuando el diseñador y fabricante de aviones Lawrence Sperry diseñó el primer sistema para estabilizar de forma automática un avión. No fue un sustituto del pilotaje, pero permitió a los pilotos de la época poder realizar otras tareas al mismo tiempo.

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Los automóviles, sin embargo, son muy distintos a los primeros carruajes sin caballos de principios del siglo XX y cuando tomamos los mandos de un vehículo en determinadas ocasiones no podemos hacer exactamente lo que queremos, como por ejemplo el sistema antibloqueo de frenos (ABS) que ayuda a no perder completamente el control del vehículo en situaciones de peligro. En la década de los 80 los coches empezaron a equipar dispositivos que eran capaces de optimizar el combustible de una forma electrónica y, a mediados de la década siguiente el control de estabilidad (ESP) aumentó la seguridad controlando frenos, velocidad y trayectoria. Seguidamente se aumentaron los sensores embarcados para automatizar acciones como encendido automático de las luces, sensores de lluvia para activar los limpiaparabrisas e incluso ayuda al aparcamiento con sensores que alertan de la proximidad de objetos… de ahí el inicio de los vehículos que son capaces de aparcar solos y que a buen seguro a alguno o alguna le ha sacado de algún que otro apuro.

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Recuperando el tema de las aeronaves, es de sobra conocido que hoy en día los aviones comerciales pueden despegar, seguir una ruta programada y aterrizar de manera automática sin intervención del piloto. Del mismo modo en los trenes, y en especial los de rutas urbanas, se tiene la opción de activar sistemas automatizados que liberan al conductor en gran parte de la conducción. Un ejemplo pueden ser los metros de algunas ciudades: Nueva York, Londres, Sevilla, etc.

Todo lo mencionado hasta ahora  ya existía cuando Google, la empresa que comenzó como un buscador de internet, puso en marcha su proyecto de automóviles sin conductor allá por 2009. En 2012 su pequeña flota de vehículos ya había recorrido cerca de medio millón de kilómetros y en 2014 se presentó el prototipo resultado del trabajo de sus investigaciones en donde la ergonomía del vehículo sufría un cambio sustancial dándonos a entender que a partir de ahora el conductor podrá disfrutar como un pasajero más durante el viaje (leer, jugar, etc.) Finalmente en 2016, y habiendo recorrido más de tres millones de kilómetros sin un solo accidente, se habló de la etapa de comercialización que, sin duda está más cerca de lo que nos pensamos.

¿Cómo saben los coches sin conductor lo que hay a su alrededor?

Como bien estaréis pensando, la velocidad de procesamiento de toda la información captada por el vehículo es clave, ya que deben recibir e interpretar más de un millón de mediciones tomadas cada segundo por 64 rayos láser que recrean los 200 metros que hay alrededor del coche. Esta información se complementa a los mapas que previamente tiene cargados el vehículo, un sistema radar, una cámara y un GPS.

coche sin conductor cómo ven lo que hay alrededor

Parece claro que la conducción automatizada promete ser más segura que depender de conductores aburridos, enfadados y un sinfín de adjetivos que no favorecen tener una conducción del todo segura y es que, prevenir no es preferible no solo en medicina sino también al volante.

¿Qué pueden hacer las infraestructuras por la conducción autónoma?

Pero, ¿qué papel juega la infraestructura en todo este mundo de tecnología avanzada? A pesar de que los constructores de vehículos han avanzado de manera independiente y han logrado que circulen de forma autónoma por las carreteras, son conscientes de que para saber cierta información que no está bajo la “visión” del vehículo es necesaria la instalación de dispositivos en las vías que sean capaces de enviar información al conductor, y por lo tanto redundará en un aumento de la seguridad de sus usuarios. Es en este punto en donde Ferrovial tendrá una posición destacada, desarrollando proyectos que ya están en marcha relacionados con el intercambio de información entre vehículo e infraestructura e instalando en un futuro muy cercano elementos que ayuden a aumentar la seguridad de sus usuarios.

Escrito por Iker Guinea Eguiluz el 8 de Marzo de 2017 con las etiquetas: autopistas Coches Conducción autónoma infraestructuras innovación Tecnología transporte

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