Sí, nuestros dedos. Si usted va a cometer un delito, o una infidelidad, o algo peor… cuidado, porque sus dedos le delatan. No es ciencia ficción. La tecnología ya está aquí, y en unos años se va a popularizar. ¿Recuerdan a los precog de Minority Report, capaces de predecir los crímenes antes de que se produjeran, para que así la policía pudiera detenerlos sin que aún hubieran cometido el delito? Pues no hacen falta. Porque nosotros mismos, a través de nuestros dedos, nos delataremos, avisando a las autoridades.

Publicada el 15 de Diciembre de 2017

Piense cuántas teclas pulsa al día. Cuántas veces teclea en el móvil, o en el ordenador, o en la tableta. Es algo mecánico, ¿verdad? Mecánico y breve. Pero ese gesto al que apenas le prestamos atención puede pronosticar que estamos a punto de cometer un crimen.

Si las huellas dactilares supusieron un gran cambio en los métodos policiales para probar la culpabilidad de los delincuentes, y el ADN sirvió más tarde para encarcelar sin duda alguna a personas que habían dejado su rastro bilógico en la escena de un crimen, la tecnología que llega ahora se llama neuroQWERTY… y va a revolucionar nuestras vidas. Y, como toda tecnología, para lo bueno… y para lo malo.

¿Cómo funciona el neuroQWERTY?

NeuroQWERTY parte de la base de que nuestros dedos son una ventana abierta a nuestro cerebro, y gracias a este programa los investigadores están empezando a descubrir cómo descifrar sus mensajes.

Todo se basa en nuestra huella de teclado y en cómo cambia, de la misma manera en que la variación de nuestra temperatura corporal indica que algo está pasando. La huella de teclado es única para cada uno de nosotros, como el ADN o la huella dactilar. De hecho, la forma que tenemos de teclear es tan personal que se ha convertido en una de las maneras más seguras de identificar a una persona. Podrá utilizarse pronto para que nadie pueda suplantar nuestra identidad online, por ejemplo. Esa huella biométrica está formada por la velocidad de tecleo, la repetición de errores, el modo en el que apoyamos la yema de cada dedo sobre cada tecla, lo que tardamos en desplazar la tecla hasta el fondo, la fuerza que empleamos para ello o lo rápido que la liberamos tras pulsarla. Un proceso que apenas dura 100 milisegundos –la décima parte de un segundo-, pero que pone a cien a nuestro cerebro, activando la corteza motora primaria, el área motora suplementaria, los ganglios basales y el cerebelo.

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Esa huella de teclado es única para cada uno de nosotros. Y, una vez establecida, un cambio en el patrón puede indicar muchas cosas: que estamos cansados, enfermos, nerviosos, excitados o que no somos nosotros y alguien está usando nuestra identidad –imaginad que alguien se hace pasar por nosotros en las redes o teclea nuestra tarjeta de crédito para comprar algo-.

Programa neuroQWERTY

El encargado de decodificar todos esos datos es un programa llamado neuroQWERTY, elaborado por el MIT, el instituto tecnológico más avanzado del mundo. En un ensayo con instituciones y voluntarios de diversos países –incluída España- están intentando detectar el Parkinson a través de la huella de teclado hasta diez años antes de que se produzcan los primeros síntomas. Imaginen lo que supone eso si la medicina sigue avanzando al ritmo suficiente para, en unos años, poder ralentizar o incluso frenar el avance de la enfermedad. Parar el Parkinson antes de haber manifestado ningún síntoma.

Y el Parkinson es sólo el primer paso. NeuroQWERTY es el termómetro, y sólo falta ir calibrando reglas para otras enfermedades. O para los delitos. Podría hacerse. De hecho, en el  thriller No soy un Monstruo, neuroQWERTY da ese paso y va más allá. El responsable español del estudio, el doctor Julio Mayol, me dio las pistas para utilizarlo de otra manera. Le pregunté si con este programa se podría detectar a un terrorista suicida antes de que cometiera el atentado. Es posible, contestó, porque su huella de teclado cambiará por la ansiedad o los nervios. Y eso es lo que hacen dos de los personajes de la novela: conseguir la huella de teclado de cientos de simpatizantes yihadistas –a través de lo que escriben en los foros online-, y a partir de ahí detectar los cambios que indican que están a punto de inmolarse, para así poder detenerlo a tiempo. Pero la novela va más allá. ¿Se puede predecir cuándo un pederasta está a punto de cazar a su próxima víctima?

Tendrán que leer No soy un monstruo para saberlo.

¿Imaginan las posibilidades de todo esto?

¿Recuerdan los precog de Minority Report? Pues los tenemos aquí. Pero no son seres metidos en una bañera especial que transmite sus visiones futuristas de crímenes que aún no se han cometido. Son nuestros dedos. Y a ellos no podemos engañarlos.

Escrito por Carme Chaparro el 15 de Diciembre de 2017 con las etiquetas: neuroQWERTY salud Tecnología

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