Aereo

El apartamento de lujo que reivindica la ingeniería y la belleza de las torres de control aéreo

16 de febrero de 2018

Desde hace unos meses la antigua torre de control del aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, se ha convertido en un codiciado apartamento de lujo que puede alquilarse por noches. Aquella torre de control llevaba quince años cerrada y su destino no estaba del todo claro desde que, en 2003, se inauguró una nueva torre como parte del proyecto de ampliación de ese aeropuerto. Afortunadamente por ahora la vieja torre de control de Arlanda seguirá en pie durante algún tiempo más.

“Creo que cada torre de control tiene su propio destino” dice la fotógrafa Carolyn Russo. Russo es autora del libro Art of the Airport Tower que documenta decenas de torres de control en aeropuertos de todo el mundo, “auténticos desafíos para la ingeniería que se presentan vestidos como obras de arte”. Como ejemplo la nueva torre de control del aeropuerto internacional de San Francisco (SFO) obtuvo en 2015 el prestigioso premio “Golden State Award” que otorga el American Council of Engineering Companies (ACEC) por representar “el valor de la intersección entre la ingeniería y el diseño.”

Portada libro Carolyn Russo

“La mayoría de la gente apenas se percata de la presencia de las torres de control, pero Carolyn Russo sabe ver la belleza que hay en ellas,” dice Laura Mollonee. Carolyn Russo dedicó nueve años a realizar todas las fotografías de un libro que espera sirva “para dar a conocer por qué las torres de control son tan especiales e importantes de mantener” en pie más allá de su vida útil.

Torres de control en España

España estrenó su primera torre de control, o más bien una versión primigenia de las actuales torres de control, casi a la vez que adoptaba la aviación comercial. Fue en 1920 en el aeropuerto de Cuatro Vientos (Madrid, 1911) con el levantamiento de “una torre de señales al estilo de los faros marítimos de la época”, explican desde la USCA. Es habitual y natural comparar las torres de control a los faros marítimos; las torres de control son a los aviones lo que los faros son a los barcos. En la práctica, sin embargo, las torres de control encierran una complejidad mucho mayor ya desde antes de su diseño y construcción, incluso antes de determinar cuál será su ubicación.

Parte de esta complejidad tiene que ver con la seguridad aérea y con lo que se denomina “superficies imitadoras de obstáculos” que, entre otras cosas, limita precisamente las alturas máximas de los obstáculos (naturales o artificiales) en las proximidades de un aeropuerto.

Funciones de la torre de control

Así que mientras la función esencial de una torre de control es la de proporcionar a los controladores aéreos una vista completa y libre de obstáculos de casi cada rincón del aeropuerto, de las pistas y de sus alrededores, incluyendo las pistas de rodaje y las rampas de servicio, a la vez la altura de la torre y su ubicación son variables limitadas de antemano, dado que la torre de control supone en sí misma un obstáculo para la navegación aérea. De modo que la torre de control tiene que ser tan alta como sea posible y tan baja como sea necesario, una contradicción fascinante que parece concebida como un juego de lógica para los ingenieros.

No es este el único desafío. Además la torre debe proporcionar un espacio de trabajo libre de ruidos y de vibraciones para los controladores aéreos, y mantenerse estable y operativa frente a todo tipo de condiciones meteorológicas, como el viento y otros fenómenos naturales como los seísmos. La torre debe garantizar además, bajo cualquier circunstancia abarcable, el buen funcionamiento de los sistemas informáticos y de comunicaciones, de climatización, de suministro eléctrico y de los sistemas contraincendios y de seguridad para los controladores aéreos.

Aunque la vieja torre de control aéreo del aeropuerto de Arlanda (en cuya torre de control operativa es posible contraer matrimonio) ha sido reconvertida en un dormitorio de lujo, con magníficas vistas de las pistas de aterrizaje, el verdadero lujo es que la torre de control se mantenga en pie. Si, como decía Carolyn Russo, cada torre de control tiene su propio destino tal vez el de la vieja torre de control de Arlanda es hacer valer la ingeniería y la belleza de las torres de control aéreo.

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