La economía del futuro despertará entre la autopista y el ferrocarril

06 de abril de 2018

De todas las grandes incógnitas tecnológicas que estimulan hoy a los expertos globales, ya sean directivos, investigadores, analistas o periodistas, al menos dos de ellas se juegan su futuro en las grandes infraestructuras de comunicación: el 5G y el coche autónomo. No se crean las promesas de desarrollo inminente con las que se trata de salvar el interés de algunos eventos necesitados de grandes ideas, como el último Mobile World Congress de Barcelona (la sombra del CES Las Vegas es cada vez más alargada). Ni el coche autónomo estará circulando por cualquier carretera y entorno urbano en 2021, por mucho que las alianzas de fabricantes y desarrolladores de software anuncien para esa fecha sus primeros modelos, ni las comunicaciones por 5G superarán, siendo generosos, un 20% del total en 2025.

Logotipo del 5g

Fuente Wikipedia

Quedan demasiadas dudas por despejar todavía en un plazo tan corto. El despliegue de ambos poderosos agentes de cambio se producirá, sí, pero de forma paulatina y se irá focalizando en áreas de interés, geográfico y sectorial, durante los próximos años. Al respecto, una apuesta aparece en todas las estrategias de desarrollo, la que conforman autopistas, aeropuertos y grandes líneas de ferrocarril. Tendrán un enorme protagonismo en la definición de los primeros espacios de conducción autónoma y Europa ha establecido el mandato de que en 2025 los principales corredores estén cubiertos con 5G.

Ya tenemos numerosos ejemplos de implementación de estas tecnologías. En Alemania, el Gobierno ha habilitado la autopista Autobahn 9 para que los principales fabricantes testeen el despliegue de redes 5G.

Samsung y la operadora coreana KDDI lograron transmitir 1,7 gigas en multiconexión, con bajada de vídeo en 8K y subida en 4K, en un tren en movimiento en una prueba realizada en Saitama, Japón.

Iniciativas como el proyecto i-GAME, con respaldo de la Comisión Europea, ha experimentado ya con sistemas interoperables de comunicación entre vehículos para configurar convoyes de transporte en los que algunos camiones ya circulan de forma autónoma. Han recorrido autopistas en Holanda, alimentando así la tesis que sostienen fabricantes como Bosch de que el primer vehículo autónomo que debería ocupar las carreteras debe ser precisamente el camión.

La tecnología 5G está mostrando un abanico de posibilidades inmenso, pero ni todas son realizables, ni todas cuentan con un modelo de negocio que avale su aterrizaje en el mercado. Al menos todavía. Ha recibido, en fin, la etiqueta de disrupción global antes incluso de nacer. El hecho es que se asienta sobre unos paradigmas, como redes de baja latencia, alta capacidad o una cantidad enorme de dispositivos conectados, que ya se pueden experimentar en 4G agregando espectro y a través de sus evoluciones funcionales. Ahí radica, en realidad, la oportunidad que ofrece el estado actual del arte: desarrollar casos de uso sobre redes 4G para generar la demanda y las necesidades que den sentido al 5G.

Imagen que refleja la conexión en la ciudades y dispositivos

Fuente: Pixabay. Autor: Geralt

Samsung y Harman han anunciado un acuerdo con un fabricante de automóviles para incorporar un dispositivo compatible en 5G, pero operativo en 4G. Y aunque Verizon, en la segunda mitad del año, comenzará a comercializar servicios de 5G en los hogares americanos todavía no hay un volumen de dispositivos conectados al Internet de las Cosas que justifiquen esta revolucionaria nueva banda ancha (Estados Unidos, no obstante, tiene unos déficits en el despliegue de su red 4G que podrían provocar un adelanto de los plazos).

La posibilidades de la Industria 4.0 invitan a convertir plantas de producción que ahora están muy cableadas en inalámbricas, pero antes habrá que desarrollar la solución ad hoc, ponerla en producción, probarla y ver si el modelo de negocio, el flujo de ingresos, justifica la inversión.

Plantas de producción conectadas a través de redes inalámbricas

Fuente Pixabay

La demanda será, en efecto, selectiva por entornos geográficos o tipo de cliente, y el despliegue más o menos masivo estará condicionado a la capacidad de las redes 4G. Compañías como Telefónica advierten, en ese sentido, de que no conviene adelantarse ya que si se produce una subasta temprana de espectro para el 5G podríamos estar detrayendo recursos para el desarrollo de otras redes en las que estamos muy focalizados, como la 4G que, de momento, funciona con una evolución espectacular: 2017 registró crecimiento interanual del 125% en tráfico de datos. Las operadoras todavía no han alcanzado el 60% de su compromiso de cobertura con el Ministerio del 4G para 2020, así que en 5G no se alcanzará una red madura en España hasta 2025-2026. Esa es la realidad.

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