Publicada el 27 de Julio de 2018

El Salado es una aldea preciosa en el norte de Colombia. Verde, abundante, y de gentes tranquilas. El 16 de febrero del año 2000 cuatro frentes de las Autodefensas Unidas de Colombia entraron en el pequeño municipio. Tras más de 60 muertos, el resto de la población huyó a localidades cercanas después de presenciar la masacre.

Unos años después varias personas del corregimiento, incluido Don Lucho, se convirtieron en líderes de la vuelta y recuperación del pueblo. El éxodo se invirtió, y los salaeros volvían a cuentagotas a un pueblo sin servicios básicos en que las casa se encontraban ocultas por la  vegetación. Pero, ¿cómo vivir en un lugar sin agua?

Esa es la historia que relata la aventura gráfica El salado, de los hermanos Jiménez, un cómic que cuenta cómo el paraíso es engullido por “el horripilante Zaperoco” (una metáfora del horror) y cómo el agua y la infraestructura tienen un papel crucial en la reforma de un pueblo.

Vivir en un pueblo con unas pocas horas de agua a la semana

Resulta complejo, desde nuestra privilegiada posición, imaginar lo que supone habitar un pueblo fantasma. Debido al clima de la zona, las viviendas deshabitadas habían sido cubiertas en parte por vegetación. Los vecinos que lideraron el retorno tuvieron que entrar al pueblo a golpe de machete.

Pero es aún más complicado visualizar un municipio sin acceso a agua potable. Nosotros acudimos a la cocina y abrimos el grifo, del que sale agua limpia. Algo así es imposible e impensable en según qué zonas del mundo, y El Salado había entrado en una de esas zonas por culpa del abandono.

En el pueblo existía un sistema de acueducto, pero debido al conflicto armado se abandonó. Para cuando Don Lucho y los primeros repobladores volvieron, no podía suministrar agua suficiente, constante ni de calidad. Tres veces a la semana el pueblo ponía en marcha unas bombas eléctricas de coste inasumible para extraer algo de agua del subsuelo y almacenarla en grandes depósitos desde los que distribuían el agua a las viviendas.

Lucho Torres, líder de la comunidad de El Salado, Colombia

Como resultado de este servicio intermitente, las viviendas de El Salado añadieron un elemento más a su construcción: una suerte de pequeño aljibe y tanques plásticos para recoger el ocasional borboteo de agua del pozo. Estas condiciones de conservación del agua distan mucho de ser las mejores.

El agua recolectada en estos depósitos no estaba refrigerada, ni protegida de bacterias. A una latitud de 9º Norte, El Salado es un paraíso tropical, pero su clima ahora perjudicaba la salud de los vecinos. Bacterias como la E. Coli, por mencionar alguna, tienen su tasa de crecimiento óptimo a esas temperaturas (entre 35 y 43 ºC). Resultaba evidente que los salaeros necesitaban agua de calidad.

La importancia de las ONG en la ayuda local

Hacía unos años que la población de El Salado empezaba a recuperarse. Don Lucho y otros líderes habían reunido a las familias de la zona y la noticia del retorno corría de boca en boca por los municipios de alrededor. Todo el mundo estaba emocionado, pero las condiciones poco higiénicas del almacenamiento del agua resultaban más que peligrosas.

En 2009 llegó Fundación Semana dio la voz de aviso: El Salado necesita agua. Llevar agua a un pueblo no es una tarea sencilla. Más aún si el número de familias crece por semanas.

El Salado ya tenía una bomba de agua y un acueducto en un mal estado de conservación, pero incluso la readaptación del sistema actual requería de conocimientos técnicos para su rehabilitación. Es esta fase donde la participación de empleados voluntarios de Ferrovial era necesaria.

Ferrovial, a través de su programa de Cooperación internacional, “Infraestructuras Sociales” abre cada año una convocatoria para que diferentes ONG pongan su proyecto social sobre la mesa. La Fundación Semana, junto con Ayuda en Acción, propusieron ayudar a este municipio colombiano.

Ilustración tipo cómic de Ferrovial

De modo que personal de la compañía acompañó a las ONG al municipio y se analizaron diferentes posibilidades para conseguir el objetivo final: llevar agua potable al pueblo de manera continua. Después de varios estudios y consideraciones por parte de las tres organizaciones, se inició el proyecto de rehabilitación del acueducto, apostando por el bombeo solar como elemento más destacable.

Conocer a la gente local, imprescindible en el proyecto

Empaparse de la cultura local y sus problemas es clave. Cuando Ferrovial entra en este tipo de proyectos no basta con la actitud paternalista de llegar, construir la infraestructura y largarse. Es necesario pensar a largo plazo y analizar las posibilidades del pueblo. Conocer a sus gentes, saber de lo que son capaces.

Aunque cuenta con una escuela y un instituto, El Salado es un municipio con gentes de formación técnica baja, en el que la segunda ocupación por parte de los jóvenes es usar una motocicleta para acercar a sus vecinos a localidades cercanas. Las llamadas mototaxis.

Sin embargo, son estas mismas gentes las que eventualmente se harían con el control de la nueva instalación. Necesitaban formación y conocimientos técnicos, además de una infraestructura reparable de forma asequible y comprensible..

De nada sirve suministrar un equipo de última generación en captación de agua subterránea si en la zona no hay recambios, o si nadie en el pueblo comprende el mecanismo básico. De modo que la propuesta de ingeniería ha de correr pareja a los conocimientos técnicos locales y al poder adquisitivo de los vecinos para futuras tareas de mantenimiento.

Nuestra idea de la cooperación se basa en el autogobierno. El objetivo primario era llevar agua al pueblo, pero de modo que este pudiese autogestionar la infraestructura en el futuro próximo.

Cómo llevar agua a un pueblo y que éste sea autosuficiente

Cuando llegamos a la zona, el acuerdo estaba en muy malas condiciones, los tanques de almacenamiento estaban deteriorados, el servicio era intermitente y la calidad del agua no era apta para el consumo humano. A raíz de esto, se propuso la instalación de un sistema de bombeo fotovoltaico, la instalación de un sistema de cloración para potabilizar el agua y sustitución de los tanques de almacenamiento.

Placas solares en el pueblo El Salado Colombia

El ecuador es rico en Sol, y los paneles solares son una instalación de muy fácil mantenimiento. Además, soluciona el problema del coste eléctrico inasumible para el pueblo y lo hace independiente de la red. Con ello se logró reducir mucho el coste de funcionamiento.

También se renovó el tanque en que el agua extraída era almacenada, y se renovó buena parte de las tuberías que llegaban a las viviendas. Un proyecto de estas dimensiones, que da servicio a más de 1.200 personas, llevó más de dos años de construcción, en la que participaron directamente personas locales. Pero el trabajo no acaba ahí.

Enseñar a usar el agua es un componente clave para la higiene local y la salud. Muchos habitantes de El Salado seguían conservando sus aljibes personales “por si acaso”, y fue necesaria una labor de concienciación social y educación en cuestiones de higiene y de tratamiento y usos del agua potable para que los salaeros se fiasen de la nueva infraestructura.

La entrega de “la carpeta” al cierre del proyecto

Ferrovial participó en el diseño de la propuesta junto con las ONG socias, ayudó a construir las canalizaciones y levantar los paneles solares que hacen que todo pueda funcionar. El presupuesto aportado por Ferrovial y la inversión de tiempo cedido por los empleados voluntarios  de la compañía ha cambiado la vida de las gentes de El Salado.

En este cambio participa lo que internamente llamamos “la carpeta”, un gran archivador repleto de información que constituye el cierre del proyecto. Dentro se encuentra toda la información y datos relevantes de la infraestructura de agua.

¿Lo más importante? Planos de la instalación, garantías de cada uno de los componentes, manuales de instrucciones, tutoriales con preguntas frecuentes para la reparación, lista de proveedores locales y un desglose en detalle de toda la infraestructura.

Antes hemos mencionado que el objetivo es el autogobierno, y la Junta Administradora del Agua quedó como encargada local de la gestión del sistema. Ellos se encargan de contabilizar qué vivienda ha cogido cuánta agua, tramitan las facturas, cobran la tarifa mensual y se encargan de la operación y el mantenimiento de la infraestructura. Con ese dinero será posible efectuar ampliaciones y reparaciones en el futuro sin necesidad de ayuda externa.

Escrito por Cristina Moral el 27 de Julio de 2018

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