Publicada el 7 de Noviembre de 2018

Predecir el futuro no es fácil, pero cuando se deja volar la imaginación los artistas mostraron una visión que en ocasiones se adelantó a su tiempo.

Debido a su propia naturaleza, el término retrofuturismo necesitó que esperáramos hasta los años 80 del siglo pasado para contar con suficiente material como para definirlo. Lloyd John Dunn, artista experimental, lo acuñó a modo de chiste para definir una contradictoria forma de arte entre la añoranza (retro) y lo que está por venir (futurismo). Incluso editó durante un tiempo una revista del mismo título: Retrofuturism donde se trataban todo tipo de tendencias artísticas y tecnológicas relacionadas.

Revistas como ventanas al futuro

portada revistas retrofuturistas
Revista popular science / popular mechanics

El marchamo del retrofuturismo es esa visión idílica y límpida del futuro en la que artistas de todo tipo imaginaban cómo sería en unas décadas la exploración espacial, la robótica o los medios de transporte. Las carreteras y autopistas no eran una excepción y de hecho revistas icónicas de la época de los años 50 y 60 como Popular Mechanics, Popular Science y Modern Mechanix dedicaban artículos, especiales y portadas a mostrar las llamadas «autopistas de los sueños» en las que coches voladores y otros ingenios circulaban de un lugar a otro.

Estas revistas y sus propuestas compartían características: en general basaban sus artículos en noticias sobre avances científicos y tecnológicos reales, pero iban siempre un paso más allá y encargaban a ilustradores e ingenieros dibujos y diseños conceptuales basados muchas veces en descripciones un tanto vagas. Si alguien decía que estaba trabajando en un prototipo de coche volador con cuatro turbinas verticales, el resto no importaba mucho: allá que iba el artista a ilustrarlo con la tradicional familia en su interior, aterrizando en el jardín de su casa sobre el césped perfectamente cortado. Los detalles artísticos eran más importantes que las especificaciones técnicas y de hecho algunos resultaban bastante chocantes – cuando no desafiaban las leyes de la física.

autopistas retrofuturistas

Artistas emblemáticos

Este movimiento contó con muchos artistas emblemáticos, entre ellos Arthur Radenbaugh, un ilustrador y diseñador industrial que trabajó entre otros para la industria de la automoción. Sus ilustraciones mostraban nuevos diseños de automóviles circulando a toda velocidad por autopistas de ensueño: coches ultrarrápidos, autónomos, voladores… Al respecto es muy interesante el documental Closer Than We Think (2017, Brett Ryan Bonowicz) en el que se muestran muchos de sus diseños, técnicas de trabajo y la opinión de expertos.

viñeta retrofuturista automóviles
Arthur Radebaugh
coches retrofuturistas
Autor: Arthur Radebaugh

Uno de sus trabajos más populares fue una tira dominical llamada Closer than we think («Más cerca de lo que creemos») que ilustraba alguna idea futurista basada en las noticias que iban surgiendo. En ellos podemos una «Autopista con un rayo mágico», una idea propuesta por General Motors y RCA para incluir guías en el pavimento que servirían para enviar impulsos eléctricos a modo de señales a los vehículos que circularan sobre ellas. De este modo se podría controlar el volante, el freno y el acelerador y hacerlos autónomos. En otro de sus trabajos se ve una «Máquina constructora de autopistas», básicamente un mecanismo como el de las gigantescas tuneladoras con las que se excava bajo tierra: la máquina podría ir asfaltando la vía a medida que avanzara –como las asfaltadoras actuales– o también perforar, si fuera menester. Lo más futurista: una flotilla de helicópteros irían transportando las materias primas hasta un depósito en la parte superior, para que la mastodóntica máquina pudiera trabajar sin descanso. Hasta ahí no hemos llegado… todavía.

Ciudad retrofuturista
Fuente: Klaus Buergle

Otro de estos artistas emblemáticos fue Klaus Bürgle, en cuyo impresionante volumen El Nuevo Universo (1959) se muestran futurísticas infraestructuras en forma de ciudades, vías férreas, autopistas y túneles subterráneos. Muchas de las ideas recurrentes: los monorraíles, los coches guiados y los pasos elevados por todas partes.

Disney también hizo soñar con autopistas a toda una generación

Pero quizá uno de los ejemplos más espectaculares de este retrofuturismo sea el documental animado Magic Highway, U.S.A. (Ward Kimball, 1958). Encargado originalmente por Disney, trata de explicar la importancia de las autopistas en el desarrollo de la sociedad, para lo cual presentaban todo tipo de avances que «se verán en las autopistas en un futuro cercano». En algunos acertaron y en otros… no tanto.

Entre otras cosas se hablaba de que debido a la alta velocidad que llevarían los coches del futuro se necesitarían señales de tráfico más grandes y con más visibilidad (algo así como los paneles digitales LED actuales) e incorporarían información del tráfico y boletines informativos – algo que ya hacen, además de las que encontramos en paneles publicitarios y en el smartphone o la pantalla del propio coche. En la predicción del documental las autopistas estarían iluminadas por «luces inteligentes», algo que ya se ha comenzado a experimentar en Noruega: alumbrado que sólo se enciende cuando circulan los coches por su recorrido.

En la película se habla acerca de que el firme de las autopistas incluiría un sistema calefactor para el invierno, para derretir el hielo, algo con lo que también se ha experimentado. Y ni siquiera Disney ni Kimball hubieran soñado con materiales como los del asfalto autorreparable, que gracias a sus fibras de lana de acero puede prolongar su vida tras ser calentado por inducción (sin contacto).

Naturalmente en esa «autopista mágica» del futuro los coches llevarían radar en el parabrisas (que no es muy distinto del LIDAR que equipan muchos coches autónomos y drones), los retrovisores serían una «pantalla de televisión» (muchos ya incluyen esas cámaras traseras). Cuando hablan de que «sólo hay que decirle al coche dónde se quiere ir y ¡listo! a relajarse con la familia» es lo parece que estén hablando del Nivel 5 de autonomía de los estándares actuales: cuando ni siquiera se necesita volante. Los teléfonos móviles que llevamos en el bolsillo son por supuesto capaces de trazar esa ruta para ir a cualquier sitio, y además cada vez son más inteligentes.

También se habla de grandes camiones con tráileres controlados desde una base central de forma remota –algunos modulares que se enganchan como los trenes– algo sobre lo que se sigue hablando actualmente y que muchos creen será lo primero que veamos realmente práctico en las autopistas: camiones autónomos y seguros como el Tesla Semi, capaz de transportar 40 toneladas durante 800 km sin repostar. De hecho los impresionantes trenes de carretera que circulan por Australia son exactamente lo mismo aunque con conductor.

Infraestructuras del futuro

En el documental de Disney se habla también de «impresoras de puentes» que serían similares a lo que hoy en día conocemos como impresoras 3D y que pueden utilizar tanto plástico como metal, hormigón y otros materiales (esta pasarela en Amsterdam se está construyendo con esa técnica). Es un paso más allá a los puentes con piezas prefabricadas que también se mencionan y que es algo ya habitual bajo los conceptos de la prefabricación y la construcción modular.

Pero también hay que reconocer que el documental no fue capaz de predecir cuándo llegarían algunas de las tecnologías e infraestructuras, o de qué forma o simplemente falló en la predicción. Por ejemplo, se imaginaban gigantescos viaductos en voladizo en las paredes de los cañones, algo que no es práctico –y menos para una autopista– excepto a modo de pasarelas peatonales. También imaginaban autopistas dedicadas al comercio… con destino a los espaciopuertos de los que despegarían cohetes a otros mundos.

Quizá las ideas más locas y menos prácticas sean también las más divertidas: desde un reactor atómico para excavar túneles (era la época en la que todo lo «atómico» sonaba estupendamente), las flotas de robots voladores para recoger coches averiados (¿no basta hacerlo por carretera?) o las autopistas por lugares imposibles: desde la autopista transcontinental bajo los océanos – algo que tiene unas dificultades técnicas increíbles a la estrambótica autopista con aire acondicionado, que permitiría a los coches viajar en una especie de «tubo de cristal refrigerado». ¿Acaso no basta con aire acondicionado dentro del vehículo?

En cualquier caso todos estos inventos y escenarios hicieron soñar a toda una generación y quién sabe si habrán inspirado muchos de los avances de los que disfrutamos hoy en día.

Escrito por Álvaro Ibáñez el 7 de Noviembre de 2018

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