Autopistas

Un viejo sendero, una ruta del diablo o de cómo la ingeniería acabó con medio siglo de maldiciones

25 de enero de 2019

“El diablo está fuera de aquí. Nos despedimos y le decimos hasta nunca”. Corría el año 2003 cuando Rhonda Faught, entonces secretaria de transporte del estado de Nuevo México, en Estados Unidos, ponía fin a una carretera maldita con estas palabras. Así lo recogen las crónicas del momento en el Albuquerque Journal. Faught se mostraba triunfal en el acto en el que la Ruta 666, conocida durante décadas como la ruta del diablo, pasaba a llamarse Ruta 491.

Nunca un cambio de nombre había significado tanto. El número de accidentes se desplomó claramente. Dejaron de llegar informes de sucesos extraños. De golpe y plumazo, esta carretera, construida siguiendo el trazado de un antiguo sendero entre México y Estados Unidos, había cambiado su destino. La historia no es ficción. Pero sí tiene una explicación mucho más racional.

Diligencia Ruta 666

Un camino para nativos y comerciantes

De cómo los antiguos caminos se convirtieron en asfalto ya hemos hablado antes. Los pasos labrados por siglos de pisadas dieron lugar a estrechas vías para carretas y diligencias, rudimentarios trenes y, con la fiebre del motor de explosión, carreteras. La historia de la Ruta 666 no es diferente. Antes de que su nombre se asociase al número de la bestia (según la Biblia), este trazado se conocía como el Viejo Sendero Español. El old Spanish trail.

Este antiguo camino o, más bien, conjunto de caminos, unía los asentamientos en las zonas que hoy ocupan Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, California y Baja California. Fue muy utilizado durante la primera mitad del siglo XIX, ya que era una de las rutas de comercio principales entre México y Estados Unidos. A mediados de siglo, la guerra entre México y Estados Unidos dibujó nuevas fronteras en el mapa y el camino perdió utilidad. Sobre todo, porque su trazado entre montañas, cañones y ríos lo hacía poco práctico.

Hoy, el Viejo Sendero Español tiene su propia asociación y está reconocido como una de las rutas históricas protegidas de Estados Unidos. Parte de su trazado fue integrado en los años 20 en el sistema nacional de carreteras. En 1926, la ruta principal pasaría a ser denominada 666, según recoge Richard F. Weingroff. Un número más que lo identificaba como el sexto ramal de la carretera 66.

La carretera, desde entonces, recorre los estados de Colorado, Utah y Nuevo México, así como las reservas de nativos americanos Navajos y Ute Mountain. Pasa incluso cerca de algunos lugares sagrados para estas tribus. Entonces, ¿en qué momento una carretera antigua, usada durante décadas, nombrada por casualidad dentro de un sistema numérico empieza a estar maldita?

Tramo autopista ruta 66

Una maldición de asfalto

Entre 1985 y 1992, 22 personas fueron mortalmente atropelladas en la Ruta 666. En 2001, 15 murieron en accidentes de tráfico. En 2002, 11 fallecidos. En los años 90 del siglo XX, la carretera formaba parte de la lista negra de Estados Unidos con las 20 carreteras más peligrosas del país. Los números se repiten en las hemerotecas y en los discursos de los políticos locales de aquellos años. Para una parte de la población, de creencias cristianas, la causa de las fatalidades estaba clara: la carretera estaba maldita.

El problema es que, nunca mejor dicho, los números los carga el diablo. Las cifras de fatalidades se referían a un segmento muy concreto de carretera. Un tramo de pocos kilómetros que discurría al norte de Gallup, Nuevo México. El resto de la carretera y, en especial, los tramos de Colorado y Utah, presentaban cifras de accidentes y fallecimientos por debajo de la media nacional.

Aun así, estas cifras, unidas a los tres seises, fueron suficientes para alimentar las leyendas. Empezaron a escucharse historias de skin-walkers, seres fantásticos de la cultura navaja que pueden convertirse en animales, y apariciones de sabuesos del infierno que corrían detrás de los coches en las zonas más solitarias de la carretera. Incluso hubo algunos informes de camiones demoníacos envueltos en llamas que perseguían a los viajeros.

Ruta 666

Cambio de nombre, ¿fin del problema?

Las autoridades dijeron basta. Según cuenta el New York Times, tras analizar los datos, los gobernadores de Colorado, Utah y Nuevo México decidieron iniciar una campaña para cambiar el nombre de la carretera. Así, en mayo de 2003, el deseo fue concedido y la Ruta 666 pasó a llamarse Ruta 491. La primera consecuencia fue inmediata, pero no tuvo que ver con la maldición. Las señales con los tres seises empezaron a desaparecer de la carretera y a aparecer en webs de subastas.

Poco después del cambio de nombre, se registraron otros dos accidentes mortales con seis víctimas, según recoge el Albuquerque Journal. Fue entonces cuando las leyendas del número maldito se difuminaron y se escucharon las voces que llevan años insistiendo en un mismo mensaje: la carretera tenía un trazado peligroso, estaba mal asfaltada y soportaba demasiado tráfico para sus características.

Así que las autoridades cambiaron de estrategia. Desde 2003, varios tramos de la Ruta 491 a su paso por Nuevo México han sido reformados. Se han construido dos carriles en cada sentido, se ha mejorado el trazado y el pavimento y, en las zonas con mayor congestión, se han colocado pasos elevados para los peatones.

Según el departamento de transporte del estado, en los tramos en los que se han aplicado mejoras, los números han caído drásticamente. Aquellas zonas en las que la carretera sigue siendo una vía antigua y estrecha de dos carriles, la tasa de accidentes casi cuadriplica la media del país. De las leyendas y la maldición apenas quedan ya rastros más allá de las tiendas de souvenirs.

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