Publicada el 22 de Abril de 2020

Los medios de transporte nos permiten hoy llegar a casi cualquier punto del planeta más rápido que nunca. No solo eso, sino que el volumen de personas que se mueven en un mundo interconectado es cada vez mayor. Las carreteras han jugado un papel central en el aumento de la conectividad de las últimas décadas. Una situación de la que los virus han sabido sacar partido.

El papel de las carreteras en las epidemias

En 26 diciembre de 2013, en el pueblo de Meliandou, en Guinea, un niño llamado Emile Ouamouno contrajo el virus del ébola. Nunca llegó a saber que sufría la enfermedad, pero para cuando falleció cuatro días más tarde, el contagio estaba en marcha. La situación era ya incontrolable cuando las autoridades sanitarias fueron conscientes del brote tres meses más tarde.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria en agosto de 2014, cuando el brote ya afectaba también a Sierra Leona y Liberia. Desde ese momento hasta que se detectó el último contagio, el 28 de abril de 2016, la epidemia dejó más de 11.000 muertos y cerca de 30.000 contagiados. El peor brote de ébola de la historia.

El ébola siempre ha sido una enfermedad terrorífica, que mata a uno de cada dos infectados. Pero hasta el brote de 2013 había sido una enfermedad bajo relativo control. Los brotes se habían dado siempre en poblaciones aisladas, remotas y mal comunicadas. Pero la situación cambió con el siglo XXI. En los más de 40 años que van desde que se detectó por primera vez la enfermedad en 1976 hasta la actualidad, casi todos los países africanos construyeron más y mejores comunicaciones que nunca antes. 

Los virus siempre han sabido aprovecharse de las redes de comunicaciones humanas. Como señalan investigadores de la Universidad de Oxford en el paper Global Transport Networks and Infectious Disease Spread, los medios de transporte han jugado un papel clave en la expansión de las enfermedades. Pero, ¿qué pueden hacer para frenarlas?

Hacia una mejor monitorización de las comunicaciones

Mapa de la pandemia de COVID-19 **Mapa de la pandemia de COVID-19 elaborado por la Organización Mundial de la Salud. | OMS

La COVID-19 y el ébola no son enfermedades comparables. Una es mucho más contagiosa, la otra mucho más letal. De hecho, son dos parámetros que se suelen relacionar inversamente cuando hablamos de virus. Aun así, el ritmo de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus no tiene precedentes. Más de un millón y medio de contagios (contando solo los oficiales) repartidos por todo el globo los primeros 100 días.

Se había experimentado ya un patrón similar con otros brotes recientes, como el de MERS en 2013 o de la gripe A (H1N1) en 2009. Tal como señalan los investigadores del MIT y la Universidad de Southampton en el artículo ‘Mapping road network communities for guiding disease surveillance and control strategies’, no puede ignorarse que el crecimiento de las redes de transporte ha sido un factor clave para impulsar la velocidad y el alcance de la propagación de enfermedades.

A pesar de que las conexiones aéreas y marítimas permiten movimientos más rápidos y a mayor distancia de patógenos y vectores, la gran mayoría de los movimientos se producen en distancias más cortas a través de carreteras. De hecho, el control de las vías de comunicaciones terrestres fue una de las primeras medidas que tomaron las autoridades chinas en Wuhan. Desde entonces, muchos otros países las han imitado.

Sin embargo, el cierre físico afecta seriamente a la economía y no tiene por qué ser siempre la salida. “El control y la monitorización, gracias a la tecnología, permiten atajar la epidemia sin tener que cortar las comunicaciones”, explica José Javier García Pardenilla, gerente de Ditecpesa, compañía de Ferrovial:

“Además, para no comprometer la privacidad de los datos, se pueden controlar flujos de personas en lugar de individuos, que es lo que ha hecho, por ejemplo, Corea del Sur”.

El caso del país asiático ha sido paradigmático. Las autoridades coreanas controlaron desde el primer momento los movimientos de sus ciudadanos, rastreando primero las transacciones de las tarjetas de crédito y después los teléfonos móviles. Medidas tan severas serían de difícil implantación en occidente, pero sí se pueden obtener resultados similares sin comprometer la privacidad de las personas.

Los investigadores del MIT y la Universidad de Southampton sostienen en su artículo que debemos avanzar hacia una modelización precisa de los movimientos de la población, analizando tanto las rutas como los medios empleados. Según sus conclusiones, este conocimiento sobre los flujos de personas y mercancías permite conocer mejor los patrones de circulación de los patógenos.

Esta información debe, a su vez, permitir el desarrollo de estrategias transfronterizas, comunes entre países, para controlar la expansión de enfermedades y minimizar los impactos económicos de posibles brotes. Es decir, datos, control e integración para atajar las epidemias sin cortar las comunicaciones, fundamentales para el mundo tal y como lo conocemos hoy.

El transporte público y el vehículo privado frente a la pandemia

Transporte Público y Covid **El transporte público se ha visto muy condicionado por la pandemia actual. | Unsplash/José Gasparian

Entre el 10 y el 31 de marzo de este año, la afluencia de personas a las estaciones de transporte público en España cayó un 88%. En Italia un 87%. Son datos publicados recientemente por Google. Moovit, una app de movilidad, mostraba números parecidos tras la primera semana de confinamiento, con una caída del 82% en el uso del transporte público en Madrid o un 83% en Milán, dos de las ciudades más castigadas por la pandemia de COVID-19.

El papel del transporte público en las ciudades y entre ellas sigue siendo fundamental. Sin embargo, se han registrado caídas en su uso diario debido, fundamentalmente, a la menor movilidad de las personas. García Pardenilla sostiene.

“El transporte público se ha visto muy condicionado por esta situación”  “Además, la probabilidad de contagio en un metro o un autobús es más elevada, como se visto en Madrid o en Nueva York. Más allá de polémicas, en las ciudades se han disparado los contagios porque hay mucha gente junta” 

Ante esta situación, el transporte individual por carretera gana más peso. Como señala Jean-Paul Rodrigue en ‘The Geography of Transport Systems’, los sistemas de transporte público deben mantenerse, ya que son esenciales. Pero deben establecerse ciertas medidas de control, automatizando su operación al máximo y eliminando el contacto entre pasajeros y operadores o conductores, evitando que estos se conviertan en vectores de la enfermedad.

En cuanto al transporte individual, se convierte en la opción más segura, permitiendo que la actividad continúe en la medida de lo posible, reduciendo mucho el riesgo de contagio si se mantienen las precauciones, y garantizando que los suministros esenciales no dejen de llegar a hogares, mercados o centros sanitarios.

La carretera, clave en la distribución de suministros

Las redes viarias son esenciales para mantener un flujo ininterrumpido de suministros, permitiendo el transporte de bienes esenciales entre regiones y países. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, lleva semanas advirtiendo de que el bloqueo de las rutas de transporte es particularmente perjudicial para las cadenas de suministro de alimentos frescos y puede dar lugar también a un aumento de los niveles de pérdida y desperdicio de alimentos.

De hecho, la organización asegura que el sector alimentario es poco vulnerable a las crisis (la demanda de alimentos es poco flexible), pero su gran desafío está en la complejidad de las cadenas de valor alimentarias y la importancia del comercio y el transporte, algo que en este momento podría volverlo muy vulnerable.

transporte durante el Covid **El transporte por carretera es esencial para asegurar la disponibilidad de las mercancías. | Unsplash/Free To Use Sounds

Además de garantizar el transporte de mercancías, las vías de comunicación terrestre son también la única forma de asegurar la distribución directa a los hogares. José Javier García Pardenilla subraya:

“La carretera es la única que te proporciona transporte punto a punto. Permite recibir comida u otras mercancías en casa, sin necesidad de salir. De hecho, las empresas de reparto toman especial relevancia en esta situación de pandemia y confinamiento”

Aunque todavía es pronto para tener datos definitivos sobre cómo la pandemia de COVID-19 ha afectado al comercio electrónico y a la distribución de última milla, valga como ejemplo la estrategia de Amazon. El gigante del ecommerce se ha reforzado con 100.000 nuevos empleados solo en Estados Unidos para hacer frente a un previsible aumento de la actividad.

Por último, en una situación como la actual y, sobre todo, en el mundo que veremos después de la pandemia, es probable que el aumento del teletrabajo influya en una mayor dispersión de la población. Y esto a su vez generaría un mayor uso de las carreteras. Un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid en 2017 ya apuntaba a que aplicar el teletrabajo como norma reduciría mucho los viajes por motivos laborales, pero dispararía otro tipo de desplazamientos.

Un futuro autónomo

“En el futuro, la presencia de vehículos autónomos, privados o públicos, para transporte de mercancías o de personas, podría reducir mucho más el contacto entre personas. El conductor es un posible vector de la enfermedad que desaparece en los transportes autónomos”

reflexiona el gerente de Ditecpesa. De hecho, el despliegue masivo de transportes autónomos y conectados lograría no solo reducir los riesgos de contagio, sino mejorar la monitorización de los brotes.

Mientras el desarrollo de las tecnologías autónomas avanza, su despliegue se encuentra en un momento de incertidumbre debido a los posibles riesgos para la seguridad y la indefinición legislativa.

Sin embargo, con medio planeta confinado por culpa de una pandemia, algunas de las ventajas de los medios de transporte autónomos parecen más evidentes. Coches sin conductor que dejen a cada pasajero en su casa, minimizando el contacto social. O furgonetas de comida a domicilio que eliminen la necesidad de contar con un intermediario humano.

En definitiva, la tecnología aplicada a la gestión y el uso de carreteras puede hacer más para evitar futuras pandemias sin tener que cortar las comunicaciones de un mundo cada vez más global y conectado.

Escrito por Juan Samaniego el 22 de Abril de 2020

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