Publicada el 23 de Diciembre de 2020

En estas fiestas tan especiales y tan distintas supongo que todos añoramos nuestras “Navidades”, nuestras tradiciones y sobre todo nuestra gente. Desde que tengo uso de razón las Navidades para mi tienen un lugar de referencia, la Plaza Mayor de Madrid. Cuando era pequeña un día muy especial del año era en el que íbamos a comprar nuestro árbol de Navidad. Recorríamos cada uno de los puestos de la Plaza Mayor hasta que encontrábamos el ideal, el de las tres B: Bueno, Bonito y Barato. Esos días la Plaza me parecía más grande que nunca, era una plaza bulliciosa que olía a Navidad y a bromas. Ahora que lo pienso es curioso como desde niña la plaza para mí ha sido un sitio de referencia y familiar. Cómo ha ido cambiando desde esos recuerdos familiares de tardes de fin de semana, pasando por la de ser el centro de tu actividad profesional y preocupación diaria, hasta el día de hoy en el que tengo la sensación de que pase lo que pase sigue ahí, inalterable para recordarnos que lo de verdad es importante no cambia.

La Navidad que pasamos con las obras de rehabilitación de la Plaza Mayor me di cuenta que la plaza en esa época se transforma, se vuelve mágica, se llena de luces y los sonidos de petardos, matasuegras, panderetas… te transportan sin querer a medida que el día va cayendo. Sus terrazas desaparecen para dar paso al tradicional mercadillo de Navidad y los turistas se confunden entre las familias que acuden a por el pastorcito, el musgo, el gorrito tendencia del año o el bocata de calamares.

la Plaza Mayor

Descubrí las diferentes plazas mayores que hay dentro de ella: la más popular seguramente en la que ves pasar cientos y me atrevería a decir miles de turistas al día, pero también hay una plaza de los que trabajan en ella diariamente, los que la ven despertar, la mantienen y una plaza de los que viven o han vivido en ella, que la cuidan y la defienden. Pero también descubrí una plaza con mucha historia en sus rincones, puedo deciros que cada uno de los elementos que restauramos y protegimos han quedado en mi recuerdo para siempre y despertaron mi curiosidad. En este proyecto fuimos conociendo muchas de ellas y reconozco que, así como uno quiere saber todo de alguien que quiere, la historia que tenía cada una de sus piedras fue despertando aún más mi curiosidad.

Una de las primeras cosas con las que me encontré fue con sus orígenes y su renacer de las cenizas hasta en 3 ocasiones. La Plaza comenzó siendo el mercado a las “afueras” de la ciudad conocido como el de la “plaza del arrabal”, flanqueando la estatua de Felipe III tenemos la Casa de la Panadería y la Casa de la Carnicería que nos recuerdan este origen. Pero la Plaza sufrió hasta tres incendios el más violento el último de ellos.

Los incendios de la Plaza Mayor

Eran las 11 de la noche del 16 de agosto de 1790, esa noche pasaría a la historia como la noche en la que se declaró el último gran incendio que asoló la Plaza Mayor de Madrid.

Según los reporteros de la época se originó en la habitación de un mercader entre la Calle Toledo y el Arco de Cuchilleros extendiéndose hasta el Arco de la Calle Toledo y la antigua Puerta de Guadalaxara (situada en torno al Número 49 de la Calle Mayor).

 

Incendio de la Plaza Mayor 1790

El incendio no sólo destruyó parte de la Plaza Mayor sino que se extendió hasta la plaza del Conde de Barajas y lo que hoy conocemos como el Mercado de San Miguel. Fue necesario desplegar todos los conocimientos de los arquitectos y maestros de obras de la época para frenar el avance incesante de las llamas. Cuenta el memorial cómo el mismísimo Francisco de Sabatini, arquitecto mayor del Rey, no se apartó en toda la noche de La Real Casa de la Panadería, que por aquella época albergaba la Real Academia de la Historia. También cuenta cómo fue necesario inlcuso demoler algunas construcciones para frenar el avance de las llamas.

Plaza Mayor Madrid

Juan de Villanueva, historia de la Plaza Mayor

Fue así como Juan de Villanueva entraría a formar parte de la historia de esta Plaza junto con Juan de Herrera, de que tiene una gran influencia, y Juan Gómez de Mora. La obra más conocida de Juan de Villanueva es el edificio del Gabinete de Historia Natural, nuestro hoy queridísimo Museo del Prado.

En 1791 se publica el plan obra de Villanueva para reedificar la Plaza Mayor y evitar que un cuarto incendio se propagara por la plaza. Este plan llegó a mis manos nada más aterrizar en la plaza. Me llamo la atención que algo tan emblemático para nuestro Madrid tuviera un plan de reconstrucción tan claro y sencillo.

Prohibía el uso de la madera, especialmente en elementos estructurales y medianeros. Con ello, Juan de Villanueva marcaba el firme propósito de evitar que una tragedia como la sufrida aquel 16 de Agosto de 1790 volviera a repetirse.

“Paredes de medianería de solo ladrillo, sin entramados, carreras, ni guiones de madera…”

¿Fue siempre de color rojo la Plaza Mayor?

Otra de las historias “curiosas” fue la revelación de su color o por lo menos el color que yo recordaba desde mi infancia. Si alguien me hubiera preguntado de qué color era esa plaza en la que daba vueltas con mi padre o veía a los artistas pintar hubiera respondido sin dudar ROJO!. Cerrad los ojos por un momento ¿sois capaces de imaginar la plaza de otro color? Cuando rebuscando encontré esta foto para mi fue toda una revelación. Para los más jóvenes la mujer que aparece en la foto es Lina Morgan, artista, pero si miráis al fondo podéis ver la plaza de un color al que no estamos acostumbrados.

Lina Morgan en Plaza Mayor

Cuando voy de visita a la Plaza Mayor y veo a los niños, entre ellos mi hijo, me imagino aquella plaza de antaño, de color marrón, en la que los árboles y los tranvías llenaban su espacio, en la que se jugaba como en un parque. En ella la gente se sentaba en sus bancos a esperar el transporte que les llevaría a su destino, ajenos a los cambios que transformarían este espacio hasta llegar a nuestros días. La Plaza era una plaza distinta, verde, con bancos, fuentes, autobuses, tranvías y buhardillas pero a la vez la misma que hoy disfrutamos, en el corazón de Madrid punto de referencia para madrileños y visitantes, en la que compramos nuestras figuras de Navidad.

la Plaza Mayor en 1930

Plaza Mayor con árboles

Vidas, historias y leyendas

Muchas vidas y leyendas rodean a la plaza, son cuatro siglos en los que ha visto crecer y transformarse la ciudad de Madrid desde su privilegiado emplazamiento. ¿Os imagináis cuántos secretos guarda? Desde una de sus esquinas, una de las más conocidas, el Arco de Cuchilleros se alentó a los madrileños a alzarse contra las tropas de Napoleón, germen de la guerra de la independencia. Desde un púlpito situado en esta esquina (que aún hoy se puede ver) el fraile Antonio del Convento de San Gil se encargó de ello. Probablemente si has pasado por delante de él te haya pasado desapercibido, apenas una barandilla y una “calle”, de las más cortas y curiosas de Madrid, la Calle de la Escalerilla de Piedra.

Subir por estas escaleras del Arco de Cuchilleros, aún en los días en los que lo hacía ataviada con mi casco y mis botas, me provocaba la sensación de ser una intrépida aventurera en busca de un tesoro. La leyenda de Luis Candelas quedó en mi memoria para siempre en parte, creo que exagerada, por mis padres. Vivió en Madrid este bandolero que cuenta la leyenda era uno de esos Robin Hood que tanto nos gustan. Se escondía y huía de los encierros por las cuevas que se situaban bajo el desnivel de la Calle Mayor con la Cava de San Miguel, siglos antes el foso de la muralla que rodeaba Madrid. Muchas son las historias sobre Luis Candelas, sus correrías y amoríos por aquel Madrid, pero a mí se me quedó grabada la historia que contaba que una de esas cuevas llevaba al escondite del tesoro de Luis Candelas. ¡El tesoro se encontraba ni más ni menos debajo del caballo!

el Arco de Cuchilleros

Luis Candelas fue apresado y ejecutado cerca de la Puerta de Toledo y célebres son sus últimas palabas “Adiós patria mía, sé feliz”.

Un siglo después la Plaza Mayor, como muchas otras partes de Madrid, fue testigo inalterable de la Guerra Civil gracias a la estructura que se construyó para protegerla como en muchos de los monumentos que han sobrevivido hasta nuestros días.

La Plaza Mayor durante la Guerra Civil

Muy pronto descubrí que bajo sus pies la estatua ecuestre de Felipe III no ocultaba un tesoro sino un aparcamiento que obligó a excavar la plaza a finales de los años 60, transformando para siempre la imagen arbolada que antes tenía la plaza. Pero bajo sus soportales aún se conservan las antiguas bóvedas de ladrillo que son las entrañas de cada uno de esos edificios que rodean y conforman nuestra plaza que tienen una historia y son parte de nuestra historia, sus arcos han sido testigos de la transformación vivida durante siglos.

La Plaza Mayor durante la Guerra Civil

Muchas, muchas historias tiene la Plaza Mayor:  anécdotas, curiosidades, personajes y personalidades. Pero lo mejor de todo es que cada día en ella nacen muchas más, algunas las sabremos, las conoceremos y otras se quedarán entre sus paredes para siempre sólo Felipe III desde su caballo será testigo de ellas.

La Plaza es parte de mi historia y cada vez que lo necesito me lo recuerda. Cuando finalizó el confinamiento fue el primer sitio al que regresé, me situé en el centro bajo los pies de Felipe III cerré los ojos, respiré hondo y pensé “Todo está bien, sigues aquí, todo pasará”.

Escrito por Laura Soler Murolas el 23 de Diciembre de 2020 con las etiquetas: Conservación y restauración Corporativo

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