el aeropuerto acuático de Kansai
Corporativo

El primer aeropuerto del mundo construido sobre el agua

11 de junio de 2021

Tras el anuncio reciente de que el aeropuerto acuático de Kansai, en Japón, está a punto de someterse a otro proyecto de renovación, qué mejor momento para echar un vistazo a la edificación original del primer aeropuerto del mundo construido íntegramente sobre el agua. Construido entre 1987 y 1994, quienes lo visitan siguen quedándose atónitos ante esta impresionante obra de ingeniería, a la que a menudo se hace referencia como una de las más bellas del mundo.

¿Por qué Japón construyó un aeropuerto sobre el agua?

Formado por cuatro islas principales, debido a su situación geológica, su clima y su topografía, Japón es propenso a los desastres naturales como terremotos, tifones y tsunamis. Situado en el famoso Cinturón de Fuego del Pacífico, se calcula que casi el 40% de las catástrofes más costosas del mundo han tenido lugar en sus costas.

Desde el punto de vista arquitectónico, los estragos causados por las catástrofes son más evidentes en los edificios construidos sobre vertederos, que acaban licuados. Todo ello, no solo hacía que fuera aún más inviable la construcción de un aeropuerto de 3 millones de toneladas sobre el agua, sino que además planteaba la duda de si realmente era necesario intentar construir en el mar.

En la década de 1960, el aeropuerto de Haneda, en Tokio, era el principal punto de importación y exportación de Japón; de forma que incluso las mercancías que entraban y salían del propio distrito económico de Kansai, en Osaka, tenían que pasar por la capital. Los dirigentes de Kansai sabían que era necesario aumentar la capacidad internacional de su propio aeropuerto de Itami si querían competir con la capital y obtener beneficios económicos.

Una respuesta novedosa

Inmediatamente se concluyó que no era viable ampliar el aeropuerto de Itami dada su proximidad a las zonas habitadas y a su espacio limitado. Entonces, en un momento de inspiración, se decidió construir el aeropuerto en una isla artificial en la bahía de Osaka, a unos 50 km del centro de la ciudad. Al no causar prácticamente molestias en la zona residencial, la nueva instalación podría funcionar las 24 horas del día. De esta forma, sería tan atractivo como Tokio para el transporte aéreo de mercancías y los viajes de negocios y de placer. Los ingenieros se pusieron rápidamente manos a la obra para crear la isla de 4 km de largo y casi 1200 m de ancho que albergaría el aeropuerto.

¿Cómo se construyó un aeropuerto sobre el agua?

La construcción de islas artificiales no era nada nuevo para los japoneses, que llevaban mucho tiempo edificando en la costa. La diferencia era que esta vez se iba a construir a 5 km de la costa, en aguas de 18 m de profundidad donde el fondo del océano era un terreno de juego muy diferente. A tal profundidad, el edificio tendría que apoyarse en dos capas distintas del lecho marino. La primera, una capa de arcilla aluvial de 100 m de profundidad no supuso ningún problema para los hábiles y experimentados ingenieros, y se superó fácilmente con la inserción de drenajes de arena.

Sin embargo, la segunda capa de arcilla diluvial de 1000 m de profundidad resultó ser un rival más difícil, ya que no se podía alcanzar con el drenaje de arena y nunca se había construido sobre ella. En consecuencia, nadie sabía cómo se comportaría. Se tomaron muestras y se realizaron un sinfín de pruebas para determinar de qué estaba compuesta esta capa, su respuesta bajo presión y cómo afectaría a la estructura. Con estimaciones de hundimiento que oscilaban entre los 6 y los 8 m, tras estudiarlo detenidamente se decidió optar por la opción menos generosa, y en enero de 1987 comenzaron las obras.

Profundos problemas

La colosal tarea se inició con la fortificación el lecho marino con una capa de arena de 1,5 m y la inserción de un millón de drenajes de arena. Estos, al ser presionados por el peso del aeropuerto, absorberían el agua de la arcilla, provocando su endurecimiento y acelerando el asentamiento. A continuación, se construyó un dique de 11 km, formado por casi 70 cámaras de acero de 200 toneladas, enormes piedras y 48.000 tetrápodos.

Una vez completado, se colocaron estratégicamente dentro del perímetro las excavaciones de tres montañas. Compuestas por diferentes tipos y tamaños de roca, cada una de ellas se había sido seleccionado específicamente para resistir la inestabilidad en caso de desastre natural. Mientras tanto, en el extremo opuesto de la obra, se estaba trabajando en la construcción de la carretera de conexión y las vías ferroviarias. Para ello, se utilizaron 29 pilares de puente premontados y unidos por módulos de acero que formaron el puente de dos alturas Sky Gate Bridge, de 3 km de largo.

A los tres años del proyecto, se observó que la estructura se había hundido casi 9 m y seguía haciéndolo a un ritmo de 5 cm al mes. Para mantener la isla por encima del agua, se añadieron rápidamente 3 m de tierra, que luego se comprimió con un peso de dos toneladas. Inicialmente, el principal reto arquitectónico era crear un aeropuerto internacional de última generación y en pleno funcionamiento que fuera lo suficientemente espectacular como para cautivar a los visitantes, pero lo suficientemente resistente como para soportar un desastre natural y todo ello en una isla muy pequeña.

Tras los nuevos datos, los arquitectos debían, además, conseguir todo esto en un terreno inestable. No obstante, se acordó un diseño y el equipo encontró la forma de solucionar el problema. Como el edificio iba a pesar mucho menos que el terreno sobre el que se asentaba, el agrietamiento y la separación serían inevitables. Para contrarrestarlo, se vertería un ¼ de millón de toneladas de mineral de hierro en los cimientos del edificio para que sirviera de lastre. En 1991, la construcción de la terminal estaba en marcha.

Elevándose por encima

El resultado, poco más de dos años después, solo puede describirse como algo grandioso. Inspirado en el Aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, la singular terminal con forma de ala, diseñada por Renzo Piano y Noriaki Okabe, se construyó con una flexibilidad integrada. Cada aspecto era adaptable, de manera que en caso de catástrofe cada pieza podría absorber el movimiento y reaccionar de forma independiente.

Entre sus características se incluyen 5000 paneles de vidrio, cada uno de ellos colocado dentro de una junta de goma, 90.000 tejas de acero inoxidable con bisagras centrales para evitar los daños causados por las tormentas, tirantes de puente flexibles diseñados para resistir los vientos más violentos y una pista de asfalto, que se eligió en lugar del hormigón por su flexibilidad.

Aeropuerto Internacional de Kansai construido sobre el agua Imagen de redlegsfan21 CC BY-SA 2.0 via Wikimedia Commons

Por desgracia, el lastre resultó ser una mala idea y no solucionó el problema del hundimiento, por lo que la isla continuó su trayectoria descendente, sin solución a la vista. Entonces, a los ingenieros se les ocurrió una idea tan sencilla que resulta sorprendente que sea tan eficaz. Conocido como el ‘sistema jack up’, y que se realiza cada pocos años, consiste en unos pilares de elevación de hormigón situados en la base, equipados con sensores que señalan exactamente dónde hay más movimiento. Se monitorizan constantemente y en cuanto los sensores indican un hundimiento, se utilizan gatos hidráulicos para elevar el pilar y luego se deslizan placas de hierro debajo de estos pilares para estabilizar el edificio.

Además, muchos otros elementos del aeropuerto, como las puertas, las escaleras y la infraestructura de las instalaciones, han sido hábilmente rediseñados para que también puedan ser modificados en caso necesario. Inaugurado oficialmente en septiembre de 1994, el aeropuerto sigue hundiéndose a razón de 30 cm por año. Desde entonces, ha sufrido terremotos, inundaciones y tifones, pero sigue manteniéndose en pie de forma desafiante y, en la mayoría de los casos, relativamente indemne.

Ha ganado numerosos premios, recibe más de 30 millones de pasajeros al año y en 2011 fue nombrado Monumento del Milenio por la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE). Un título muy apropiado, ya que, independientemente de lo que le depare el futuro a esta espectacular estructura, el hecho de que se construyera a pesar de las grandes dificultades, sigue siendo todo un milagro.

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