Historia

Pasos de cebra y comida para llevar: lo que Pompeya nos ha enseñado sobre la vida en las ciudades romanas

09 de noviembre de 2022

Corría el año 79 cuando el escritor y militar romano Plinio el Viejo, después de bañarse en agua fría y tomar una comida ligera, se retiró a su estudio a leer. Poco después le interrumpieron para llamar su atención sobre una nube que tenía una forma y un color muy inusuales. Descubrió que el Vesubio había entrado en erupción y estaba arrojando al cielo grandes bocanadas de lava y ceniza.

Movido por la curiosidad y el deseo de socorrer a las personas que habían quedado atrapadas, cruzó en barco hasta el otro lado de la bahía de Nápoles, donde murió, probablemente asfixiado por la inhalación de los gases volcánicos. Siglos después, se descubriría que la erupción que acabó con la vida de este escritor romano también había arrasado diferentes ciudades, y que algunas de ellas se encontraban en un excelente estado de conservación.

Las excavaciones y los estudios arqueológicos de la ciudad de Pompeya, cuya historia quedó paralizada tras la erupción, nos han permitido conocer mejor cómo era la vida en las antiguas ciudades romanas. Y, entre otras cosas, nos han mostrado cómo la organización de las urbes y las casas de hace dos milenios tenía mucho que ver con la de hoy. 

Cardo y decumanus: ¿cómo eran las ciudades romanas?

Aunque resulta complicado establecer una única regla para todas las ciudades que los romanos llegaron a construir durante siglos alrededor de todo el Mediterráneo y aún más allá, lo cierto es que muchas de ellas sí seguían un patrón muy claro. 

A medida que fueron evolucionando, las ciudades romanas empezaron a organizarse a partir de dos calles principales: cardo y decumanus, que las cruzaban de norte a sur y de este y oeste, respectivamente. En el punto en el que se tocaban estaba el foro, la plaza central en donde se desarrollaba la vida política, social, económica y cultural de la sociedad romana. Al foro se asomaban los edificios más importantes (muchas veces, destinados a actividades políticas y públicas) y a su alrededor se organizaban las tiendas y los puestos de los artesanos.

El resto de la ciudad crecía a partir de este centro, con una planta rectangular y un trazado recto, basado en calles que se sucedían paralelamente al cardo y el decumanus. Por estas calles se levantaban edificios que ofrecían todo tipo de servicios: termas, teatros, anfiteatros, tiendas y, por supuesto, viviendas. 

Decumano de la ciudad romana de Palmira, Siria

Decumano de la ciudad romana de Palmira, Siria. Zeledi (Wikimedia Commons).

La organización de las ciudades romanas es de sobra conocida gracias a los documentos de la época y las urbes que la han mantenido hasta hoy. Pompeya, sin embargo, permite ir más allá: la ceniza inmortalizó todo tipo de detalles de la vida cotidiana, desde restos de los alimentos que se consumieron antes de la erupción hasta las vasijas en las que se guardaban. Así, en las últimas décadas, se han hecho todo tipo de descubrimientos sobre cómo era el día a día de los habitantes de esta ciudad romana. 

Tenían una activa red de reciclaje

Los ciudadanos de Pompeya acumulaban su basura en varios puntos dentro y fuera de la ciudad. Pero no lo hacían únicamente para deshacerse de ella: diferentes estudios han demostrado que la ordenaban y la clasificaban para, posteriormente, reciclarla y reutilizarla. 

Entre los residuos encontrados en estos basureros había piezas de baldosas y cerámica. Los mismos restos que, por ejemplo, forman muchas de las paredes de las viviendas de la ciudad, que luego eran revestidas de yeso. Lo mismo sucede con otros tipos de residuos, que eran fácilmente reutilizables dentro de las murallas. De este modo, las ciudades de Pompeya nos enseñan mucho sobre economía circular y otras formas de gestionar los residuos. 

“A nosotros y en líneas generales, no nos importa lo que suceda con nuestra basura, siempre y cuando se la lleven. Lo que encontré en Pompeya es una prioridad completamente diferente”, explica a The Guardian Allison Emerson, profesora de Estudios Clásicos de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos). “Este punto es relevante para afrontar la crisis de la basura moderna: los países que manejan sus desechos de manera más efectiva han aplicado el modelo antiguo, priorizando la mercantilización en lugar de la simple eliminación”. 

La clase media luchaba por su estatus social

La mayoría de los registros que se mantienen de la época romana hacen referencia a los dirigentes y las clases altas. Sin embargo, no hay tanta información sobre las clases medias y bajas, a pesar de que representaban la mayor parte de la población de las ciudades. 

Un descubrimiento reciente ha permitido reconstruir mejor cómo vivían las clases medias, las personas trabajadoras que intentaban mejorar su calidad de vida y ascender en el escalafón social. En una de las viviendas de Pompeya se descubrieron algunas salas decoradas, que guardan objetos de valor, y otras más sencillas, llenas de artículos de uso diario.

Hallazgos en una vivienda de clase media de Pompey

Hallazgos en una vivienda de clase media de Pompeya. Centro Arqueológico de Pompeya

Entre los primeros hay objetos de bronce y cristal, así como un quemador de incienso en perfecto estado de conservación. Entre los segundos, jarrones, ánforas y platos que dan testimonio de su uso cotidiano. 

Años antes, se había encontrado también una habitación de unos 16 metros cuadrados en la que había vivido una familia de rango social más bajo, probablemente esclavos. En ella había tres camas y numerosos objetos personales, una ventana pequeña y paredes lisas, carentes de decoración. La diferencia entre estas estancias y las grandes villas de la época muestra, al igual que sucede en las ciudades de hoy, cómo la desigualdad se reflejaba en la vivienda. 

Restos de una habitación de personas de clase social baja, muy probablemente esclavos

Restos de una habitación de personas de clase social baja, muy probablemente esclavos. Centro Arqueológico de Pompeya

 “Esta es una ventana a la realidad precaria de personas que rara vez aparecen en fuentes históricas (que fueron escritas casi exclusivamente por hombres pertenecientes a la élite) y que, como resultado, corren el riesgo de permanecer invisibles en los grandes relatos históricos”, declaró Gabriel Zuchtriegel, director general del Parque Arqueológico de Pompeya.

Tenían puestos de comida callejera

Animados por el clima suave del golfo de Nápoles, los habitantes de Pompeya y otras ciudades de la zona solían disfrutar de la comida al aire libre. Esto se sabe gracias a registros históricos y literarios, pinturas y, también, los restos arqueológicos de termopolios (o puestos de alimentos ya preparados).

Termopolio de Pompeya

Termopolio de Pompeya. Centro Arqueológico de Pompeya

El conocido como Termopolio de Regio V era un lugar en el que, según los arqueólogos, se vendía comida a las clases medias y bajas de la ciudad. Restos de envases encontrados en las proximidades muestran que los pompeyanos cogían la comida caliente “para llevar”

Aunque existen restos de otros termopolios, este conserva en muy buen estado su barra, los espacios en los que se almacenaba la comida para que no se enfriase y también su decoración, basada en frescos de animales. 

Usaban pasos de peatones

Las ruinas de Pompeya nos han enseñado, también, que los habitantes de la ciudad contaban con un sistema de bloques levantados para cruzar las calles sin tener que bajar a la calzada. Estos bloques estaban lo suficientemente separados como para que los carros de caballos pudiesen pasar sin problema.

Paso de peatones en Pompeya

Paso de peatones en Pompeya. Xerti (Wikimedia Commons)

Se cree que los de Pompeya son los antepasados de los pasos de peatones actuales más antiguos que se conservan. Un ejemplo más de cómo las ciudades romanas y su organización han influido (y siguen influyendo) en las urbes en las que vivimos hoy en día.

 

Imagen principal: Jonne Mäkikyrö (Unsplash)

 

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