Publicada el 24 de Enero de 2018

Cuando uno deja atrás a Puppy, el perro guardián del Museo Guggenheim , y entra en su interior para contemplar alguna de sus muchas exposiciones temporales y permanentes, resulta imposible cerrar la boca o evitar mirar hacia arriba. Una vista entretejida de titanio para las estructuras, piedra caliza para suelos y paredes, y cristal para distintos cerramientos, nos envuelve por completo en una atmósfera difícil de imaginar de la que no podemos retirar los ojos.

El Atrio, el espacio central del Museo, tiene una altura de 50 metros que atraviesa las tres plantas en la que las distintas salas de exposiciones se abren a los visitantes con sus obras esperando; y estas se enlazan y conectan unas a otras a través de rampas, escaleras y pasarelas. Todo está holísticamente entretejido con todo lo demás, y desde el centro de este espacio uno puede ver tanto el exterior de Bilbao como el interior del Guggenheim, e incluso parte de sus tripas de acero a través de los tendones de los ascensores o los difusores de aire casi ocultos en las paredes.

El mantenimiento del Guggenheim que no se ve

Interior del museo Guggenheim

Sin embargo, a menos que uno se dedique al mantenimiento industrial de edificios, o a la puesta a punto de los mismos, resulta realmente complejo imaginar que bajo el suelo de piedra, y detrás del revestimiento de titanio de las paredes y estructuras, se encuentra un laberinto de galerías cerradas al público, algunas de ellas consistentes en meros conductos por los que solo cruzan tuberías y canaletas de cables, y por los que una persona no podría moverse por falta de espacio.

Es el verdadero corazón del Guggenheim: salas ocultas a los ojos de los visitantes a través de las que palpita el museo con instalaciones que bombean diferentes fluidos desde sus entrañas, una red de mas de 500 kms de cableado que teje el edificio por dentro y permite la transmisión de la electricidad, los datos y las señales que controlan las condiciones perfectas de cada sala.

Si el museo es una obra de arte tanto por fuera (donde los trabajos de mantenimiento y limpieza  son visibles) como por dentro, contiene un tercer nivel escondido en sus paredes. Menos glamuroso, pero que constituye por sí mismo un logro de la arquitectura y la ingeniería que hemos de tener en cuenta. Hablamos con Óscar Rábade Romero, Gestor de Mantenimiento y Limpieza del museo, quien nos enseña cómo son las tripas del Guggenheim.

MARCOS MARTÍNEZ: -Cuando la gente entra por el Vestíbulo y atraviesa el Atrio hacia las diferentes exposiciones, el Auditorio o la cafetería, seguramente no se imaginen lo que ocurre tras las paredes del museo…

ÓSCAR RÁBADE: No, normalmente a no ser que vengas del mundo de la ingeniería o arquitectura no se suele ser consciente de la cantidad de instalaciones y maquinaria necesarias para mantener un edificio como este.

Cuando hacemos una visita guiada a las instalaciones la gente se queda muy sorprendida. Hay incluso quien disfruta mas esta visita que la del propio museo en sí. La frase final del visitante suele ser siempre: «No me imaginaba que las entrañas del museo fueran tan grandes ni que trabajara tanta gente en ellas».

Sólamente de Ferrovial Servicios somos 47 trabajadores entre mantenimiento y limpieza.

Trabajadores de mantenimiento del Guggenheim

-Para que el museo funcione con normalidad es necesario conseguir en su interior determinadas condiciones de temperatura, presión, humedad… para hacer confortable la visita. Esto hace que distintas máquinas, situadas en varios puntos del edificio, sean necesarias para conseguirlo, y que las instalaciones recorran todo el Guggenheim. Estas máquinas y conductos no está abierto al público. ¿Cómo es este laberinto oculto de pasillos? ¿Se encuentra a nivel de las salas, al otro lado de las paredes, en sótanos por debajo, sobre nuestras cabezas en entrepisos?

Las instalaciones más importantes (enfriadoras, climatizadoras, etc..) se encuentran en el nivel inferior. Es decir, por debajo del Atrio, galería “Fish” y entrada principal. Es un submundo de salas técnicas y pasadizos.

En el mismo nivel de Atrio (cota 7) están la sala de calderas, centros de transformación y grupo electrógeno.

En la cubierta del edificio, convenientemente escondidas para no alterar la estética, se encuentran las torres de refrigeración.

En el interior, junto a las galerías, hay multitud de pequeñas salas técnicas donde están los cuadros eléctricos que alimentan la iluminación de las distintas exposiciones. En el museo hay 7.500 puntos de luz y más de 2.000 tomas de corriente.

-¿Cuánto ocupan estos pasillos de la estructura del museo?

Pues no me sé exactamente el dato… pero  podemos estar hablando de unos 5.000 m2 de salas técnicas y pasillos.

Aparte, existen otras dependencias no abiertas al público como pueden ser los almacenes de arte, talleres, etc…

Nota del entrevistador. Hemos de tener en cuenta que un museo no es solo un conjunto de galerías de exposición (que es lo que conoce la mayoría de la gente. También existen áreas de restauración, espacios de estudio, salas de trabajo para investigadores. Estos espacios suelen quedar ocultos al visitante.

-Por estos pasadizos se bombea el aire caliente de la calefacción y el frío del aire acondicionado, el agua, la electricidad, los sistemas de seguridad…

Si, por estos pasillos fluyen los racks de tuberías de agua caliente y fria ACS [Agua Caliente Sanitaria], vapor, conductos clima, aire comprimido, líneas eléctricas, agua de incendios, señales de sensores, etc. Son “las venas” del edificio. Más de una vez algún visitante me ha comentado que estos pasillos recuerdan a la película Alien.

Si bien por las zonas técnicas nos movemos exclusivamente el personal de mantenimiento, por el resto de pasillos y zonas de paso circulan a diario más de 200 trabajadores (mantenimiento, limpieza, seguridad, montaje de arte, asistentes de sala…). El movimiento de gente sorprende.

Nota del entrevistador. Cualquier museo da mucho trabajo al personal de mantenimiento mientras cubre los distintos modos (correctivo, preventivo y predictivo). Es decir, mientras trabaja en mejorar las instalaciones a largo, medio o corto plazo. Un museo como el Guggenheim, con tanto volumen de exposición, requiere una importante plantilla activa.

-Hace 20 años que el museo abrió sus puertas al público y las primeras máquinas empezaron a funcionar. Háblanos de esas máquinas, ¿dónde se encuentran y cómo funcionan?

Por todos sitios, aunque principalmente en sótanos, también sobre los techos y detrás de las paredes. Existe un complejo entramado de conductos, bandejas de cables, tubos, etc…

Desafortunadamente, por motivos estéticos, no podemos hacer registros en zonas públicas para acceder a los falsos techos, es por ello que debemos ingeniárnoslas para buscar accesos desde los cuartos técnicos adyacentes patinillos [aberturas por las que acceder]. Es importante conocer en todo momento lo que hay detrás de cada pared y techo, y la ruta de acceso más corta y segura.

Es necesario que las instalaciones estén camufladas e insonorizadas para que el visitante se centre en el edificio y el arte. De hecho, a nuestro equipo se nos pide que pasemos desapercibidos en la medida de lo posible, esa es la razón por la que nuestra indumentaria es diferente a la del resto de Ferrovial Servicios, siendo ésta de color beige, similar al color de la baldosa del Museo.

-El Guggenheim es un conjunto de curvas, algo que no debe ser muy útil de cara a introducir tuberías (que suelen ser rectas) o canalones para cables. ¿Son muy tortuosos los pasillos de servicio y las bajantes?

Si, normalmente diseño arquitectónico moderno y facilidad de mantenimiento no suelen ir de la mano. No obstante, la experiencia a lo largo de estos 20 años nos ha dotado de un know-how privilegiado para atacar los posibles problemas en cada una de las zonas.

Los pasillos no sé si pueden calificarse como tortuosos. Quizás al principio te lo parecen, pero pronto te acostumbras.

Fachada del museo Guggenheim

Cuando un operario nuevo entra a trabajar aquí, siempre se asusta un poco con el laberinto de pasillos. En las primeras semanas de trabajo lo principal es situarse y aprender a moverse. Además, cada puerta está controlada con lector de accesos. Si se te olvida la tarjeta, estas atrapado.

-¿Se trabaja bien cuando hay que cambiar una de estas bajantes o un rejiband de cables? ¿En qué se diferencia en este sentido de otros edificios?

La diferencia principal de una obra en un edificio como este es que se requiere de un análisis previo minucioso para determinar los medios necesarios para hacerla (acceso, maquinaria de elevación o líneas de vida). Además de pensar siempre en que estéticamente el impacto visual debe ser nulo o mínimo.

Nota del entrevistador. Cualquier acometida o trabajo en las diferentes instalaciones (como cambiar un cable de cobre por una instalación de fibra óptica) supone un proyecto que generará ruido, suciedad y personal yendo y viniendo. El Guggenheim se toma muy en serio hasta el más mínimo cambio, y diseña un proyecto a medida para cada actuación. El objetivo, reducir al máximo el impacto hacia el visitante, protagonista del museo.

-Imaginamos que dividiréis de algún modo el edificio, y que distintos grupos de máquinas atacarán distintos volúmenes. ¿Es fácil perderse en esta organización? El diseño del museo parece demasiado orgánico para crear espacios separados unos de otros. Parece un poco caótico.

A pesar de ese aparente caos que comentas, el edificio esta perfectamente compartimentado e inventariado a nivel de instalaciones, y definida la maquinaria que afecta a una y otra galeria. Si bien, al ser un edificio vivo con galerías que se modifican cada cuatro meses con cada cambio de exposición, los volúmenes cambian. Esto hace que las instalaciones necesarias para mantener las condiciones sufran modificaciones constantes.

-No es lo mismo llevar el mantenimiento de un espacio por el que solo tienen que pasar personas que conservar las mejores condiciones posibles para el arte. ¿Dan mucho trabajo las diferentes exposiciones? ¿Hay que adaptar de algún modo la salida del aire a las distintas obras expuestas?

Las condiciones de temperatura y humedad exigidas para cada exposición las determina el Departamento de Conservación en función del tipo de arte que vaya a alojar la galería. A partir de ahí entramos nosotros para conseguir (mediante la programación y conducción de la instalación) que el aire salga en las condiciones solicitadas.

Por ejemplo, cuando hay exposiciones con elevado componente audiovisual, con mucho proyector que genera calor, tenemos que realizar modificaciones de conductos para adaptar la galería.

Como norma general las condiciones consignadas en galerías son una temperatura de entre 20 y 22ºC, y una humedad relativa del 48%-52%. No es lo mismo suministrar estas condiciones con una temperatura exterior en verano de 30ºC a hacerlo en invierno con 7ºC…

El edificio, aparte de actuar como museo, es también importante centro de eventos y convenciones, albergando una media de cuatro eventos semanales (cenas, presentaciones, actos culturales, conciertos…). Esto hace que haya que reprogramar condiciones de la instalación cada día en función del evento.

-El museo Guggenheim por dentro tiene salas gigantescas como el Vestíbulo o el Atrio. Este último da a nada menos que 19 galerías diferentes y en su diseño se tuvo en cuenta el que no se generasen corrientes de aire en su interior. ¿Sigue funcionando esta disposición como el primer día? ¿Mejor?

Sí, “sobrepresionamos” el interior del museo respecto al exterior para que al abrirse las puertas exteriores no haya entrada alguna de aire.

Nota del entrevistador. La presión ambiente en el exterior, y a ras de suelo, corresponde con una atmósfera de presión (1 atm) o 101.325 Pascales. Dentro del museo se sube la presión ligeramente, y esto hace que cada vez que se abran las puertas la atmósfera del museo trate de escapar, haciendo imposible que entre aire externo. Es la misma dinámica que se sigue en los lavabos. Para evitar que el olor escape, se genera una despresurización leve, de modo que cuando se abre la puerta del baño el aire tiende a entrar, no a salir.

-A lo largo de estas dos décadas de funcionamiento, ¿qué se ha mejorado en cuanto al mantenimiento interno del museo? ¿Se han cambiado las máquinas, renovado las tuberías, cambiado los sistemas de iluminación…?

Las obras de mejora son continuas. A lo largo de estos años se han pulido defectos de la instalación original, y la instalación está viva. Es decir, todos los años se acometen obras de reforma para optimizar la instalación y mejorar las condiciones del edificio.

La tecnología ha cambiado enormemente a los largo de estos 20 años, y muchos sistemas y equipos se han quedado obsoletos habiendo sido sustituidos por instalaciones más modernas.

-La iluminación LED es probablemente lo primero que se habló hace mucho tiempo con respecto a la eficiencia energética. ¿Qué otros cambios ha abordado el museo a la hora de ser más responsable con el entorno?

Sí, como hemos dicho el museo cuenta con 7.500 puntos de luz de los cuales 2.000 son regulados mediante el sistema Lutron. En los últimos tres años se han sustituido a LED la mayor parte de la iluminación halógena, y está en proyecto sustituir lo que queda. La inversión ha sido elevada, pero el museo está consiguiendo ahorros de más de 100.000 €/año.

Se programan los horarios de funcionamiento de las instalaciones que abastecen a todos y cada uno de los espacios del museo con el fin de minimizar consumos. Para ello, en función del horario de los eventos que haya cada día y el espacio en el que tengan lugar, modificamos la programación del sistema.

También hacemos hincapié en controlar la calidad de emisión de gases de calderas a la atmósfera.

Hemos conseguido mejorar mediante aditivos, y aspirado, la limpieza de los estanques para no tener que vaciar para limpiar dos veces al año, con el consiguiente consumo de agua.

También hemos instalado e integrado en el sistema registradores energéticos, que nos permiten controlar el consumo de cada instalación.

Nota del entrevistador. Cada tipo de instalación requiere una modificación diferente para ser mejorada. Por ejemplo, los ductos de aire mejoran con filtros de última generación o impulsoras con menor consumo, mientras que la luminaria suele hacerlo con cambios de bombillas y un sistema de encendido inteligente.

-¿Cómo se ha adaptado el museo a nuevas mejoras energéticas? Se habla mucho de smart buildings, sistemas de control punto por punto, sensorización…

Hay que decir que en este sentido en el museo estamos a la última. La gestión y control de la instalación es de tipo digital directo, distribuida modularmente en las diferentes áreas. El sistema de gestión funciona de manera automática mediante la programación de consignas y horarios de trabajo. Este sistema facilita las labores de mantenimiento informando en todo momento del estado de funcionamiento de los equipos.

-¿Usáis algún BMS (Sistema de Gestión de Edificios) que permita cierta automatización? ¿Tiráis de históricos a la hora de calefactar o enfriar el edificio según la época del año?

Usamos un sistema de gestión de edificios (BMS) totalmente integrado de la marca Siemens que incorpora localmente control digital directo (DDC) para la gestión energética, monitorización y control de equipos. Existen miles de sensores distribuidos por todo el edificio que trasladan al sistema en tiempo real los datos de galerías.

Las alarmas generadas son transmitidas por el sistema al teléfono  móvil del oficial. Hay que decir tenemos presencia continua en el museo, es decir siempre hay al menos un oficial de Ferrovial (24 horas al día, 365 días al año).

-¿Cómo se consigue que dentro de un volumen tan excéntrico, nada ortogonal y poco normativo, se regule la temperatura y humedad y no se dé lugar a corrientes de aire por diferentes presiones y temperaturas?

Los recintos que contienen obras de arte (galerías y almacenes de arte) y que comunican con el Atrio, se mantienen a sobrepresión respecto a este y el Atrio a su vez en sobrepresión respecto al exterior.

En el atrio, y para evitar el calentamiento por estratificación en la parte alta [el aire caliente pesa menos y tiende a ascender], se extrae el aire caliente al llegar a un determinado valor.

Respecto a la difusión de aire, esta es de especial importancia en las galerías. Por una parte, las altas exigencias arquitectónicas del edificio dan lugar a que los difusores se integren perfectamente en el diseño y a la vez cumplan su objetivo de una óptima difusión. La solución adoptada es impulsar horizontalmente aire desde la parte alta de las galerías vía difusores integrados en ranura, de manera que el difusor no se ve a simple vista,. Por otro lado, se extrae el aire de la galería (retorno) por la parte inferior de la pared. Es un sistema de caudal constante.

La humedad del aire se consigue humectando vapor (proveniente de 2 calderas de vapor) en la climatizadora que abastece cada zona. En total hay 32 climatizadoras con una medida aproximada de 10x4x3 metros cada una.

-Hay una sala concreta que nos llama mucho la atención. Vosotros la llamáis 104 o Galería Pez, pero los visitantes la conocen como «La materia del tiempo», nombre de la exposición permanente del artista Richard Serra. Esa sala es tan larga que cruza el Puente de La Salve…

Si, el “Fish” es la galería de arte sin columnas vistas más grande del mundo. Debajo de esta galería (bajo el perímetro hay un pasadizo con subidas de conductos de aire cada x metros para abastecer de aire). Es la única galería del museo que cuenta bajo su piso con tres climatizadoras para ella sola.

Plano del museo Guggenheim

Afortunadamente para nosotros, el arte expuesto en esta galería (esculturas metálicas de Richard Serra) no es tan delicado como puede ser el lienzo de un cuadro, con lo cual las condiciones ambientales no son tan exigentes, cosa que se agradece en una galería de este tamaño.

-Gracias por el tiempo, Óscar.

Lejos de ser tan solo un museo, el Guggenheim es una obra de arte con muchos niveles, muchas facetas distintas. Todos conocemos sus fachadas de titanio curvo y hemos visto fotografías del interior, pero tendemos a perdernos este nivel de mantenimiento que funciona como un reloj para que todo lo demás siga funcionando.

Camuflados tras las paredes, y a veces entre nosotros (en beige), decenas de profesionales reparan, ajustan, modifican y mejoran las instalaciones a diario para que el visitante se concentre en el arte que guarda el edificio y en el arte que es el edificio.

Escrito por Marcos Martínez el 24 de Enero de 2018 con las etiquetas: mantenimiento Museo Guggenheim trabajo

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