Publicada el 30 de Enero de 2019

Compartimos coche y viaje. Nos subimos a la ola del ride hailing. Vislumbramos un horizonte con vehículos autónomos. La forma en que nos vemos por las carreteras está cambiando y el futuro se anuncia lleno de novedades. Al tiempo que nos imaginamos cómo será el coche que conduciremos en 2030 y manejamos un montón de conceptos nuevos, empezamos a entender los retos que conlleva este futuro.

Cambia la población y su movilidad

Vivimos en un mundo cada vez más urbano. Hace ya varios años que viven más personas en ciudades que en núcleos rurales. Dentro de poco más de una década, el 60% de los 8.400 millones de habitantes estimados del planeta vivirá en entornos urbanos, según los datos del World Economic Forum. De acuerdo con la ONU, este porcentaje no dejará de crecer y las ciudades estarán cada vez más congestionadas.

“Paralelamente, se han producido cambios en la forma en que nos movemos por las ciudades”, explica Marion Sanlaville , Senior Traffic and Revenue Analyst de Cintra, una compañía del Grupo Ferrovial. Y es que moverse por estos núcleos urbanos (y entre ellos) de forma rápida y eficiente, manteniendo bajos los niveles de emisiones, es uno de los grandes desafíos inmediatos del mundo.

Más allá de los vehículos en propiedad y el transporte urbano, hoy nos encontramos con tres conceptos muy distintos en materia de movilidad.

  • Car sharing. Se trata de productos de movilidad como servicio (MaaS, por sus siglas en inglés) como Zity, una compañía del Grupo Ferrovial. Distintos usuarios usan un mismo vehículo pagando solo por el tiempo que lo necesiten.
  • Ride hailing. Son servicios como el taxi, en los que se paga por un viaje en un vehículo con conductor. Algunas compañías, como Uber o Cabify, han replanteado este modelo, dotándolo de más flexibilidad. Otras plataformas, como Wondo, ponen en contacto a usuarios y operadores para potenciar las opciones de movilidad compartida.
  • Trip sharing, o compartir coche. A título individual, un conductor decide compartir su vehículo a lo largo de un trayecto determinado para reducir los gastos del mismo. También se conoce como car pooling y son plataformas como BlaBlaCar.

 A todo esto hay que añadirle los cambios ligados a las nuevas generaciones y, en particular, a los millennials. La tendencia señala que se mueven de forma distinta por las ciudades, siendo los usuarios más intensivos de servicios propios de movilidad compartida como Zity, Uber, etc. Sin embargo, tras años de crisis y trabajos precarios, han retomado la tendencia en cuanto a la compra de vivienda en las afueras y el estilo de vida y movilidad más parecidos a los de generaciones anteriores.

“Tenemos cada vez más opciones para movernos por las ciudades y entre ellas, pero esto no significa necesariamente que estemos en el camino de solucionar los problemas de movilidad”, señala Lorena Cuadrado, Responsable de Innovación de Cintra. Y es que las nuevas tendencias de movilidad compartida presentan una serie de desafíos en sí mismas.

Carreteras de ciudad

Los mitos de la movilidad compartida

“Al final, todos los nuevos servicios están generando un aumento de la movilidad en vehículo privado, lo que causa más congestión y tensión en las infraestructuras de transporte. Por un lado, estos nuevos servicios están captando pasajeros del transporte público y de los viajes andando, generando nuevos viajes en coche. No sólo eso sino que el hecho de tener más opciones de movilidad hace que la gente se plantee hacer viajes que antes no hacía”, continúa la analista de Cintra.

Analizando la tendencia de forma más pormenorizada, los servicios de ride hailing están ya reduciendo el uso de transporte público en aquellos países en los que están muy implantados, como Estados Unidos o el Reino Unido. De hecho, según los datos publicados por el Institute of Transportation Studies, de la universidad de California, la mitad de los viajes hechos con servicios de ride hailing en el país norteamericano podrían haberse hecho caminando, en bicicleta, en transporte público o, directamente, haberse evitado. Se estima que hasta el 22% de los viajes de ride hailing son nuevos viajes, según Schaller Consulting. Por lo tanto, estamos observando un cambio hacia una ocupación cada vez mayor de las infraestructuras, lo que eleva la presión sobre las carreteras y el espacio público.

Por otro lado, la posibilidad de compartir un mismo vehículo entre diferentes usuarios (car sharing) podría, a la larga, reducir el número de coches en uso (la flota de vehículos) y las necesidades de aparcamiento. Pero, aunque haya menos coches en total, se usarán de forma mucho más intensiva (los coches en propiedad están parados alrededor de un 95% del tiempo). Esto vuelve a traducirse en una ocupación mayor de las calles y las carreteras.  Además, el ride hailing tiene un impacto similar al crear viajes vacíos (vehículos conducidos de un punto a otro sin pasajeros), que serán cada vez más comunes con la llegada de los vehículos autónomos.

La ventaja inmediata de estas dos nuevas formas de movilidad compartida, junto al trip sharing o car pooling, es la reducción en los costes de movilidad, así como un uso más eficiente de la flota. Como resultado, la tendencia es hacia que la gente se mueva más y las carreteras estén más congestionadas. “Estos servicios crean una facilidad de movimiento aparente. Al final, si aumenta la congestión y bloqueamos las infraestructuras, nadie podrá acceder a un buen servicio”, concluye Marion Sanlaville. Los costes asociados a la congestión superan los 5.000 millones de euros en España según ATKearney y la Comisión Europea, y estas nuevas tendencias, no harán más que empeorar la situación si no se toman medidas para gestionar dicha demanda.

Atasco. Movilidad compartida

Las posibles soluciones

“Ante un problema de congestión se suele pensar de inmediato en añadir más capacidad, construir más y mejores carreteras, pero no es algo ni fácil por temas de espacio y de fondos ni realmente útil”, explica la analista de Cintra. Además, señala, una infraestructura nueva se ve afectada por el efecto de la demanda suprimida (los usuarios que antes no la usaban porque la congestión se lo impedía) y la demanda inducida, una especie de efecto llamada.

Es decir, que, si aumenta la capacidad de la infraestructura sin ninguna medida de gestión adicional, aumentará el tráfico y la nueva capacidad se congestionará en el corto plazo. De hecho, este es un efecto conocido desde hace años y validado por estudios como ‘The Fundamental Law of Road Congestion’ (Duranton and Turner 2011), que indica que añadir capacidad gratuita a corredores congestionados, resulta en la misma congestión que antes de añadir carriles al cabo de poco tiempo lo más probable es que vuelva a aumentar el tráfico. Un estudio reciente publicado por la Universidad de California señala que un aumento del 10% de la capacidad de las carreteras genera por sí sólo hasta un 10% más de tráfico a medio plazo.

Otra de las soluciones pasaría por mejorar la gestión de la infraestructura existente mediante sistemas como el de managed lanes o la gestión de la demanda por tarificación. Mediante este sistema, que Cintra ya tiene en marcha en una serie de infraestructuras en Estados Unidos, se aplica un peaje dinámico para gestionar el uso de la infraestructura. Es decir, el precio de circular por los diferentes carriles de la autopista varía en función de la demanda y de la congestión de forma que cada usuario acaba pagando por el coste que impone sobre los demás conductores y la sociedad.

Gracias a las nuevas tecnologías y a la conectividad de las vías, las tarifas pueden variar hasta de cinco en cinco minutos, una información que el usuario tiene disponible en todo momento. Mediante un control de acceso totalmente electrónico, los conductores pueden elegir entre las calzadas gratuitas y las de pago, en las que siempre está garantizados un alto nivel de servicio y la fluidez del tráfico.

Esta solución, que también podría aplicarse a las vías de acceso a las grandes ciudades (donde se producen los mayores atascos), contribuye a reducir la congestión en horas de máxima demanda y ha demostrado ser óptima tanto desde el punto de vista de eficiencia en la inversión de recursos como de equidad, ya que todos los usuarios, tanto los que deciden pagar como los que no, salen beneficiados. Aun así, quedaría por resolver la cuestión de la sostenibilidad y las emisiones, algo que podría cambiar con el aumento de los vehículos eléctricos y, más adelante, autónomos. Pero eso queda para la segunda parte de esta serie.

El futuro de las carreteras

 

 

Escrito por Marion Sanlaville el 30 de Enero de 2019

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