Publicada el 14 de Febrero de 2020

Cada cierto tiempo, un equipo de trabajadores se aproxima con cizallas y radiales al Pont des Arts, en París, con la intención de cortar los “candados del amor” que antes se acumulaban por toneladas en sus barandillas. Que nadie se asuste, no están en contra del amor, pero retiran los candados para que su peso no deteriore la estructura del puente.

Durante años, pero con foco en San Valentín, los candados se han ido acumulando en puentes y otros elementos arquitectónicos. Aunque no se está del todo seguro de su origen, la culpable ha podido ser una novela de amor. Lo cierto es que el peso de varias toneladas de candados pueden dañar de forma permanente las estructuras, e incluso causar problemas de seguridad.

El Puente de las Artes y el acero del amor

Cuando en 2001 se publicó la película Amelie, y la protagonista camina por el Pont des Arts, lugar icónico de la ciudad parisina, no se ve un solo candado anclado a la barandilla. Tampoco se ven en los vídeos caseros grabados por los turistas a finales de 2007. Ningún candado durante el inicio del verano de 2008, y tampoco durante el ese otoño. Hasta que alguien colocó uno ese año.

Como todo fenómeno social de carácter exponencial, durante los primeros meses de 2009 los candados del amor llegaron a cuentagotas. Pero entonces ocurrió algo inesperado: alguien compartió una foto en redes sociales. Quizá en Fotolog, entonces de moda, o quizá en Twitter, que ya contaba con tres años. El fenómeno se viralizó, al tiempo que esta palabra también se ponía de moda.

Desde entonces las parejas acudían en San Valentín a colocar candados, práctica que extendieron pronto a cualquier otro día. Nadie sabe quién subió la primera fotografía, pero una de las primeras quejas formales apareció el 3 de marzo de 2010 en el periódico 20 Minutes. Por aquel entonces había más de 1600 candados colgados de las barandillas. El fenómeno acababa de echar a andar.

Al más puro estilo del efecto Streisand, meses después de aquella publicación la Pasarela Léopold Sédar Senghor, el Puente del Arzobispado y a la Pasarela Simone de Beauvoir, todos en París, empezaron a ver candados sobre sus barandillas y elementos metálicos. Allí donde cabía un candado, aparecía una “cadena del amor”.

Candados en el Pont des arts
Fuente: Unsplash | Autor: George Kourounis

Una vez puesto el primero, una enorme masa de metal anudado crecía de forma casi orgánica. Cuando no era posible colocar el primero, como es el caso de la farola de arriba, alguien ataba una cadena. Y entonces las cadenas volvían a crecer, empujando la estructura hacia abajo.

¿Puede una novela echar abajo un puente?

Hacen falta muchos candados para hundir un elemento arquitectónico de acero. Dicho esto, en 2006 el italiano Federico Moccia publicaba su segunda novela y best seller ‘Tengo ganas de ti’ (Ho voglia di te en el original). En la historia, sus protagonistas colgaban un candado de la tercera farola del puente Milvio (Roma) para “sellar su amor”.

Inspirados por el romanticismo de la novela, durante 2006 y 2007 cientos de parejas hicieron lo propio con este elemento del puente de Milvio (que es real y data de 1489). A finales de este año el peso de los candados casi arrastra la farola al fondo del Tíber. Por suerte, el ayuntamiento quitó los candados a tiempo.

Además, en 2008 el consistorio instaló 24 columnas de metal para que los enamorados dejasen ahí los candados. En cierto sentido, supuso un éxito. Las parejas llegaban y colgaban su candado en el poste. Pero miles de enamorados venían con sus trocitos de metal, y alguno se arriesgaba a la multa de 50 euros por anclarlo a la farola. Otros, simplemente, desconocían que fuese una infracción. Los candados seguían amontonándose.

Candados en el Puente Milvio en 2009
Fuente: Wikimedia Commons | Autor: Croberto68

Como ocurriese en París, una fotografía de dos novios besándose junto a la farola atrajo a mucha más gente. En 2011, poco después de que las primeras quejas en París, el presidente del municipio, Gianni Giacomini, advertía de que “el peso de la gran masa de hierro hace peligrar la estabilidad de las farolas y de los muros”. La situación empezaba a ser grave.

¿Pueden los candados tirar un puente?

Echar abajo un puente de fábrica no es tan sencillo como cargarlo con suficiente peso. La clave del asunto es dónde está situado este peso, y sobre qué hace palanca. Tanto en el caso del Puente de las Artes como en el Puente Milvio el problema radicaba en que los candados estaban en elementos estructurales elevados y anclados al perfil del puente.

La imagen inferior trata de simplificar este concepto. En azul se encuentra representado el peso vertical de los candados. En principio, el puente podría aguantar muchas toneladas de peso en vertical a pesar de ser un diseño de puente para peatones. El problema grave proviene de los momentos (flechas curvas) que trabajan sobre el eje exterior (en rojo). ¿De dónde salen?

Puente de las Artes en París
Fuente: Unsplash | Autor: Pierre Blaché

El peso de los candados, además de deteriorar la barandilla (que no está preparada para cargar peso), tiene un componente excéntrico que no cae en la vertical de las columnas, especialmente si una farola o la barandilla terminan por ceder y quedar ladeadas. Y que varias toneladas de candados retuerzan el eje rojo de arriba podría sí causar graves desperfectos a la estructura.

De hecho, en 2015 el ayuntamiento había retirado la antigua barandilla de barras metálicas cosidas con una malla (cargadas con 50 toneladas de candados); y la había sustituido por una mampara metálica y barras más gruesas, ubicada además con cierto retranqueo para que el peso se repartiese mejor. Por desgracia, aún hay turistas que se las ingenian para colocar sus candados en cualquier hueco que deja la estructura.

Antes y después del Pon des Arts
Fuente: Wikimedia Commons Autor: ALLIOT Brigitte

¿Por qué colocamos candados en los puentes?

El peso de los candados no solo supone un impacto visual en la arquitectura, un efecto que podría incluso considerarse un añadido artístico; sino que además puede afectar a su estabilidad y seguridad. Algo parecido ocurre con los monolitos de piedras apiladas en las playas, o en llevarse arena de la misma.

Aunque como turistas sentimos el impulso de dejar nuestra huella o guardarnos un souvenir, el impacto continuado de miles de nosotros en lugares emblemáticos puede erradicar su belleza actual. Por eso, las autoridades de París, Roma, así como otras ciudades en las que los candados de San Valentín puedes dar lugar a un problema estructural, piden más civismo.

Escrito por Marcos Martínez el 14 de Febrero de 2020

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