Publicada el 25 de Mayo de 2020

Cuando los colonizadores europeos empezaron a transportar maíz de América a Europa, vieron que se adaptaba bien al clima húmedo y templado de Galicia. Además, la región contaba ya con edificaciones elevadas del suelo que permitían mantener las cosechas de grano y otros alimentos a salvo de las inclemencias del clima y los animales. Se trataba de los hórreos.

A varios cientos de kilómetros de allí, en el interior de la península, las necesidades eran diferentes. Otro clima y otros cultivos hicieron que a lo largo de los años se levantasen silos, palomares o molinos de viento. Construcciones que, en su mayoría, ya no se usan como antes, pero siguen en pie.

Hacemos un repaso de varias construcciones tradicionales de diferentes zonas de España que fueron necesarias en otra época y que ahora representan parte de su historia y su paisaje.

Los hórreos del norte

Los hórreos son construcciones que sirven para almacenar, secar y conservar alimentos. Algo que en Galicia, Asturias y el norte de Portugal, en donde son más habituales, exige un buen aislamiento, ventilación y protección frente a la humedad.

Se trata de cámaras de almacenaje de piedra o madera, separadas del suelo por soportes. Aunque su forma y sus materiales dependen en parte de la zona y del tipo de grano que se buscase almacenar, suelen tener características comunes. Por ejemplo, lo que en Galicia recibe el nombre de tornarratos: superficies normalmente convexas que separan la cámara de las columnas u otros soportes, y que impedían que los roedores accediesen a la comida. Del mismo modo, en los pies suelen tener tornaformigas. Pequeñas fosas llenas de agua que evitan la subida de las hormigas a las cámaras.

partes del horreo

Se estima que los hórreos son la evolución de edificaciones ya usadas en los poblados celtas. Aunque la primera representación gráfica que se conserva se encuentra entre las páginas de las Cantigas de Santa María, atribuidas a Alfonso X el Sabio, y datadas del siglo XIII. Una prueba que sugiere que estas edificaciones se usaban mucho antes de la introducción del maíz en Europa.

Sin embargo, una vez que se introdujo, muchos hórreos fueron construidos específicamente para almacenar este alimento. Y algunos siguen usándose hoy.

horreos

Los hórreos del noroeste peninsular guardan muchas similitudes con otros graneros elevados que pueden encontrarse en diferentes países de Europa y otros continentes. Como, por ejemplo, en Escandinavia, Suiza o Japón.

Silos: las catedrales del campo

El uso de silos, agujeros subterráneos en los que se almacenaba grano y otros materiales, se remonta la antigua Grecia. Sin embargo, a lo largo de la historia muchos silos dejaron de enterrarse en el suelo y pasaron a levantarse en forma de grandes torres.

En España, la mayoría de los grandes silos fueron construidos durante la dictadura franquista. Se encuentran sobre todo en las regiones de Aragón, Castilla y León, Extremadura y Andalucía, y su imagen es tan representativa que muchos los conocen como las catedrales del campo. Durante la dictadura se levantaron más de 600 silos, que fueron cayendo en desuso como almacenes de cereales en las últimas décadas del siglo XX.

Silos

Su objetivo principal no era otro que almacenar el grano y otros alimentos como las aceitunas, aunque algunos tenían otros usos más específicos. Se buscaba, también, que la construcción facilitase las tareas de introducir, expedir y clasificar el material. Algo que en ocasiones implicaba el uso de maquinaria, dado su tamaño: algunos silos llegan a medir hasta 30 metros de alto y tienen capacidad para acumular toneladas de grano.

Por lo general, esta maquinaria se basaba en elevadores y sistemas que permitían dividir el material en diferentes celdas.

 

En la actualidad, su mantenimiento es complicado y costoso. Algunos de estos edificios han sido rehabilitados para convertirse en muesos, teatros, bibliotecas y hasta en una residencia de estudiantes. Entre otros muchos usos.

Tierra de palomares

Palomar

Otra de las edificaciones más características de Castilla y León, sobre todo de la comarca Tierra de Campos, es el palomar. Construcciones que se levantaban para criar palomas y pichones para su explotación económica.

Los palomares se construían con materiales como el barro o el adobe, y conseguían mantener una temperatura fresca a la vez que aislaban del agua, el frío y la humedad. En su interior se sucedían pequeñas hornacinas para que anidasen las palomas.

A lo largo de los siglos, las palomas se criaron para venderse como alimento o convertirse en palomas mensajeras. Además, la palomina (el excremento de las palomas) se usaba para abonar los campos de cultivo. Sin embargo, la cría de palomas decayó en la segunda mitad del siglo XX.

Hoy, muchos de los palomares que salpican Castilla y León están en desuso y en malas condiciones, aunque siguen siendo parte fundamental de su paisaje.

Agua o viento: los molinos

Se calcula que la aparición de los primeros molinos se remonta tan atrás como la expansión de la agricultura. Durante siglos, el ser humano ha utilizado energía para impulsar diferentes mecanismos de molienda.

En líneas generales, se puede decir que los molinos más básicos constan de una piedra circular fija y otra móvil. Esta última gira sobre la primera impulsada por energía generada por el viento, el agua, personas o animales (formando molinos de viento, de agua o de sangre, respectivamente). A lo largo de los siglos, los molinos se fueron perfeccionando para que fuese posible moler más cantidad de material y conseguir mayor calidad en los resultados, con menos esfuerzo.

Alrededor del mundo, numerosas regiones cuentan con molinos de diferentes tipos y épocas. En España, son especialmente representativos los molinos de viento de Castilla la Mancha.

Molinos

Estos molinos, que quedaron reflejados para siempre en las páginas de ‘Don Quijote de la Mancha’, se basan normalmente en una estructura de piedra cilíndrica en la que se apoya una parte superior independiente. Esta se podía girar, para orientar las aspas en función de la dirección del viento.

En su interior, un sistema de engranajes y piedras hacen posible la molienda, normalmente de trigo. A partir del siglo XVI, los molinos se convirtieron en un eje muy importante de la economía de algunas zonas de España, como la Mancha. Hasta mediados del siglo XX, cuando dejaron de moler.

Hoy, el paisaje de la Mancha combina estos molinos con los actuales, que generan electricidad eólica. Y son visitados, sobre todo, por amantes de la historia y la literatura.

Escrito por Tania Alonso Cascallana el 25 de Mayo de 2020 con las etiquetas: Edificacion

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