Publicada el 4 de Noviembre de 2020

La pandemia de COVID-19 ha colocado la lupa sobre dos pilares del mundo actual: las ciudades y las comunicaciones. El nuevo coronavirus ha conquistado el planeta en pocos meses gracias a su facilidad de contagio en entornos congestionados o con elevada concentración de gente y a la movilidad constante de personas. Ante este escenario, es normal que nos replanteemos nuestra relación con las ciudades, las carreteras y los medios de transporte.

En el último medio siglo, la urbanización del planeta ha sido imparable. Hoy, más de 4.000 millones de personas (un 55% de la población mundial) vive en ciudades. Desde hace más de 10 años ya hay más población urbana que rural en el planeta. La tasa de urbanización es especialmente elevada en todo el continente americano, Europa, Australia y algunos países asiáticos. Es en estos últimos, y en algunos estados africanos, donde más se está acelerando la urbanización.

Las proyecciones del Foro Económico Mundial señalan que, al final de la próxima década, alrededor del año 2030, tres ciudades (Tokio, Delhi y Shanghái) superarán los 30 millones de habitantes. Sin embargo, la forma en que se concentra la población ya estaba cambiando antes de la COVID-19 y lo seguirá haciendo.

“Avanzamos cada vez más hacia un modelo de grandes áreas metropolitanas en vez de grandes ciudades congestionadas, un modelo de urbes extensas en el que el transporte por carretera punto a punto parece ganar peso frente al de concentración actual o lineal alrededor de las grandes autopistas y vías de ferrocarril”, señala José Javier García Pardenilla, gerente de Ditecpesa, compañía de Ferrovial.

Aun así, no puede negarse que la pandemia de COVID-19 está señalando los retos a los que nos enfrentamos en materia de movilidad y urbanización. Además, la relación entre ciudades y naturaleza, con la vista puesta en los desafíos del cambio climático, tampoco puede ser ignorada.

Carreteras que mejoren la vida en las ciudades

Carriles bici improvisados en las grandes arterias urbanas. Calles peatonalizadas de emergencia para evitar las aglomeraciones en las aceras. La imagen se ha repetido en las últimas semanas y seguirá haciéndolo en el futuro. De Barcelona a Bogotá, pasando por Milán, Quito, Londres o Filadelfia, por señalar solo un puñado de ejemplos, la bicicleta ha ganado protagonismo en el ecosistema del transporte urbano. De hecho, en Estados Unidos aumentó la demanda de bicicletas de forma tan repentina que muchas tiendas se quedaron sin stock.

Bogotá Bogotá fue una de las muchas ciudades que apostó por la bicicleta como medio de transporte urbano durante la pandemia. | Pixabay/bergslay

Con la recuperación de la actividad tras periodos más o menos estrictos de confinamiento, muchas de las grandes urbes del planeta se están replanteando sus sistemas de movilidad. Los medios colectivos han sido parte importante en la transmisión de la enfermedad, por lo que muchas personas apostarán por utilizar medios individuales como el coche, lo que podría aumentar la congestión urbana.

Así, aunque el transporte público siga siendo fundamental, a corto plazo perderá peso frente a los medios individuales, en los que se reducen las posibilidades de contagio. Por eso muchas ciudades están apostando por fomentar medios alternativos como las bicicletas o los patinetes eléctricos, que de paso contribuyen a reducir la contaminación y el ruido y a mejorar la calidad del aire de las ciudades.

De hecho, de cara al futuro, ni siquiera el aumento del teletrabajo reduciría el tiempo empleado en transporte por persona y día. En el caso de Madrid, por ejemplo, un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid y el Centro de Investigación y Transporte, ha señalado que aplicar el teletrabajo supondría, de ahora hasta 2031, una reducción del número de viajes y de la congestión en hora punta. Sin embargo, el tiempo empleado en transporte por persona al día se mantendría constante, aumentando los viajes en horas valle y por motivos distintos al trabajo.

Por otro lado, y también con la vista puesta en el futuro a medio y largo plazo, debe incluirse en la ecuación de la movilidad el impacto de los vehículos autónomos. En las ciudades, la combinación de carreteras inteligentes y vehículos sin conductor nos permitiría contar con una red de transporte público o de vehículos de emergencia (como ambulancias) controlada por un algoritmo que gestionase los trayectos de la forma eficaz.

El transporte interurbano y la conexión del rural

carretera rural En el rural, la carretera es la única vía para acceder a ciertos servicios y productos. | Unsplash/Les routes sans fin(s)

La pandemia de COVID-19 también ha servido para poner en valor las carreteras como elemento clave en la distribución de alimentos y mercancías hasta cualquier lugar. “Se ha puesto de manifiesto que las carreteras son imprescindibles para mantener un flujo ininterrumpido de suministros, permitiendo el transporte de bienes esenciales entre regiones y países”, explica José Javier García Pardenilla.

El sector alimentario ha demostrado ser poco vulnerable en términos de demanda, pero también ha dejado ver sus puntos débiles: la complejidad de su cadena de valor y la dependencia de las redes de comercio y distribución. “Las vías de comunicación terrestres son la única forma de asegurar la distribución directa a los hogares de comida y otras mercancías”, añade el gerente de Ditecpesa.

Además, la situación que estamos viviendo ha señalado la vulnerabilidad de algunas zonas rurales, donde la carretera es la única vía para acceder a ciertos servicios y productos. De cara al futuro, es importante asegurar la conexión de estas poblaciones sin contribuir al aumento del tráfico pesado.

“Es más una cuestión de optimizar los medios de transporte aprovechando las tecnologías. Un sistema de reparto de furgonetas autónomas podría estar haciendo repartos constantemente y decidiendo en tiempo real las rutas prioritarias”, señala García Pardenilla. A la hora de conectar poblaciones aisladas, el papel de las smart roads y los pavimentos inteligentes como el desarrollado por Ferrovial, menos dependientes de las comunicaciones móviles y satelitales, será importante.

Y es que, en general, los vehículos autónomos, privados o públicos, para el transporte de personas o de mercancías, serán claves para construir sociedades más cohesionadas y urbes más resistentes a futuras pandemias.

Escrito por Juan Samaniego el 4 de Noviembre de 2020 con las etiquetas: Carreteras Coche autónomo COVID19 Innovación Movilidad

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