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Publicada el 3 de Agosto de 2021

El mundo ha cambiado de cara muchas veces en los últimos siglos. Las sucesivas revoluciones industriales y tecnológicas han remodelado la forma en que nos organizamos, trabajamos y nos relacionamos; y las ciudades no han sido ajenas a este cambio. Sin embargo, las huellas de otros tiempos se ocultan todavía en las paredes que sustentan el mundo moderno. Un edificio que hoy parece flotar en el aire nos cuenta la historia de una ciudad que aceleraba impulsada por el carbón. 

Corría el año 1899 cuando, en el solar de la antigua fábrica de bujías La Estrella, se proyectaba la Central Eléctrica del Mediodía. Mano a mano con el arquitecto Jesús Carrasco y Encina y el ingeniero José María Hernández, a cargo de la maquinaria pesada, el empresario José Batlle empezaba a hacer realidad su sueño de llevar la entonces moderna energía térmica del carbón a las calles del sur de Madrid. 

La capital de España acababa de superar el medio millón de habitantes, pero en las próximas décadas pisaría el acelerador. Para 1930, con la Central del Mediodía a punto de echar el cierre, la ciudad habría triplicado su población. Volvamos al cambio de siglo. 

La carbonera y los zócalos de granito 

Tras tres años de obras, en 1902 empezaba a funcionar la central, ocupando la mayor parte de una parcela de casi 2.000 metros cuadrados delimitada por las calles actuales de Gobernador, Alameda, Cenicero y Almadén. Con su gran carbonera y los grandes depósitos de agua para refrigeración y generación de vapor, la central se estructuraba en dos naves paralelas de ladrillo macizo con un zócalo de granito.  

Con sus cubiertas de madrea a dos aguas sobre cerchas de acero, y con un lucernario en la parte central que permitía la iluminación cenital, el edificio pronto se convirtió en el gran referente de la arquitectura industrial de Madrid. A día de hoy, es uno de los pocos ejemplos de esta corriente arquitectónica que perviven en el casco antiguo de la ciudad. Solo que en su interior no quedan rastros de hollín. 

Durante tres décadas, la central abasteció de electricidad a todo el sector sur del centro de Madrid. Con sus tres calderas de vapor, tres máquinas de vapor horizontales de 120 caballos y tres dinamos de corriente antigua de 80 kW, se mantuvo operativa hasta 1930 bajo el control de la Unión Eléctrica Madrileña. Tras unos años abandonada, pasó a ser titularidad de la ONCE, la Organización Nacional de Ciegos Españoles fundada en 1938. 

caixaforum Madrid central electrica

Un jardín vertical 

La Central del Mediodía no ocupaba por completo los 2.000 metros cuadrados de su parcela. La actividad industrial lo inundaba todo, pero aun así había espacio para una pequeña plaza. Hoy en día el espacio público ha crecido, y esa pequeña superficie se extiende por más de 2.500 metros cuadrados. Mirando de frente al Jardín Botánico, llega a tocar el paseo del Prado. 

El suelo de la plaza apenas recuerda al ir y venir del carbón hace ahora un siglo. Está recubierto por una estructura de triángulos de hormigón que dibujan planos de diferentes inclinaciones. La misma estructura se imita en la cubierta que tapa parte de la plaza, que también está bañada por dos fuentes ornamentales. Pero el protagonismo no es para ningún de estos elementos, sino para un jardín vertical de 24 metros de altura. 

El edificio de la Central Eléctrica del Mediodía necesitaba una importante rehabilitación cuando en el año 2001 La Caixa lo compró para convertirlo en la sede de CaixaForum Madrid, un espacio de cultura y divulgación gestionado por la fundación del banco. El rediseño de la plaza giró alrededor del jardín vertical de Patrick Blanc, un innovador botánico francés experto en plantas tropicales. 

Para cuando tuvo que engalanar la plaza de CaixaForum Madrid, en 2008, Blanc ya era todo en un experto en jardines verticales. Este, en concreto, se extiende a través de 460 cuadrados de superficie de la que cuelgan 15.000 plantas de 250 especies diferentes que sobreviven sin tierra, solo con agua y nutrientes. 

caixaforum-madrid-jardin

Y un edificio flotante 

A pesar de las modernidades que la rodean, la antigua central eléctrica sigue manteniendo su apariencia industrial. Los muros de ladrillo sobreviven en la actualidad, pero no lo hacen sustentados por el robusto zócalo de granito de antaño. Los arquitectos encargados de la remodelación del edificio, los suizos Jaques Herzog y Pierre De Meuron, decidieron eliminarlo y rebajar la altura del suelo. Así, hoy, el pasado industrial de Madrid parece suspendido en el aire. 

Las fachadas de la central son, sin embargo, casi el único vestigio del siglo XIX. El interior ha sido completamente remodelado, en una actuación ejecutada por Ferrovial Construcción. Se han añadido alturas al edificio con un módulo vanguardista de acero y se han construido nuevos niveles bajo tierra, incluyendo un espacio para el auditorio.  

En el interior predominan los espacios diáfanos y las distintas áreas y pisos están conectadas a través de dos escaleras singulares: una blanca y circular, que conecta los espacios inferiores con luz artificial con las partes iluminadas de forma natural y que quiere recordar al Guggenheim de Nueva York; y una en acero situada en la parte alta del edificio. 

La fotografía, la arqueología, el diseño y el arte son, por lo demás, los protagonistas. El espacio mira de cerca a sus hermanos mayores, que lo rodean formando el llamado triángulo del arte: el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Thyssen-Bornemiszael Museo Nacional del Prado, recuerdo de un Madrid anterior al carbón y a la electricidad que empezaba a asomarse al mundo ilustrado. 

Escrito por Juan Samaniego el 3 de Agosto de 2021 con las etiquetas: Diseño y construcción Edificacion Rehabilitacion y Conservacion

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