Publicada el 16 de Agosto de 2018

Los humanos somos una especie social. Tanto que nuestra economía e índice de democracia depende del nivel de desarrollo de la infraestructura que nos une. Normal que busquemos acortar las distancias que nos separan, a veces con rutas más rectas, como hacían los romanos, y otras con vehículos más rápidos, que nos catapultan a nuevas innovaciones sociales.

Cuando dos rutas se unen en un punto (un cruce) nos inventamos nuevas formas para que ambas se relacionen sin estorbarse, como los pasos a nivel o las rotondas. Pero, ¿qué ocurre cuando la vía marítima entra en conflicto con una carretera elevada? En este caso, necesitamos puentes levadizos que “abran y cierren” el paso como si de un semáforo se tratase.

El Puente de la Torre de Londres, mítico

Decía Isaac Newton que “los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”. Murió en 1727 en Londres, mucho antes de ver diseñado o construido el Puente de la Torre de Londres. Cuesta imaginar un Londres sin este puente tan conocido que une la Torre de Londres con la orilla sur en pleno corazón de la ciudad.

Antes de este puente, el Puente de Londres (1729, Newton tampoco lo vio) era la única vía peatonal y cochera en las inmediaciones. Pero la ciudad crecía con la revolución del vapor, y el número de barcos y carros se multiplicaban. Era necesaria una nueva inversión.

plano puente de Londres

Este vino en forma de puente basculante, un tipo de puente con cierta movilidad capaz de elevarse para facilitar el paso de los barcos. Cada vez que lo hace, por supuesto, interrumpe el tránsito peatonal o rodado. Las dos torres de los laterales no solo son ornamentales. Su peso vertical impide al puente colapsar sobre sí mismo cuando hace girar sus engranajes, que son inmensos.

Cada hoja del puente pesa más de 1.000 toneladas y, aunque es bastante, un sistema de contrapesos hacen que la energía para moverlo sea baja. Es algo así como un columpio balancín con dos niños haciéndose contrapeso mutuo en lugar de con uno solo.

Erasmusbrug, el mayor puente basculante europeo

Al este en línea recta entre el delta del Támesis se entra directo al puerto bajo de Nieuwe Maas (no confundir con la movilidad como servicio MaaS), donde descansa el Erasmusbrug o Puente de Erasmo. Esta estructura atirantada de 802 m de longitud y un pilón excéntrico –es decir, que no es simétrico ni está centrado en un eje– permite pasar a los barcos más grandes abriendo su báscula de 89 metros.

No con todos los barcos necesita abrirse el puente. Solo con aquellos que transportan pesadas cargas al norte y sur del río Rin. En la fantástica fotografía de abajo observamos el Erasmusbrug en el centro, así como los puentes Koninginnebrug (blanco) y De Hef (verde) situados más arriba. Estos tres puentes levadizos, cada uno de un tipo diferente, se abren en cadena al tráfico acuático que remonta y baja el Rin.

puente de Erasmo, Támesis

El Erasmusbrug es tan grande y “liviano” con sus 6.800 toneladas que poco después de construirlo fue necesario eliminar parte del movimiento que el viento imprimía en los cables más largos. Estos se transmitían peligrosamente a la estructura, que fue reforzada con enormes amortiguadores similares a los que se usan en antisismo.

Puente Jacques-Chaban-Delmas, levantar una autopista

Mucho más al sur, en Francia, se encuentra uno de los puentes levadizos más impresionantes jamás construidos. 117 de sus 575 metros sobre el río Garona se levantan en vertical y escalan por sus cuatro torres haciendo uso de enormes roldanas que tiran, usando cables de acero trenzado, de las 3.500 toneladas que pesa la “viga”.

Desde que arranca la maniobra hasta que el puente se detiene sobre la cabeza de los ciclistas (tiene un carril bici) tarda 11 minutos. Y sí, hablamos de ese pórtico horizontal que se observa con el Sol brillando en sus pilotes. Eso es lo que se levanta para dejar pasar a los barcos por debajo, nada menos. Es como levantar en vilo una autopista.

Puente Jacques-Chaban-Delmas Francia

En base a la altura de la obra muerta –es así como se llama a la parte no sumergida de un barco, siendo la sumergida el calado– el puente sube más o menos. Operarlo arriba y abajo supone un coste enorme en tiempo y electricidad, y saber ajustar la altura implica ahorrar mucho al año.

El puente sumergible del canal de Corinto

La misma ciudad de Corinto (Grecia) que nos suena de clase de Historia del colegio, tiene un canal del mismo nombre. Pese  a su pequeño tamaño, el canal de Corinto es todavía usado para el paso de barcos de diferentes tallas. A lo largo de este río, varios puentes levadizos se levan… ¡hacia abajo!

puente sumergible del canal de Corinto

Es decir, se hunden para dejar paso a los barcos y vuelven a su posición original una vez han pasado. La idea no es nueva, pero se usa en muchos otros espacios, como en las esclusas del Canal de Panamá. Estos puentes del canal de Corinto no son grandes, ni muy costosos.

Tampoco transportan mucho tráfico ni cortan el paso a muchos coches. ¿Por qué lo mencionamos? Porque resulta impresionante observar cómo se hunden lentamente para descansar en el lecho del canal (que hay que mantener excepcionalmente limpio). Además, evita el problema de la altura de los barcos. Ya no importa lo alto que sea el velamen.

El puente de Vizcaya (o de Portugalete)

Si hemos mencionado el Jacques-Chaban-Delmas, que se mueve en vertical hacia arriba, y el los puentes sumergibles del canal de Corinto, que bajan y luego suben, estamos casi obligados a hablar del puente “levado” de Portugalete. Técnicamente está elevado, pero ni sube ni baja para dejar pasar barcos.

puente de Vizcaya o de Portugalete

En su lugar, este transbordador mueve una barquilla de un lado al otro de la ría de Bilbao. Barquilla o barcaza, según quién la mida, porque este “castillo volador” construido en 1893 y declarado Patrimonio de la Humanidad en 2006, puede con bastantes coches y cientos de personas, tal y como puede verse en la imagen superior.

Es un tipo de transporte muy usado porque el viaje, de pocos minutos, ahorra 20 kilómetros de carretera. Las vistas son preciosas, aunque este puente no está exento de tráfico. La ría es un cruce entre la plataforma voladora y el tráfico acuático, aunque a menudo son los barcos los que esquivan la aerobarcaza.

Puente del Milenio de Gateshead

Volvemos a Reino Unido para cerrar nuestro paseo por Europa y destacamos el Puente del Milenio de Gateshead (no confundir con el Puente del Milenio a secas, algo más conocido). El de Gateshead es un puente peatonal y ciclista ubicado sobre el río Tyne en la ciudad de Newcastle. Este:

Si llama la atención es porque tanto el contrapeso como el puente que se leva tienen forma curva. De huso u ojo, motivo por el que cada vez que se desplaza parece que “pestañea”. Esta forma resulta muy ingeniosa porque ahorra una gran cantidad de energía al moverse.

Es decir, no es necesaro subir el puente muy arriba porque la propia forma curva y sus tirantes imitan un “túnel” bajo el cual los barcos pueden circular libremente. Los puentes nos conectan y acercan. Algunos, además, lo hacen el el estilo que vemos en este y otros puentes levadizos europeos.

Escrito por Marcos Martínez el 16 de Agosto de 2018

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