Publicada el 6 de Septiembre de 2018

La mayoría de los ciudadanos vivimos ajenos al universo de servicios que se despliega a nuestro alrededor en las ciudades. Por ejemplo, no tenemos ni idea de dónde vienen las señales de radio que nos dan Internet o dónde están los mecanismos que impulsan el agua del canal para que suba a nuestra casa. Y, sin embargo, dependemos de ellos y de su buen mantenimiento.

Los edificios públicos como ayuntamientos, polideportivos, clínicas, colegios, centros de mayores, museos, hospitales y un larguísimo etcétera tienen detrás enormes equipos de técnicos que hacen posible el que los ciudadanos podamos disfrutar de ellos. A veces nos olvidamos de que sin toda esta gente nada funcionaría. Técnicos, este artículo va por vosotros.

La complejidad de un hospital

Los hospitales son, probablemente, los edificios públicos que más sistemas de seguridad y control necesitan. Es por eso que dirigimos un momento la mirada hacia ellos y su complejidad. Dentro de un hospital hay de todo: desde la clásica climatización similar a la de nuestra vivienda a enrevesados sistemas de ductos que serpentean por las paredes para dar oxígeno a los enfermos.

Abajo se muestra una habitación “de cortina” en la que se observa cómo de la pared surgen distintos servicios. Estos no pueden estropearse si hay un paciente en la cama:

Habitación de hospital público con distintos servicios
Imágenes: Luis García, presidenciamx, Sasin Tipchai, Michal Jarmoluk, Santeri Viinamäki, FouPic

Estos edificios son complejos desde su fase de diseño. Han de cumplir las normas de edificación básicas, pero también tienen sus propios anexos específicos. Destaca, por ejemplo, las salas de quirófano. Allí absolutamente todo (puertas incluidas) lleva una toma de tierra, y además es fácilmente esterilizable. Bombonas de gas y chispas es una mala combinación. Así como enfermos y bacterias.

Para esto último también se usan los sistemas de presión positiva y negativa. En el interior de los baños del hospital la presión es algo menor que en las habitaciones y pasillos; y la de estos últimos algo mayor que la de la calle. ¿Para qué? Para que las bacterias del exterior no lleguen a los pacientes, y que aquellas que ellos expulsan no vuelvan a las habitaciones.

Quirófano de hospital público con sistemas de presión y ventilación
Imágenes: Luis García, presidenciamx, Sasin Tipchai, Michal Jarmoluk, Santeri Viinamäki, FouPic

Algo así supone todo un reto en  ingeniería por la cantidad de conductos de ventilación necesarios. Si a alguien se le ocurre levantar el techo de un hospital podría caer de espaldas: líneas de electricidad, bandejas metálicas repletas de fibra óptica, tuberías de gas… Y todo esto tiene que funcionar como un reloj porque la vida de los ciudadanos depende de ello.

Mantenimiento predictivo, preventivo y “uy, se ha roto”

Con los hospitales y su complejidad en mente podemos trasladarnos a otro centro público, como un polideportivo, mucho más simple y aún así terríblemente complejo. En la azotea de los polideportivos y en los sótanos bajo ellos suelen encontrarse las temidas salas de máquinas.

Estas máquinas calientan el gimnasio en invierno y lo refrigeran en verano, mantienen el agua de las duchas a una temperatura adecuada, filtran el agua de la piscina y la llenan, hacen que el suministro eléctrico no se interrumpa e incluso proveen de cobertura interna a los edificios.

Por contra, tienen la fea costumbre de desgastarse, y es aquí donde el mantenimiento resulta esencial. Toda máquina –desde una unidad de climatización industrial del tamaño de una casa, al ordenador del recepcionista, pasando por un grifo– tiene una vida útil determinada. Sus componentes empiezan a deteriorarse el día uno y llega un momento en que resultan inservibles.

Grifo roto en espera de mantenimiento
Imágenes: Luis García, presidenciamx, Sasin Tipchai, Michal Jarmoluk, Santeri Viinamäki, FouPic

Durante los años que transcurren entre estas dos fechas, el personal de mantenimiento lucha a diario para empujar hacia el futuro el punto de rotura. Uno de los modos más eficientes de hacerlo es gracias al mantenimiento predictivo, de gran inversión pero muy buenos resultados.

Consiste en hacer uso de grandes volúmenes de datos y estadística para prever cuándo una pieza o máquina acabará fallando, y por dónde. La sensorización y el Internet de las cosas es clave para este tipo de mantenimiento porque también se tiene en cuenta el uso de la máquina. Estas técnicas son muy útiles para alargar su vida útil.

El mantenimiento preventivo busca que la máquina se rompa lo menos posible, realizando los cambios necesarios antes de que deje de funcionar. Por ejemplo, cambiar los filtros, limpiar las bombas, clasificando las verticales de los cables, invirtiendo en antivirus… El coste de comprar una nueva máquina (son caras) es mucho mayor que el de mantenerlas en buen estado.

Por desgracia, muchos centros públicos cuentan con el llamado “mantenimiento de rotura” o mantenimiento correctivo. Es el peor tipo de mantenimiento posible por varios motivos. En primer lugar la máquina en cuestión ya se ha roto y a menudo hay que tirarla por falta de cuidados previos; y en segundo lugar el centro en cuestión se queda sin servicio hasta cambiarla.

Técnico de mantenimiento
Imágenes: Luis García, presidenciamx, Sasin Tipchai, Michal Jarmoluk, Santeri Viinamäki, FouPic

Si los técnicos de mantenimiento leen esto probablemente se sientan identificados, ya que a menudo la falta de recursos de los proyectos públicos dan como resultado estrategias de apagafuegos. El día a día se vuelve entonces un juego de malabaristas en el que se corre tras el problema en lugar de adelantarse a él. De ahí la importancia de contar con presupuestos robustos en mantenimiento: a la larga salen más que rentables.

Importante: que el usuario no se dé cuenta del problema

Cuando el aire acondicionado deja de funcionar, o cuando las antenas de telefonía interior se rompen, el usuario se da cuenta. Esto es precisamente lo que los técnicos de mantenimiento tratan de evitar a toda costa, y es debido a su esfuerzo que ver un cubo recogiendo el blop-blop-blop de una gotera es algo raro.

Abríamos el artículo mencionando cómo el ciudadano era ajeno a los distintos servicios, y ahora agregamos “hasta que estos fallan”. Es entonces cuando se vuelven ruidosos por su silencio. En ocasiones la molestia es mínima, como cuando no tenemos agua caliente en un polideportivo. Uno puede ducharse con agua fría un día sin que suponga un trauma.

Pero otras los problemas derivados del mantenimiento son graves o muy graves. Los hospitales vuelven a ser un ejemplo de esto: no se puede dejar una planta sin electricidad, los mecanismos de presión positiva no pueden fallar, los conductos de O2 no pueden dejar de bombear esta molécula gaseosa…

Vista del interior del Museo del Prado
Imágenes: Luis García, presidenciamx, Sasin Tipchai, Michal Jarmoluk, Santeri Viinamäki, FouPic

Pensemos en el mantenimiento de un museo como el Museo del Prado (arriba). De la temperatura del aire no solo depende el confort de los visitantes, sin duda importante, sino cómo de protegidas están las obras de arte. Si fallan los sistemas de impulsión y refrigeración podríamos perder un Velázquez.

En algunos centros públicos, como los ayuntamientos o los edificios gubernamentales, hay otros sistemas críticos como el cuidado de los servidores de datos, los sistemas de seguridad, el mantenimiento de las cámaras, el control de accesos y un largo etcétera cuyo cuidado es necesario.

La mayoría de los días todo funciona con absoluta normalidad en los edificios públicos, ya sea un colegio o un centro de día. Algo que sería imposible sin un ejército invisible de técnicos que corren por los pasillos y se mueven en silencio entre la maquinaria, cuidando de ella para nosotros. A todos ellos, gracias.

Escrito por Marcos Martínez el 6 de Septiembre de 2018

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