Publicada el 15 de Agosto de 2019

Quienes hemos estudiado o trabajado en ciudades durante algunos años, reaccionamos de forma complaciente o escéptica cuando surge una nueva ola o tendencia que promete resolver todos nuestros problemas. Nos hemos familiarizado con el término “ciudad inteligente” que designa una ciudad conectada mediante sensores y tecnología, que hace la vida más sencilla al proporcionar información con solo deslizar la pantalla de un smartphone y automatizar las actividades manuales. El concepto de ciudad inteligente vive en la actualidad su segunda o tercera generación y el entusiasmo en torno a él no ha disminuido.

La empresa de análisis Navigant Research en su informe Smart City Tracker Q219 establece que el mercado tecnológico de las ciudades inteligentes aumentará de 97,4 mil millones de dólares en 2019 a 263 mil millones en 2028. Tiene sentido, pues en menos de 20 años, cuando el 70 % de la población mundial resida en las ciudades, la tecnología será esencial para hacer frente a la gran afluencia de personas que utilizará el espacio limitado y la capacidad de las infraestructuras.

¿Qué otros tipos de ciudad tenemos? Hay tantos que se pierde la cuenta. Tenemos ciudades ‘seguras’, ciudades ‘inteligentes’, ciudades ‘resilientes’, ciudades ‘más inteligentes’ e incluso ‘felices’. Todas poseen diferentes matices y suelen ser dignas de mérito en algunos ámbitos.

La nueva tendencia es ‘Ciudades Receptivas‘. Un vistazo rápido al diccionario de sinónimos de mi portátil vincula ‘receptivo’ a palabras como ‘propenso’, ‘abierto’, ‘accesible’, ‘reactivo’ y ‘alerta’, características todas necesarias. La inclinación a las ciudades receptivas proviene de la comprensión de que no se pueden obtener los resultados que prometen las ciudades inteligentes (o de cualquier otro tipo) sin la participación activa de las personas que viven allí: los ciudadanos.

Origen del término

El término se originó en el programa Future Cities Laboratory de ETH Zurich y se define así: ‘Se aprovecha el poder de la tecnología de la información para apoyar un enfoque complejo de planificación integrado y transdisciplinario a gran escala de los futuros sistemas de la ciudad. La gestion de la ciudad receptiva fomenta y aplica respuestas transparentes y oportunas desde el nivel operativo hasta el estratégico. Y esto se consigue al aprovechar nuevos y abundantes tipos de datos, métodos novedosos para explotar los antiguos repositorios de datos no aptos, nuevas tecnologías de detección y nuevas posibilidades de interacción entre las personas, las comunidades y sus entornos físicos.’

Foto de un chico sentado en la mesa de una cafeteria con un portatil

Ciudades y ciudadanos

Los ciudadanos, a lo largo de la historia, tienden a ser actores pasivos en el día a día de la ciudad. Pasan la vida desmpeñando sus trabajos para poner un plato de comida en la mesa para sus familias sin protestar. Una vez durante cada generación, se alzan para hacer posible el cambio cuando las cosas no van bien, pero para llegar a ese punto hacen falta años y una mecha que prenda la pólvora. Aunque esta respuesta “revolucionaria” de los ciudadanos es rara y suele resultar desestabilizadora, me pregunto cuántos ciudadanos del mundo se sienten insatisfechos con su suerte a diario de forma pasiva y silenciosa. ¿Cuántas personas, incluyéndonos a nosotros mismos, están descontentas con los que nos gobiernan y desean un cambio? ¿Cuántas personas forman parte de esa ‘mayoría silenciosa’?

En una encuesta reciente elaborada por Smart Cities World, la mitad de las organizaciones del sector público encuestadas consideraron que el nivel de participación ciudadana “no estaba a la altura”. En la misma encuesta, solo el 10 % de las organizaciones del sector público afirmó haber obtenido resultados “Muy buenos” en cuanto a participación ciudadana y solo el 14 % dijo haber permitido a los ciudadanos “participar activamente para mejorar la ciudad.”

 

Comprender las necesidades de los ciudadanos

Ferrovial Servicios, como organización que presta servicios urbanos a cientos de municipios en España, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y América, tiene interés en saber qué servicios son los que más interesan a los ciudadanos o, en definitiva, qué les importa. Algunos sostienen que los ciudadanos pueden ejercer un gran impacto (positivo o negativo) en servicios como la gestión de residuos y el reciclaje, pues requieren su participación práctica todos los días. ¿Qué pasa con servicios como las carreteras? ¿Es algo limitado al dominio del ingeniero profesional y el gestor de activos o tienen derecho los ciudadanos a contribuir?

Changify, un proyecto de innovación realizado por Ferrovial, demostró que las personas estaban dispuestas a comentar cuestiones relacionadas con los servicios de carreteras y sugerir mejoras. La naturaleza de este proyecto implicaba que la comunidad estuviera en el centro del debate discutiendo ideas antes de presentarlas al proveedor de servicios y al consejo. Los resultados fueron interesantes: hubo discrepancias entre las prioridades del público y las del proveedor de servicios, definidas en el contrato con el ayuntamiento. Por lo tanto, surge la siguiente cuestión: ¿Es posible que los ciudadanos tengan voz frente a las acciones del proveedor de servicios y el consejo al proporcionar servicios? ¿Será posible en el futuro un contrato flexible que responda a las necesidades cambiantes de los ciudadanos?

Foto de un grupo de personas sentadas en el cesped de un parque con una ciudad de fondo

Participación ciudadana

Es evidente que la “participación ciudadana” es un concepto relacionado con el progreso y la innovación. Cambiar el “comportamiento” de los ciudadanos es un tema difícil, pues supone un factor crítico para el éxito de los servicios y el desarrollo de la ciudad.

Según un estudio reciente de Deloitte Insights, el incumplimiento ciudadano (comportamiento incorrecto) cuesta “miles de millones de dólares”. Puede segmentarse en categorías como incumplimiento involuntario: “No lo sabía”, incumplimiento por carga: “Es demasiado complejo” e incumplimiento intencionado: “No me importa”.

¿Debe entonces considerarse un objetivo lograr el comportamiento apropiado de los ciudadanos? Vemos surgir palabras como “impulsar” para describir acciones que influyen en el comportamiento ciudadano, que suenan mejor y resultan menos severas y más aceptables. Una parte de la Oficina del Gabinete del Gobierno del Reino Unido se ha convertido en The Behavioural Insights Team, una consultora especializada en impulsar el cambio de comportamiento ciudadano. Citan el éxito obtenido al ayudar al gobierno a recaudar más ingresos fiscales para lograr que más personas utilizaran un servicio público de bicicletas compartidas mediante la implementación de la ciencia del comportamiento.

Hemos llevado nuestro interés por la participación ciudadana a un gran evento en Londres en junio de este año. Tras la intervención de excelentes oradores y la interacción con el público, llegamos a las siguientes conclusiones:

  • Debes asegurarte de escuchar a la mayor cantidad de personas posible y no conformarte con la opinión de quienes suelen responder a las consultas
  • Debes participar de manera correcta y mantener la confianza en relación a la gestión de datos personales
  • Debes hablar con las personas para hacerte una idea de sus apreciaciones y puntos de vista. Las encuestas y marcar casillas de una lista no te llevarán muy lejos
  • El análisis objetivo y la comprensión de los datos son la base de la participación ciudadana
  • Si comprometes a los ciudadanos, debes estar preparado para actuar en consecuencia

Es evidente que los procesos y adquisiciones no parecen temas interesantes, pero son vitales para implementar estudios piloto positivos y permitir que más personas se beneficien de los resultados que prometen. La innovación y las soluciones tecnológicas no escasean, solo debemos asegurarnos de que vayan en sintonía con los procesos de la ciudad, como las políticas y adquisiciones.

Foto cenital de un tres chicas frente a un portátil

Una vez más, es importante que los ciudadanos participen activamente en el debate. De lo contrario, su contribución y opinión quedarán excluidas, provocando que la inversión en infraestructuras o activos sea inútil si nadie usa el edificio, recicla en el contenedor o hace uso del punto de carga para vehículos eléctricos. Los ciudadanos pueden ser la fuerza que más favorezca el progreso y el cambio o la mayor barrera.

En resumen, vemos el valor de la “ciudad inteligente”, pero ¿se limita a la tecnología? ¿Cómo se involucran los ciudadanos de forma activa a través de sus comportamientos cotidianos para apoyar la transformación requerida? Creemos que las ciudades deberían tratar de ser “Ciudades receptivas”, con ciudadanos cada vez más comprometidos e interesados ​​en lo que sucede a su alrededor y que participan colectivamente para hacer del futuro un lugar mejor para todos.

Ve nuestro vídeo sobre las ciudades receptivas aquí y toma tu propia decisión.

Escrito por Mark Saunders el 15 de Agosto de 2019

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