Publicada el 1 de Junio de 2018

Desde la aparición y liberalización de Internet, a finales del siglo pasado, se ha llevado por parte de la ciudadanía un lento pero constante proceso de democratización de derechos, conocimientos e incluso deberes. Estos se han ido trasladando desde un poder central hacia la descentralización ciudadana.

Esta, organizada, cada vez tiene más poder de decisión sobre su entorno directo. A medida que añadimos a la gestión urbana los sistemas masivos de recogida de datos mediante sensores y aplicaciones, las interacciones, quejas, sugerencias y propuestas de la ciudadanía quedan registradas y son tenidas en cuenta.

Ya se están utilizando los primeros algoritmos para la mejora de las ciudades gracias tanto a la participación ciudadana como a la recogida de datos. Estos son analizados en busca de patrones mediante procesos de Big Data, y gracias a ellos podemos hacer las ciudades más cómodas, respetuosas con el medio ambiente y agradables. Vivibles.

Cederemos parte del control a los algoritmos, y nos sentiremos aliviados por ello

Al hablar de máquinas y ceder el control nuestra mente se evade a Terminator y Yo, robot. Máquinas que nos hacen la vida imposible, y o IAs que nos controlan por nuestra seguridad. Bajo ese panorama, ceder el control suena mal.

No obstante, pensemos en el smartphone actual y en el número ingente de avisos que recibimos a diario. El email y las redes sociales saturan nuestro tiempo y nos distraen. Es lo que Rand Hindi, científico de profesión, llama fricción tecnológica. Sin embargo, podemos hacer uso de un algoritmo que solo deje pasar las señales que nos interesan.

Otro ejemplo, más relacionado con la cesión del control más personal: imaginemos que somos lectores habituales y que cada poco compramos un libro. Hasta hace poco, las alternativas eran tener nosotros el control de la siguiente lectura, yendo a comprar; o pedir opinión a un familiar, conocido o amigo su opinión sobre el posible siguiente volumen, delegando en ellos.

Sin embargo, hoy día existen otras herramientas, tales como OH!Libro o Goodreads, algoritmos que nos recomienda la siguiente lectura en base a los libros que nos han gustado (y los que no). Aunque resulte sorprendente, estos algoritmos aciertan más que nuestros conocidos.

algoritmos información ciudades
Fuente: Unsplash | Autor: Freddie Marriage

Ese es el tipo de control que cedemos cada vez con más frecuencia a diferentes máquinas virtuales. Pero hay otros ejemplos.

Imaginemos ahora que, como profesionales, necesitamos estar informados de las novedades nuestro campo. Por ejemplo, la nanotecnología. Tenemos varias opciones para buscar libros, artículos e incluso podcast con el contenido que queremos aprender, y una de ellas son los algoritmos como Google Alerts. Nosotros solo tenemos que decir sobre qué palabra o grupos de palabras queremos recibir alertas, y le damos el control a un algoritmo de buscarlas en nuestro nombre, ahorrando mucho tiempo.

¿Cómo se aplican los algoritmos a las ciudades inteligentes para mejorar la vida de sus ciudadanos?

Una vez que hemos dejado claro qué es un algoritmo (y que no va a matarnos a todos, ni mucho menos), podemos focalizarnos en cómo los ciudadanos reinarán gracias a los algoritmos, y cómo controlarán, directa o indirectamente, sus ciudades.

La manera directa de recogida de datos implica voluntad por parte del ciudadano de dar su opinión, criticar o asistir a un acto público. La manera indirecta consiste en hacer uso de los datos que el ciudadano genera en los sistemas de transporte, el tributario, etc. Tomemos el ejemplo de Madrid.

Los portales web municipales y la democracia directa

Probablemente sea de los proyectos más conocidos. Decide Madrid es un portal público del ayuntamiento accesible a todos como lectura pero en la que los madrileños (por estar empadronados) pueden participar, aportando su experiencia al gobierno de su ciudad.

En este tipo de portales, que se dan en otras ciudades de España, Europa y el resto del mundo, hay debates por parte de los ciudadanos, se emiten propuestas que se discuten, se votan y, si tienen un apoyo suficiente, se elevan al ayuntamiento para que dé su visto bueno y ejecute el proyecto.

En otras palabras, los ciudadanos tienen ahora cierto control sobre los presupuestos de su ciudad.

Este tipo de sistemas requiere de una base tecnológica donde operar, un conjunto de reglas y programas a los que llamamos algoritmos y que ayudan a gobernar estos portales web. Todos los datos recogidos por este tipo de plataformas serán importantes para otros usos, como veremos más adelante.

Las aplicaciones para el smartphone que ayudan a la gestión urbana

Avisos Madrid es una aplicación para smartphone que ayuda a los ciudadanos a ponerse en contacto con el ayuntamiento para dar avisos sobre distintas incidencias. Asuntos relacionados con agua y alcantarillado en mal estado, calle sin luminaria, contenedores volcados, suciedad en la calle…

 

Gracias a la colaboración ciudadana (y una plataforma que gestiona el tráfico), dentro del Ayuntamiento se trabaja con un mapa de la ciudad donde van apareciendo las incidencias y su relevancia. Si hace unos años hablábamos de responsabilidad ciudadana con la separación de residuos, quizá en un futuro hablamos de responsabilidad ciudadana en la emisión de datos.

Con todos estos datos no solo se puede responder rápidamente a algún problema urbano (como que una alcantarilla rebose agua), sino que se pueden generar estudios en base a los barrios más problemáticos y con menos servicios. Por ejemplo, un ayuntamiento podría modificar su plan de recogida de basuras en base a los históricos de avisos sobre contenedores llenos.

El reparto de presupuesto en base a las condiciones de cada barrio

Y es que no todos los barrios son iguales. El terreno en el que se encuentran, la densidad poblacional, la renta de sus vecinos, el nivel de estudios o la cantidad de parques, entre otros, son factores que afectan a los desequilibrios entre barrios.

Para atacar estos desequilibrios, un equipo de investigadores de la Carlos III ha desarrollado una «herramienta que analiza las necesidades socioeconómicas de las áreas de la ciudad»:

 

Como dice José Manuel Molina López, del GIA de la Carlos III, la potencia de todas estas herramientas será realmente útil cuando se puedan fusionar las opiniones de millones de personas en una sola herramienta junto con la voz de expertos en la materia. ¿Nos suena?

Retrocediendo unos cuantos párrafos hablábamos de Goodreads y OH!Libro, sistemas basados no solo en la interacción de un lector, sino con millones de ellos dando su opinión al mismo tiempo.

Gracias a este tipo de herramientas, en que los datos de los portales web de los ayuntamientos (Decide Madrid), las aplicaciones de avisos (Avisos Madrid), y los datos socioeconómicos son clave, se pueden limar las diferencias de vida entre barrios, y asignar los presupuestos en base a conceptos tan difíciles de ver como la vulnerabilidad social. Entre otros objetivos.

Los algoritmos están ahí, detrás de cada sistema y aplicación, para canalizar y dar forma a las opiniones conjuntas de millones de personas. Llevado el ejemplo matemático al extremo, se hace una media entre las opiniones de toda una ciudad para que los ayuntamientos sepan de antemano qué medidas espera su ciudadanía de ellos.

En el proceso, cedemos poder a una herramienta de cálculo (método, programa, IA o algoritmo, en función de la situación), para mejorar la vida de las personas, y para darles poder. Porque cediendo el poder a los algoritmos es como los ciudadanos acabarán reinando (desde la base).

Escrito por Marcos Martínez el 1 de Junio de 2018 con las etiquetas: Big Data Ciudadanos Madrid smartphone

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