Políticas, infraestructuras, leyes, campañas de prevención, tecnología, investigación, concienciación… Para mejorar la seguridad vial existen muchas herramientas. Todas persiguen un único objetivo: prevenir los accidentes de tráfico y minimizar sus efectos.

Publicada el 22 de Agosto de 2019

Desde que existe el transporte rodado, existe la seguridad vial. Con el tiempo, los primeros semáforos a gas han dejado paso a sistemas inteligentes de gestión del tráfico. Pero no todo es tecnología punta. Como demuestra la historia de este trozo de hormigón.

Las barreras de hormigón pueden parecer simples y poco complicadas, pero, en realidad, son sofisticados sistemas de seguridad

Lo explica Charles F. McDevitt, ingeniero de estructuras de la Federal Highway Administration de Estados Unidos.

Su origen es difícil de rastrear, pero todo parece indicar que surgieron de la mano del boom del transporte a motor por carretera. Y lo hicieron de una forma poco ortodoxa.

Foto de un módulo de barrera de hormigón
Barrera de hormigón tipo New Jersey / Wikimedia Commons, CorreiaPM

Una barrera de prueba y error

Las barreras de hormigón son un sistema útil de separación de carriles o de una zona de obra de la calzada, por ejemplo. Existen varios tipos, pero uno de los más utilizados en todo el mundo es la llamada barrera New Jersey. Su diseño se ha perfeccionado con los años y es fruto de una constante labor de ingeniería. Pero sus principios fueron más de andar por casa.

Uno de los primeros usos documentados de este tipo de barreras se remonta a los años 40 del siglo pasado en California. Allí, se utilizaban para separar los carriles de la carretera US-99 a su paso por la sierra de Tehachapi. El objetivo era minimizar los accidentes por invasión del carril contrario. El problema era que aquellas primeras barreras no lograban frenar a los vehículos pesados, como camiones.

Ya en los años 50, en el estado de Nueva Jersey, las barreras de hormigón empezaron a hacerse más conocidas. Primero se instalaron en un tramo de montaña de la ruta 22 con el mismo objetivo que las de California. Aquellas barreras medían 48 centímetros de alto y tampoco lograban reducir los accidentes con camiones. Mediante prueba y error, el diseño se fue modificando sobre la marcha. Es decir, se instalaban las barreras y, si no reducían los accidentes, el diseño se cambiaba. Nada de tests en laboratorio.

Ya en los años 60, la investigación y la ingeniería tomaron las riendas. En el Stevens Institute of Technology, en el mismo estado de Nueva Jersey, tras varias pruebas, fijaron unas normas estándar: 81 centímetros de alto y 60 de ancho, hormigón armado y dos pendientes con diferentes ángulos de inclinación, de 84 y 55 grados. Nacía así la barrera New Jersey. En poco más de una década, su uso se extendió por todo el país. A finales de los 80 había ya más de 1.000 kilómetros en uso en Estados Unidos.

Imagen del esquema de medidas de una barrera de hormigón
Esquema del diseño de la barrera New Jersey. / FHWA

Para qué sirve una barrera New Jersey

Poco a poco, el uso de la barrera New Jersey se fue extendiendo por otros países. Su instalación relativamente fácil y sus buenos resultados jugaron a su favor. Básicamente, su éxito se basa en dos claves. Su masa le permite absorber un fuerte impacto solo sufriendo una desviación controlada. Y las dos pendientes contribuyen a elevar el vehículo, haciendo que este vea reducida su velocidad de forma rápida, y a redirigir su trayectoria, impidiendo que invada otro carril o se salga de la carretera.

En caso de impacto, tal como explican desde la Federal Highway Administration de Estados Unidos, el parachoques delantero golpea la cara inclinada superior y se desliza hacia arriba. Después, a medida que el vehículo se desvía y se coloca más paralelo a la barrera, las ruedas entran en contacto con la cara inclinada inferior. Todo lo que se necesita es elevar el vehículo lo suficiente como para eliminar el contacto de las ruedas con el pavimento. Cuando esto sucede, la velocidad disminuye rápidamente.

El buen comportamiento de las barreras New Jersey contribuyó a su popularización. Hoy, se utilizan de forma temporal o permanente para separar carriles y sentidos de circulación, marcar desvíos de la carretera o proteger zonas de obra en todo el mundo. Pero no son infalibles.

Desde el ministerio de Fomento de España señalan:

Las barreras de seguridad como sistemas de contención de vehículos son elementos de las carreteras cuya función es sustituir un accidente de circulación por otro de consecuencias más predecibles y menos graves, pero no evitan que el mismo se produzca, ni están exentas de algún tipo de riesgo para los ocupantes del vehículo

Además, como indican desde la Dirección General de Tráfico de este país, si el impacto se produce a velocidad excesiva, las ruedas pueden subir a demasiada altura y se puede producir el vuelco del vehículo.

Foto de una carretera vista desde la parte de arriba de un coche
Las barreras de hormigón siguen siendo un elemento clave en la seguridad de las carreteras. / Pexels, Taras Makarenko

La movilidad: la clave final

Durante las primeras décadas de su utilización, incluso ya una vez estandarizadas, las barreras del tipo New Jersey no eran exactamente como las conocemos hoy en día. No se trataba de una estructura modular, sino que se construían con hormigón armado directamente sobre el terreno. En la actualidad, las barreras se fabrican en módulos de una longitud determinada (en Europa, por ejemplo, de un metro) y se transportan allí a donde son necesarias. Además, pueden fijarse al suelo o no, en función de las necesidades.

Con el tiempo, se han desarrollado otro tipo de barreras, como las de pendiente constante y las tipo F (muy similares a las New Jersey, pero con el punto de inicio de la pendiente más bajo). También se han probado otros materiales como el plástico. En este caso, las barreras se lastran llenándolas de agua y se vacían para su transporte.

Hoy por hoy, existen varias soluciones de barreras en el mercado, pero la New Jersey sigue siendo una de las más utilizadas. El motivo, en el fondo, sigue siendo el mismo que logró su consolidación en Estados Unidos en los años 70 del siglo XX. Su eficiencia y su facilidad de colocación son los suficientemente convincentes como para no tener que invertir en una solución de reemplazo.

Escrito por Juan Samaniego el 22 de Agosto de 2019

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