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Publicada el 1 de Junio de 2020

El Abroñigal es el segundo curso de agua más importante de la ciudad de Madrid, después del Manzanares. Sin embargo, cada vez menos personas recuerdan sus orillas. Desde 1970, discurre bajo la M-30. En realidad, para ser más exactos, es la carretera de circunvalación la que discurre sobre el cauce del Abroñigal.

Los primeros habitantes de Madrid, como los de la mayoría de los poblados humanos, se asentaron no lejos de los ríos y manantiales que proporcionaban agua limpia y pesca. Casi todos estos cursos fluviales están hoy cubiertos, pero siguen llevando sus aguas bajo metros de tierra y asfalto. Algunos de estos ríos incluso perviven en el callejero de la ciudad, como el del arroyo de la Castellana.

Sin embargo, las razones por las que un día decidieron ocultarse estos ríos ya no son tan importantes. Y hoy los cursos de agua soterrados empiezan a suponer más desafíos que ventajas. El mejor ejemplo de ello quizá esté en los ríos perdidos de Reino Unido.

Las cubiertas victorianas de Londres

El Támesis es uno de los ríos más caudalosos y largos de Inglaterra. A sus orillas se extiende la ciudad más poblada de Europa, Londres. El Támesis y sus puentes se llevan hoy toda la atención, pero hubo un tiempo en el que la planicie londinense era un terreno húmedo, propenso a las inundaciones y surcado por decenas de otros ríos y arroyos. Las calles Fleet, Walbrook, Effra Road, Bayswater o Stamford Brook han sido todas bautizadas en honor a los antiguos cursos de agua que todavía hoy discurren bajo ellas.

El caso de los ríos perdidos de Londres no es único. De hecho, tapar los cursos de agua fue una práctica habitual en la Inglaterra victoriana. A lo largo de la historia, los ríos han sido la fuente natural de desagüe de los asentamientos humanos. Es decir, el lugar en el que acaban prácticamente todos los desperdicios. Pero durante los siglos XVIII y XIX, a medida que las ciudades crecían y se industrializaban, la situación se volvió insostenible.

Los ríos se convirtieron en sumideros a cielo abierto y el mal olor se hacía difícil de soportar. Así, antes de que la mayoría de sistemas urbanos de tratamiento de agua se pusieran en práctica, la primera opción fue tapar los ríos. Además, a cambio se conseguía espacio para nuevas calles y para mejorar la ciudad.

Támesis y el Big Ben El río Támesis en Londres en el año 1875. | Leonard Bentley

¿Es hora de renaturalizar los ríos?

Más allá de la historia de Londres, la situación se repite en multitud de centros industriales y agrícolas de Reino Unido. Sin embargo, el contexto en el que se decidió cubrir los ríos de Reino Unido y buena parte de Europa ha dejado de existir.

Hoy, la mayoría de ciudades tienen sistemas eficientes de alcantarillado y depuración de aguas, por lo que el aporte de contaminantes a los ríos ha disminuido en gran parte del continente. Además, en el caso de que se produjese un vertido a través de alguna canalización antigua, este no podría descubrirse fácilmente al estar oculto a la vista.

Por otro lado, las ciudades han seguido creciendo y las capas de pavimento han continuado aumentando sobre los ríos subterráneos. Esto obliga a un mantenimiento cada vez más frecuente de las estructuras de canalización de estos cursos de agua, que, en muchos casos, son las mismas que hace más de un siglo.

No solo eso, sino que los ríos son la forma natural de desagüe de las aguas pluviales, pero, al canalizarse y taparse, se limita su capacidad seriamente. Mientras los sedimentos han ido acumulándose en muchos de estos canales a lo largo de los años (reduciendo aún más su capacidad), las tendencias climáticas parecen señalar al aumento de las lluvias torrenciales en intensidad y frecuencia en las próximas décadas.

Es decir, los ríos subterráneos, hoy, suponen un aumento del riesgo de inundación en muchas ciudades. Recuperarlos y sacarlos a la superficie podría ser parte de una batería importante de medidas para mitigar los efectos del cambio climático y construir ciudades más resilientes de cara al futuro.

Todo esto, dejando de lado los beneficios evidentes de contar con un entorno fluvial natural para los ecosistemas y las personas. Es por eso que en los últimos años han aumentado los proyectos de renaturalización o daylighting. O, lo que es lo mismo, destapar y descanalizar los ríos subterráneos en la medida de lo posible.

Río Roch en Rochdale Trabajos de daylighting del río Roch en Rochdale, Reino Unido. | Wikimedia Commons/P. Hogg

Las ventajas de destapar los ríos subterráneos

El agua aumenta la sensación de pertenencia a una ciudad y, a menudo, convierte el entorno del río en un foco de actividades. La vida silvestre vuelve a la ciudad, aunque solo se trate de algunas especies de patos.

 

Lo explica David Lerner, profesor de ingeniería ambiental de la Universidad de Sheffield.

Junto con otros miembros de la universidad, Lerner ha analizado los proyectos de daylighting de la última década en Reino Unido, publicando los resultados de su investigación en el paper ‘Volunteered information on nature-based solutions — Dredging for data on deculverting’.

En los 96 proyectos analizados, las razones mayoritarias para destapar los ríos subterráneos son el deseo de crear nuevos hábitats, reducir el riesgo de inundación, proporcionar nuevas comodidades y desarrollar proyectos de regeneración.

 

Más en detalle, las ventajas que puede aportar recuperar los ríos son las siguientes:

  • Reducción del riesgo de desastres naturales y, en particular, de inundaciones, al aumentar el caudal natural de desagüe del entorno en el que están emplazadas las ciudades. Si se descanaliza, se mejora también el control del caudal mediante la capacidad de absorción del terreno.
  • Limitación de costes futuros. Mientras los costes asociados a desastres naturales se reducen, el entorno del río se convierte en un activo para la ciudad con beneficios económicos a largo plazo.
  • Reducción de costes de mantenimiento. Si bien el mantenimiento de un río urbano no está exento de gastos, estos son considerablemente menores que los de mantener infraestructuras subterráneas.
  • Mejora de la calidad de vida en el entorno. La renaturalización del entorno del río implica no solo destapar el curso de agua, sino mejorar sus orillas, replantar vegetación y permitir el regreso de la fauna salvaje.

La recuperación del río Porter Brook en Sheffield o del Roch en Rochdale, recuperando no solo el río, sino un puente del siglo XIV, son algunos de los ejemplos de curso de agua que han vuelto a ver la luz en Reino Unido después de muchas décadas bajo tierra. Ríos perdidos que han sido rescatados para un futuro un poco más verde, sostenible y, sobre todo, resiliente.

Escrito por Juan Samaniego el 1 de Junio de 2020 con las etiquetas: Agua Aguas residuales Cambio climatico Conservación del medio ambiente

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