Publicada el 18 de Marzo de 2019

La respuesta parece evidente. Desde siempre. Para cada uno de nosotros individualmente, habitantes del primer mundo, esta respuesta es correcta. Pero ¿para el conjunto de la humanidad? Esa respuesta tal vez ya no sea tan sencilla. Echemos un vistazo a la historia en busca de respuestas.

Todos los animales necesitamos consumir agua para sobrevivir, pero sólo los humanos la tratamos. Cuando el hombre primitivo se convierte en agricultor en el Neolítico, aproximadamente en el 7.000 a.C., empieza a necesitar conducir el agua para los sistemas de riego. Ya no basta con acercarse a coger el agua del río o de los manantiales. Así empiezan también a aparecer ingenios para conseguir un agua más limpia.

Para aquellos hombres primitivos, un agua más limpia significaba mejorar su turbidez, olor y sabor, es decir sólo en las características físicas, las que se pueden percibir a través de nuestros sentidos. Los primeros sistemas fueron simplemente dejar reposar el agua en vasijas o pozos para permitir la decantación y que el agua estuviera menos turbia. Después poco a poco se fueron extendiendo otros métodos como el filtrado a través de arena o grava, dejar el agua al sol o hervirla. Existen registros de estos métodos desde el 4.000 a.C.

agua potable en el mundo

Fueron los griegos y los egipcios los que consiguieron una mayor sofisticación. Los griegos empezaron a utilizar los filtros de carbón y en el 1.500 a.C. hay documentos que explican como en Egipto se utilizaban sustancias minerales y vegetales para facilitar la precipitación y clarificar el agua, lo que en la actualidad denominamos floculación.

Los romanos adoptaron estos sistemas y los utilizaron a gran escala en sus ciudades. Distribuían agua a través de tuberías de diversos materiales, que previamente había sido almacenada en depósitos y tratada con métodos sencillos como el de la aireación.

En definitiva, hace más de 3.000 años las técnicas básicas de potabilización ya se conocían. De hecho, se siguieron usando sin grandes cambios hasta el siglo XIX. Cuando, con sólo dos años de diferencia en 1804 y 1806, en Glasgow y París respectivamente, se ponen en marcha las dos primeras plantas de tratamiento de agua a gran escala para abastecer una ciudad de la edad moderna. Fueron plantas que contaban con sedimentación y filtrado mediante arena y carbón.

Pero a finales del siglo XIX, Pasteur, a quien la humanidad no ha dedicado suficientes estatuas, demuestra que en el agua habitan miles de organismos microscópicos que pueden transmitir numerosas enfermedades. No fue una sorpresa, pues las grandes aglomeraciones urbanas habían dado lugar a brotes de cólera y otras enfermedades, que se ya se habían empezado a relacionar con la contaminación del agua. Queda claro por tanto que no es suficiente con mejorar las características físicas del agua.

historia potabilización del agua

De esta forma la historia del agua potable entra en una nueva dimensión con la introducción de desinfectantes. En 1908 se utiliza por primera vez el cloro para tratar el agua en Nueva Jersey y al mismo tiempo se empieza a usar ozono en Europa.

El efecto de la potabilización del agua fue sencillamente espectacular. En los primeros 30 años del siglo XX se produce el mayor salto en la esperanza de vida de la historia. En los países más desarrollados donde se extiende este tratamiento (Inglaterra, Francia, Alemania, Países Bajos e Italia) se producen incrementos de entre 10 y 15 años en la esperanza de vida. ¡En solo 30 años!

1750 – 1759 1850 – 1859 1880 1900 1930 1950 1985
Inglaterra 36,9 40,0 43,3 48,2 60,8 69,2 74,7
Francia 27,9 39,8 42,1 47,4 56,7 66,5 75,4
Suecia 37,3 43,3 48,5 54,0 63,3 71,3 76,8
Alemania 37,9 44,4 61,3 66,6 73,8
Italia 35,4 42,8 54,9 65,5 75,9
Países Bajos 36,8 41,7 49,9 64,6 71,8 76,4
Unión Soviética 27,7 32,4 42,9 64,0 68,0
Estados Unidos (población blanca) 41,7 47,2 50,8 61,7 69,4 74,7
Australia 49,0 55,0 65,3 75,9
Japón 35,1 37,7 45,9 59,1 77,8

Fuente: Livi-Bacci (2002)

Finalmente ha sido el cloro el que se ha impuesto como desinfectante para tratar el agua potable. Porque es un germicida de amplio espectro, es decir, elimina todos los microorganismos y a la vez evita la proliferación de mohos y algas; porque su efecto perdura en el tiempo y consigue mantener el agua limpia hasta que sale por nuestros grifos; y, aunque habrá quien no se lo crea, porque mejora el sabor y los olores.

Así que en realidad la humanidad ha necesitado beber agua potable desde siempre, pero hasta hace poco más de 100 años no lo sabíamos.

El problema es que hoy 22 de marzo de 2019, en pleno siglo XXI sigue habiendo 844 millones de personas que no tienen acceso a agua potable. Ni siquiera tiene acceso a métodos como los de los romanos. Repito la cifra, 844 millones, para que resuene en nuestros oídos e intentemos que nuestra mente se dé cuenta de la magnitud del problema. En Europa vivimos 740 millones de personas. Es como si desde Lisboa hasta Moscú, desde Sevilla a Oslo, nadie tuviera agua potable.

agua potable en los diferentes países

Las Naciones Unidas ha fijado como Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6, “garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”. Es uno de los ODS que están más al alcance de nuestra mano. 2.300 millones de personas consiguieron acceso al agua potable entre 1990 y 2015. ¿Por qué no va a ser posible conseguir el acceso universal en 2030? Celebrar el Día Mundial del Agua tiene que servir para movernos a la acción.

En Ferrovial así lo hemos entendido y llevamos trabajando desde 2011 para conseguir llevar agua potable a las poblaciones más vulnerables del planeta. En ese año se puso en marcha el Programa Infraestructuras Sociales que apoya proyectos para facilitar el acceso al agua y al saneamiento en áfrica subsahariana y américa latina. Hasta el momento hemos desarrollado 25 proyectos en 8 países que han permitido que 223.000 personas tengan acceso a agua potable de calidad.

Es nuestra contribución para conseguir el sueño de la ONU del acceso universal al agua en 2030. Porque de eso se tratan los ODS, de que soñemos juntos.

Escrito por Ricardo Navas el 18 de Marzo de 2019

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