Publicada el 27 de Agosto de 2020

Upcycling y downcycling, zero waste, diseño cradle-to-cradle… Los conceptos, técnicas y filosofías que rodean la economía circular parecen nuevos, pero no lo son tanto. En las últimas décadas hemos experimentado un impulso hacia una nueva forma de producir, que minimiza la generación de residuos mediante la eficiencia de procesos, el reciclaje y la reutilización. Sin embargo, la idea detrás de todo, del objetivo de extraer el máximo valor posible de los recursos, es milenaria.

Cada vez más excavaciones arqueológicas encuentran rastros de la economía circular en el pasado. En otros tiempos, la autosuficiencia de las ciudades era fundamental y el reciclaje y la reutilización de recursos estaban a la orden del día. En la Pompeya romana, por ejemplo, los restos de los azulejos y las ánforas rotas eran usados habitualmente en la construcción. Y en Palmira, un gran enclave comercial en medio de la ruta de la seda, la cultura de un solo uso era inexistente.

La economía circular del pasado

El concepto de economía circular, tal como lo usamos hoy en día, tiene sus orígenes en la década de los 80 del siglo pasado. Frente al modelo productivo de extraer, construir y desechar, la circularidad busca crear sistemas cerrados de relación entre la economía y la naturaleza. Es decir, sistemas no lineales, sistemas en los que los recursos se usan una y otra vez en lugar de acumularse en forma de basura sin valor.

Esta circularidad, presente en cualquier sistema vivo (en la naturaleza, el uso de recursos está totalmente optimizado), se basa en tres principios. La Fundación Ellen MacArthur los define como: diseñar reduciendo la contaminación y los residuos, prolongar la vida útil de productos y recursos y regenerar los sistemas naturales. Sobre estos pilares se han construido diferentes modelos productivos en las últimas décadas, como los aplicados a la construcción de carreteras o en la fabricación de envases.

“La noción de circularidad hunde sus raíces en la historia. La idea de la retroalimentación, de ciclos cerrados en sistemas del mundo real, es antigua y aparece reflejada en varias escuelas de filosofía”, señalan desde la Fundación Ellen MacArthur. En los últimos años, han aparecido vestigios de reciclaje de metales en el golfo Pérsico (en el actual Dubái) hace 3.000 años. Y pruebas de que el reciclaje de cristal era habitual en la civilización bizantina varios siglos antes de Cristo.

De entre todos los hallazgos arqueológicos que desentrañan el pasado de la economía circular, dos destacan por encima del resto. Son descubrimientos que nos llevan a dos de las ciudades más míticas de la antigüedad.

Los basureros de Pompeya

Las ruinas de Pompeya Las ruinas de Pompeya son una puerta abierta al día a día de la sociedad romana. | Unsplash/Pieter Biesemans

En algún punto hacia finales del año 79 de nuestra era (la fecha exacta todavía es objeto de discusión), una violenta erupción del Vesubio sepultaba una de las ciudades más famosas del Imperio Romano. Pompeya había existido durante siglos y quedaría oculta bajo los materiales expulsados por el volcán hasta que fue redescubierta, de forma casual, en 1748. Desde entonces, y aunque con varias interrupciones, se ha mantenido la investigación arqueológica en la zona.

En las ruinas de Pompeya se tiene una imagen clara del día a día de la civilización romana. Sus cultivos, sus fiestas, su arquitectura, sus celebraciones y, también, sus basureros. Sin embargo, una investigación reciente desarrollada por la arqueóloga Allison Emmerson de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, señala que los vertederos encontrados a las afueras de la ciudad no son lo que parecen. Se trata, en realidad, de montones de materiales listos para ser seleccionados y reutilizados en tareas de construcción.

Analizando los restos de tierra presentes en estos supuestos basureros, así como los materiales presentes en los muros de las casas y los pavimentos, los investigadores descubrieron que en Pompeya era habitual reutilizar ánforas y azulejos rotos, así como restos de mortero y yeso. Los materiales se usaban de base en la construcción y luego se recubrían de una capa nueva de yeso para ocultarlos de la vista.

“[Hoy en día] no nos importa lo que suceda con la basura siempre y cuando no la veamos. Lo que nos encontramos en Pompeya fue completamente diferente: los desechos se recolectaban y clasificaban para su reciclaje”, explica Emmerson en una entrevista reciente en The Guardian. “Los pompeyanos vivían mucho más cerca de la basura de lo que la mayoría de nosotros consideraría aceptable, no porque la ciudad careciera de infraestructura, sino porque sus sistemas de gestión urbana estaban organizados en torno a principios diferentes”. Principios de circularidad.

La autosuficiencia milenaria de Palmira

Ruinas del templo de Bel, en Palmira Ruinas del templo de Bel, en Palmira. | Wikimedia Commons/Bernard Gagnon

A casi 250 kilómetros al norte de la actual Damasco, en medio del desierto sirio, se alzan las imponentes columnas y arcos de una ciudad milenaria. Tal fue su esplendor que todavía hoy, 1.700 años más tarde de que los ejércitos del emperador Aureliano la borrasen del mapa, conforma uno de los grandes conjuntos arqueológicos del planeta. Palmira fue una ciudad de esplendor comercial, un enclave central en la ruta de la seda y una urbe autosuficiente y sostenible.

“Las sociedades antiguas se veían obligadas a funcionar de forma circular en muchos sentidos”, explica Rubina Raja, directora del Centre of Excellence for Urban Network Evolutions de la Universidad de Aarhus, que lidera el proyecto internacional ‘Circular economy and urban sustainability in Antiquity’. Sus trabajos en Palmira no dejan lugar a la duda.

La ciudad, ubicada en medio del desierto, dependía casi en exclusiva del comercio de caravanas. Los recursos eran escasos y su valor, elevado, por lo que la reutilización y el reciclaje estaban a la orden del día. Al igual que en las urbes bizantinas, en Palmira el reciclaje del cristal a partir de recipientes rotos era habitual. Y los arqueólogos de la Universidad de Aarhus encontraron pruebas concluyentes de que los pavimentos de las calles estaban compuestos por restos de cerámica e, incluso, de huesos.

El proyecto de estudio todavía está en marcha y seguirá el rastro de la economía circular a través de otras ciudades de la antigüedad. Cada vez se está más seguro de que los modelos productivos fueron circulares en el pasado. La necesidad y el valor de los recursos impulsó la eficiencia productiva, la reutilización, el reciclaje y la minimización de desechos mucho antes de lo que se cree.

Escrito por Juan Samaniego el 27 de Agosto de 2020

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