Publicada el 8 de Julio de 2021

Hay caminos nuevos, que llevan a territorios inexplorados. Y hay otros tan antiguos que su origen se pierde en la historia. Algunos son tan importantes que cambian de nombres y de trazados a lo largo de los siglos, pero siguen cumpliendo sus funciones: conectar, comunicar y hacer posible el desarrollo.

En Estados Unidos, por ejemplo, los vaqueros y las caravanas marcaron la ruta de lo que hoy son algunas de las grandes autovías del país. Y en la península Ibérica hay un camino de piedra y metales preciosos que lleva milenios conectando el sur y el norte, viendo pasar una civilización detrás de otra, sobreviviendo a los inventos que cada una traía. Esta es la historia de la Vía de la Plata.

Un camino de oro y estaño

Aunque haya llegado a nuestros días como Vía de la Plata, lo cierto es que no existe constancia de que esta ruta, que en origen conectaba el sur de la península con los montes de León, sirviese alguna vez para el comercio argénteo. Sin embargo, los metales sí juegan un papel importante en su historia.

Aunque probablemente su origen esté en caminos aún más antiguos, es durante la civilización de los Tartessos, en el territorio que forman hoy las provincias españolas de Huelva, Sevilla y Cádiz y el sur de Portugal, que la Vía de la Plata empieza a ganar relevancia. Durante el milenio antes de Cristo, aquellos caminos se convirtieron en una creciente ruta para comerciar con estaño y con ganado.

Ya con el Imperio Romano, la Vía de la Plata se transforma en carretera pavimentada a partir del siglo II antes de Cristo. A medida que la conquista de la península avanzaba hacia el norte, también crecía la calzada Iter ab Emerita Asturicam o el camino desde Emerita Augusta, la actual Mérida y entonces capital de la provincia de Lusitania. Aquella calzada terminaba en Asturica Augusta, hoy Astorga, cerca de donde el Imperio tenía uno de sus mayores complejos de extracción de oro, y conectaba ciudades como las actuales Salamanca o Cáceres.

Vestigios de la calzada romana a su paso por Puerto de Béjar, Salamanca Vestigios de la calzada romana a su paso por Puerto de Béjar, Salamanca. | Wikimedia Commons/Raimon puerto

Ni rastro de la plata por el momento. Y, aun así, el camino llegó a nuestros días como referencia de este metal precioso. La teoría más aceptada sobre la etimología de la Vía de la Plata tiene que ver con la siguiente gran civilización que se asentó en la península Ibérica: la musulmana. Durante los ocho siglos del Al-Ándalus, es de suponer que la calzada romana, al igual que muchas otras, era utilizada para el comercio y las comunicaciones.

Así, del árabe al-balāt, que significa losa, pavimento de piedra, camino o calzada y que está muy presente en la toponimia española y portuguesa, derivaría la actual referencia a la plata. Aun así, no es hasta principios del siglo XVI, en una carta de Cristóbal Colón y en un estudio de Antonio de Nebrija, que se relaciona la antigua vía romana con la plata.

Una vía de asfalto de trazado milenario

A medida que el poder de los reyes cristianos se asentaba en la península y el dominio musulmán se iba debilitando, la Vía de la Plata se convirtió en un eje que vertebraba una nueva realidad. La antigua calzada se convertía así en uno de los muchos caminos de peregrinación a Santiago de Compostela, un uso que conserva hoy en día.

Los grandes caminos perduran en el tiempo; y la idoneidad de la primera ruta de los Tartessos y el trazado y el pavimentado romano se integraron para siempre en la incipiente red de comunicaciones y carreteras de España. Aun hoy, perviven en una memoria que ha tomado forma de asfalto.

Así, la carretera N-630, una de las más largas del país, que une Oviedo y Gijón en el norte con Sevilla en el sur, se inspiró en el trazado de la Vía de la Plata. Une la mayor parte de aquellos primeros núcleos urbanos que crecieron bajo el Imperio Romano y que hoy son ciudades, aunque esquiva Astorga por pocos kilómetros, antaño término de la calzada romana. Desde hace pocos años, el mismo trazado es también aprovechado, en parte, por la A-66, la segunda autovía más larga de España.

Uno tramos en construcción de la A-66, también conocida como autovía de la Plata. Uno tramos en construcción de la A-66, también conocida como autovía de la Plata.

La A-66, en cuya construcción ha participado Ferrovial, conecta Gijón y Sevilla con una vía de alta capacidad de casi 800 kilómetros de largo. Tras partir de la ciudad asturiana y rodear Oviedo, la ruta atraviesa los valles mineros y encara su único tramo de peaje, con el que cruza la cordillera Cantábrica a través del túnel del Negrón, evitando el ascenso al puerto de Pajares. Su camino sigue hacia el sur, conectando el oeste peninsular y sus principales ciudades, incluyendo la heredera de aquella Merita Augusta.

La autovía entre en Andalucía a través de la sierra de Tentudía, cruza sierra Morena y termina su recorrido en el puerto de Sevilla. En el refugio del estuario del Guadalquivir, a 70 kilómetros del Atlántico, hace también milenios que existe actividad portuaria. Por allí sí que entró plata, y mucha, procedente de América; plata que se distribuyó hacia el norte y el este a través de una incipiente red de carreteras, algunas de ellas empedradas desde hacía mucho tiempo.

Escrito por Juan Samaniego el 8 de Julio de 2021 con las etiquetas: Carreteras Corporativo Transporte de mercancías

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